de lo surreal a lo ridículo: 5 momentos de moda en el cine mexicano de terror

Algo en el vestuario de estas películas se nos ha quedado grabado.

por Rodrigo de Noriega
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02 Noviembre 2017, 9:52pm

El cine mexicano tiene una larga tradición dentro de la cultura popular: personajes que se han vuelto iconos, historias que forman parte de la memoria de cada familia. La industria en sí ha tenido altibajos, con etapas de mayor y menor producción. En cada una de estas etapas los valores estéticos cambian, se adecuan al estilo de la época, pero también evidencian el elevado o bajo presupuesto con el que las cintas se hacen. El género de terror en la industria local ha sido poco explorado, pero algo en el vestuario de estas películas se nos ha quedado grabado.

Vacaciones de terror, 1988
La primera parte de una saga protagonizada por Pedro Fernández y Gabriela Hassel cuenta la historia de una bruja cuyo espíritu posee a una muñeca y atormenta a una familia de vacaciones en una cabaña.

A pesar de su pésima calidad es de esas películas que reconocemos porque pasan cada año en la televisión abierta de México y como buena película ochentera, el look de Gabriela con copete de AquaNet y sombras nacaradas se mantiene intacto a pesar de ser víctima de una posesión demoníaca.

Alucarda, 1977
La película de los setenta sobre dos huérfanas recluidas en un convento, pasó desapercibida en un principio por la audiencia y la crítica, pero con el tiempo ha ganado estatus de culto y se ha vuelto una nunsploitation de referencia.

Los vestidos de Tina Romero, la actriz que interpreta a Alucarda, son bastante recatados, con volantes y encajes en tonos sobrios, pero de hacerse un remake hoy, seguro serían Yakampot.

Santa Sangre, 1989
Este trabajo de Alejandro Jodorowsky de 1989 es una orgía visual; una parte transcurre en un circo y otra en una secta, por lo que todos los personajes tienen elementos que los vuelven únicos.

Entre una mujer tatuada de cuerpo entero, una niña mimo, un malabarista siempre en lentejuelas y un pachuco, yo me quedo con Concha, interpretada por Blanca Guerra y la extraña relación que tiene con Fénix su hijo. Cuando su esposo la mutila, Fénix reemplaza los brazos que ha perdido, con todo y uñas largas y esmalte carmesí.

Hasta el viento tiene miedo, 1968
El uniforme de colegiala es uno de esos atuendos que se han sexualizado en infinidad de historias, animes, películas y hasta telenovelas. En la película más reconocida de Carlos Enrique Taboada, uno de los pocos realizadores mexicanos que se desarrollaron ampliamente en el género de horror, este atuendo tiene más que ver con la elegancia de Severine de Belle de Jour, que con la imagen de Lolita con la que se le asocia.

Desde la blusa con corbatín a los peinados de crepe, se logra captura por el vestuario a una generación de mujeres jóvenes en México.

El Vampiro, 1957
Esta es una de las primeras películas mexicanas que hacen uso de todos los elementos del género de terror. Es la que le da a Germán Robles uno de sus personajes más importantes, El Conde Lavud.

La pareja de vampiros que conforma junto a Carmen Montejo –él con una capa hasta el suelo y ella con velo negro–, da una cátedra de elegancia a cualquier vampiro posterior y de hecho es uno de los primeros que muestra los colmillos largos como un rasgo distintivo. La caracterización de ambos demuestra la influencia que tuvo el cine mexicano de la época dorada en otras capitales del mundo.

Este artículo fue publicado por i-D México.

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