Fotografía Richard Corman

emotivas fotos inéditas de un joven basquiat en su estudio

El fotógrafo Richard Corman nos cuenta cómo fue fotografiar al ahora icónico artista.

por Zio Baritaux; traducido por Eva Cañada
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16 Noviembre 2017, 7:54am

Fotografía Richard Corman

En junio de 1984, L’Uomo Vogue envió al fotógrafo Richard Corman a retratar a Jean-Michel Basquiat en su estudio de Great Jones Street. Corman ya estaba acostumbrado a las celebridades ―había trabajado como aprendiz para Richard Avedon y había fotografiado a gente de la talla de Madonna y Keith Haring— pero aun así se quedó boquiabierto cuando entró en el loft del artista. “Inmediatamente me vi engullido por una ola de confusión creativa", recuerda Corman. “La habitación era un torbellino de personas, cuadros, lienzos, colores y humo. En una esquina estaba Basquiat, taciturno y casi invisible". Corman apartó a Basquiat del frenesí y le pidió que permaneciera de pie delante de un fondo liso de papel. “Se mostraba cómodo, incómodo, furioso, curioso e intenso a la vez", explica Corman. “Simplemente creó su propio espacio y su propia energía y yo me limité a seguirle”.

jean michel basquiat richard corman
Fotografía Richard Corman

Corman realizó 79 fotografías del icónico artista aquel día, la mayoría de las cuales nunca publicó ni compartió con nadie. Pero ahora en Basquiat, un catálogo diseñado y publicado por Nicholas James Groarke, de NJG, Corman ha lanzado una selección de los retratos llenos de calma y profundidad que realizó durante aquella sesión de fotos.

Limitado a una edición de tan solo 20 ejemplares, el catálogo incluye 12 impresiones creadas por el maestro de la impresión Ruedi Hofmann (nueve en gelatina de plata y tres impresiones con pigmento perdurable). Todas están firmadas por Corman y Hofmann y se incluyen dentro de un estuche hecho a mano y una caja de plexiglás que hace las veces de marco.

A continuación, en una entrevista en exclusiva con i-D, Corman nos habla sobre sus experiencias como fotógrafo en el Nueva York de los 80, sobre su sesión de fotos con Basquiat y sobre cómo ambas cosas siguen influyendo en su trabajo hoy en día.

jean michel basquiat richard corman
Fotografía Richard Corman

“No tenía intención alguna de convertirme en fotógrafo, había planeado sacarme el título de psicólogo. Pero me tomé un año de descanso y tuve acceso a una cámara, así que empecé a fotografiarlo todo, pero sin personas, porque solo pensar que una persona se situara frente a mi cámara me aterrorizaba. Iba al Meatpacking District a las 5 de la mañana, cuando estaba saliendo el sol, y allí encontraba una luz maravillosa, la bruma neoyorquina y un paisaje urbano que resultaba realmente interesante.

Después de un año más o menos me había enamorado de la fotografía, pero me sobrecogía pensar en convertirme en fotógrafo profesional. Trabajé como asistente con un par de fotógrafos para ganar experiencia. Un día estaba haciendo una entrevista en un estudio y alguien me dijo, 'No te ajustas a lo que nosotros necesitamos, pero Avedon está buscando un asistente para su estudio. Llámale'.

Un caballero me entrevistó, me dijo que esperara un minuto y después Dick me hizo una entrevista mientras se afeitaba y se arreglaba para ir al teatro. Me contrató allí mismo. Durante seis meses limpié lavabos y fregué suelos antes de que se me permitiera entrar en el estudio y en el cuarto oscuro. Tras el debido período de prueba, viajé con él intermitentemente durante dos años mientras creaba In the American West, una de sus obras más icónicas. Dick Avedon vivía para su trabajo, para bien o para mal, y todos los días yo aprendía algo nuevo. Mi vida cambió gracias a aquella experiencia.

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Fotografía Richard Corman

En 1983 finalicé mi período de aprendizaje con Avedon. Fue entonces cuando acabé pasando una gran cantidad de tiempo en el Lower East Side, que era una zona industrial, muy gueto, donde muchos edificios tenían el aspecto de haber sufrido un ataque aéreo... Todo escombros y miseria.

Fotografié a muchos artistas jóvenes, unas veces por encargo y otras veces simplemente porque me encontraba en el lugar correcto en el momento justo. Caminaba desde la East 4th Street, donde vivía Madonna, hasta la casa de Haring en West Broadway y después hasta el estudio de Basquiat en Great Jones Street. Era una sobrecarga creativa en el mejor de los sentidos. Nueva York era y siempre será un carnaval de creatividad para mí.

En aquella época trabajaba como fotógrafo para muchas revistas italianas. Los fotógrafos norteamericanos preferían iniciar sus carreras trabajando para publicaciones europeas. Te daban 40 páginas en la revista y te pagaban unos 60 dólares (en torno a 50 euros). Básicamente rellenaban la revista con tus fotografías y por aquel entonces esa era la manera de promocionarse. De hecho era algo bastante singular.

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Fotografía Richard Corman

L’Uomo Vogue me envió a fotografiar a Jean-Michel. Intenté estar lo más preparado posible para mi sesión de fotos, pero hasta que no pisara su estudio, realmente me estaba adentrando en lo desconocido. Su espacio estaba atestado de gente, Jean-Michel atraía a las personas por todo tipo de razones. Era carismático, bello, un poco inquietante y un genio por derecho propio.

Había una energía maravillosamente loca de humo y gente y música y cuadros. Era desordenado y cool en el mejor sentido. Decidí apartarle del caos para las fotos. Para mí, eso es lo que hace que las imágenes sean tan interesantes: el foco se centra en él, en lugar de en la loca energía que le rodeaba.

Todo lo que llevaba conmigo era una cámara Rolleiflex de doble lente, un estroboscopio y un papel liso de color gris de 1,20 metros de ancho. Lo colgué, le pedí que se mantuviera de pie delante de él y empecé a hacer fotografías. Diría que se mostraba cómodo, incómodo, furioso, curioso e intenso a la vez. Simplemente creó su propio espacio y su propia energía y yo me limité a seguirle.

Colocó las manos sobre su estómago y casi parecía que le dolía, pero era un dolor que me animaba a observar, ya que resultaba evidente que era una persona muy complicada. Sus manos, sus ojos y su lenguaje corporal eran muy expresivos y revelaba muchísimas cosas mediante su luminosa presencia.

En mi caso, como el fotógrafo joven que era entonces e incluso ahora, 30 años después, siempre intento encontrar la historia de las personas detrás de sus ojos y, a su propia manera, Jean-Michel compartió eso conmigo. Fue algo mágico, a pesar de que entonces yo no sabía lo que tenía entre manos. No sabía a quién estaba fotografiando, aparte de a alguien con un alma y un espíritu únicos. Pude percibir las diversas capas y los diversos niveles que había en él. Su presencia era calmada pero aun así hipnotizante.

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Fotografía Richard Corman

Había fotografiado a Madonna en 1983, en su apartamento. Se reclinó sobre una barandilla, cuatro pisos más arriba, me miró con esos ojos de gata y supe que era alguien a tener en cuenta incluso antes de que me dijera una sola palabra. Era diferente a cualquiera que hubiera conocido antes.

Pero tuve la misma sensación cuando miré a los ojos a Basquiat. Era una onda diferente pero igualmente original. Simplemente puedes sentir el talento cuando está frente a ti. No tiene tanto que ver con la belleza física como con todo lo que encuentras tras sus ojos relacionado con tu propia historia.

Solo hice 79 fotografías, pero fue más que suficiente para capturar su esencia aquel día. No estoy diciendo para nada que estas sean las fotografías más profundas que se le hayan hecho jamás, pero creo que la desnuda sencillez de estas imágenes no interfiere en su complicada personalidad y permite que salga a la luz.

Las fotos que hice a Jean-Michel Basquiat siempre serán memorables, pero la experiencia que viví en 1984 en el número 57 de Great Jones Street continúa siendo una influencia”.

El catálogo Basquiat está disponible aquí . Para saber más sobre Richard Corman, síguele en Instagram y Twitter.

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