seis películas que cambiaron el mundo en que vivimos

Desde el activismo a favor de los derechos de los animales hasta la abolición de leyes anti LGBT, estos largometrajes desempeñaron un papel clave a la hora de definir el modo en que vivimos hoy.

por Douglas Greenwood; traducido por Eva Cañada
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30 enero 2018, 9:57am

Tanto si nos sentimos conmovidos por su maestría artística como si nos vemos afectados por su mensaje, no hay duda de que las películas pueden dejar un legado que dura mucho más que su proyección. Pueden crear movimientos, movilizar a las personas para que luchen por algo mejor, o iluminarles sobre un tema que de otro modo quizá jamás habrían descubierto.

Rara vez cuestionamos lo que nos dice el cine y, aunque ese merecimiento de nuestra confianza es un brillante beneficio para las películas que predican la bondad, también puede provocar violentos niveles de perjuicio. En tiempos pasados se abusó de esa inmediatez, con la maliciosa propaganda nazi durante la Segunda Guerra Mundial o la adoración por parte de la crítica hacia la problemática película épica a favor del KKK The Birth of a Nation, allá por 1915, una película que se las arregló para abrirse paso hasta ser proyectada en la Casa Blanca y que provocó un abominable incremento del número de miembros del KKK poco después.

Pero hay ―y siempre habrá― directores que se sienten impelidos a contar historias con un propósito. Ya estén diseñadas para mostrarnos cómo tratar con dignidad a los animales que habitan la Tierra, o para enseñarnos con qué crueldad solía tratar la sociedad a la comunidad queer, aquí te mostramos seis de las películas que desempeñaron un papel clave a la hora de dar forma al mundo en que vivimos actualmente.

Blackfish ayudó a crear toda una nueva generación de activistas "contra el cautiverio"
Pocas películas en los últimos diez años han tenido un impacto generado por las redes sociales como Blackfish. Siendo ya un éxito en los festivales de cine, el controvertido documental filmado por Gabriela Cowperthawaite en 2013 acerca del modo en que maltratamos a las orcas en cautividad recibió un nuevo soplo de vida cuando las redes sociales supieron de ella. Su programación en horario de máxima audiencia en la CNN en Estados Unidos introdujo la historia de Tilikum ―una orca propiedad de SeaWorld que mató a tres de sus entrenadores e hirió a muchos otros mientras vivía encarcelada en parques marinos de toda Norteamérica― en los hogares de más de 20 millones de personas.

Impactados por la descripción que ofrecía Gabriela de cómo se trataba a esas criaturas tras las rejas del parque, toda una generación desesperada por acabar con el entretenimiento basado en mirar boquiabiertos a los animales a través de un grueso vidrio encontró en la historia de Tilikum una llamada a la acción. Impulsado por los tuits, las peticiones online y los vídeos compartidos en Facebook, el fundamento racional tras Blackfish no tardó en ser de dominio público y las compañías responsables notaron los efectos: la venta de entradas para SeaWorld se desplomó ese año, el parque eliminó progresivamente su programa de cría de ballenas asesinas y anunció que finalizaría sus famosos espectáculos en directo con Shamu. No está mal para un documental independiente, ¿verdad?

No matarás influyó en los responsables de dictaminar las leyes sobre la pena de muerte
No es la película de arte y ensayo más alegre del mundo, pero No matarás, de Krzysztof Kieślowski, tuvo un impacto monumental en el modo en que los responsables de dictaminar las leyes en Polonia ―y más tarde en el extranjero―comprendían las implicaciones morales del "ojo por ojo". La película, estrenada en 1988, nos lleva hasta la mugrienta Varsovia de la época posterior a la Guerra Fría, donde un joven perdido es detenido, sometido a juicio y ejecutado por asesinar a un taxista. De forma inteligente, coloca la brutalidad del deseo de asesinar de un hombre junto a la cruel forma en que el Estado le obliga a pagar por su crimen, preguntando indirectamente al espectador: ¿es justa alguna de estas dos acciones?

Siendo un controvertido éxito en el Festival de Cine de Cannes aquel año, la película marcó el capítulo final de la vinculación de Polonia con la pena de muerte, que fue abolida poco después de su estreno. Y no solo eso, sino que la visceral escena final del film ―que nos muestra suficiente como para que nos persiga en nuestros sueños, pero no demasiado―, estuvo presente en una conversación en las Naciones Unidas sobre el mismo tema, demostrando que las películas de ficción también pueden influir en las mentes que provocan el cambio.

Imitación a la vida enseñó a los espectadores a defender la representación de las personas de color en la pantalla
En la difícil situación política de la década de 1930, con el movimiento por los derechos civiles en su punto más álgido, era raro ver que la alineación de directores de Hollywood, compuesta en su mayoría por hombres blancos, arrojara luz sobre las historias de la gente de color. Durante mucho tiempo, la comunidad había sido contratada para interpretar a salvajes o a personajes secundarios ―esclavos y sirvientes― sin finalidad ni representación algunas en la narrativa de las películas. El film de 1934 Imitación a la vida se dispuso a cambiar eso. Narrando la historia de dos madres solteras ―una de ellas una rica viuda blanca y la otra su leal sirvienta negra―, la película de John M. Stahl sobre la amistad entre dos mujeres que se apoyan la una a la otra a través de la adversidad fue absolutamente única cuando se estrenó.

Brindó al personaje de Delilah, interpretado por Louise Beavers, una historia propia, ilustrando la lucha social de la gente de color de un modo que era real pero que los directores, hasta ese momento, habían sido incapaces de representar. La interpretación de Beavers fue arrolladora y le valió grandes halagos por parte de la crítica, pero cuando la película obtuvo tres nominaciones a los Oscar y ella fue ignorada, la gente supo qué estaba sucediendo. En una campaña similar a la de #OscarsSoWhite, adelantada 80 años a su tiempo, un periodista de la revista California Graphic Magazine señaló, simple y claramente: "la Academia no podía reconocer a la Señora Beavers [porque] es negra".

Super Size Me nos obligó a cambiar nuestra dieta
Morgan Spurlock es uno de esos documentalistas que renuncian al brillo artístico y anteponen la creación de un jugoso (perdón por el juego de palabras) ejercicio de periodismo. Su documental de 2004 sobre McDonald's Super Size Me, en el que pasó 30 días comiendo menús de comida rápida extra grandes para desayunar, comer y cenar a fin de demostrar lo terrible que es para nosotros, se ha convertido en material fijo de visionado en las aulas de los colegios norteamericanos desde entonces. Parte pieza sensacionalista para sembrar el terror, parte aleccionador documental sobre cómo la pereza puede matarnos, puso la lucrativa y multimillonaria industria de la comida rápida patas arriba.

Después del estreno del film, McDonald’s eliminó la opción de elegir un menú extra grande y provocó numerosos flashbacks repulsivos en la mente de cada espectador que pudiera haberse sentido tentado de comer una hamburguesa después del cine. Tanto si el "experimento" del documental reflejaba la realidad como si no ―seamos realistas, ¿quién se comería tantas hamburguesas todos los días y ni siquiera trataría de hacer ejercicio?― el film desempeñó un importante papel a la hora de obligar a millones de personas (y a los mismos establecimientos de comida rápida) a limpiar su imagen, por eso tu McDonald's más cercano tiene ahora lechugas y tomates pintados en las paredes.

Víctima cambió la empatía de los británicos hacia la comunidad gay
Dado que ser gay era ilegal por aquel entonces, la presencia de personajes LGBTQ+ en las películas era prácticamente inexistente en 1961. Víctima ayudó a cambiar eso. En una era de demonización de la comunidad queer por parte de los tabloides, narraba con seguridad y confianza la historia de un abogado que oculta al mundo su condición de queer pero que arriesga su prestigiosa posición luchando por hacer justicia en nombre de un antiguo amante que se quitó la vida cuando se descubrió que era gay y le encarcelaron por ello. Llevó a los espectadores hasta el corazón de aquel tumultuoso mundo y representó a un personaje gay bajo una luz comprensiva y empática. Actualmente se recuerda esta película por haber desempeñado un importantísimo papel a la hora de hacer que algunos políticos se replantearan sus intolerantes opiniones sobre los hombres y las mujeres queer.

El film se estrenó en televisión en medio de un debate sobre si debía aprobarse la Ley Sobre Delitos Sexuales de 1967, que legalizaría la homosexualidad. Los cines se llenaban una y otra vez tras sus controvertidos comienzos (la BBFC trató de prohibirla, después de todo). Y el político Tory Lord Allen escribió una carta al protagonista de la película, Dirk Bogarde, en la que reveló que, después de que muchos de sus miembros vieran el film, la opinión del parlamento había incrementado desde un 48 a un 63 por ciento a favor de legalizar la homosexualidad, demostrando que un devastador reflejo de la realidad podía influir en los hombres y las mujeres más estoicos del país.

Rebelde sin causa ―y James Dean― brindaron una identidad a los adolescentes
Los inicios de la década de 1930 vieron cómo los jóvenes adolescentes se libraban de las garras de sus padres y empezaban a experimentar, toda una era definida por jóvenes al final de su adolescencia que fumaban cigarrillos y eran sexualmente activos. Fue una etapa para la adolescencia tan formidable que provocó la creación del término inglés " teenager" (adolescente), pero el cine tardó un poco en ponerse a la altura. Los medios de mitad del siglo XX no estaban muy seguros de cómo presentar las vidas de estas personas jóvenes de clase media en el cine, quizá a riesgo de aprobar el tipo de comportamiento por el que se estaban haciendo famosos. Pero Rebelde sin causa, el clásico de James Dean de 1955 sobre un grupo de adolescentes que han perdido el norte, supuso la primera vez que los miembros de este rango de edad tenían un ídolo en la pantalla con el que poder identificarse.

Se trata de una película sobre la despreocupación y la ingenuidad, sobre las relaciones y sobre la rebelión, y el modo en que mostraba a los jóvenes que podían labrar su propio camino en la vida sigue manteniendo similitudes con los adolescentes desfavorecidos de la actualidad. Rebelde terminó reforzando el estatus de ídolo de James Dean y sigue siendo considerada como su obra más potente hasta la fecha. Antes de que el film llegara a los cines, el actor falleció trágicamente en un accidente automovilístico a la edad de 24 años. Como si hubiera sido cosa del destino, en un breve instante toda una generación ganó y perdió un héroe de la pantalla.