vestoj: la revista de moda más crítica del mundo

La propuesta de Anja Aronowsky nace con la intención de romper con los límites de la industria editorial de moda.

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30 marzo 2016, 8:25am

Imagen vía @1granary

Vestoj significa "ropa" en esperanto. La elección de semejante palabro como denominación del proyecto que Anja Aronowsky (editora y redactora jefe) nos presenta bajo estas líneas no tiene ni pizca de arbitraria. 

De la misma forma que aquél, en un alarde de su vocación universal, pretendía unificar el entendimiento entre personas de cultura y credos diferentes a través de una lengua común, Vestoj nace con la pretensión de integrar, a través de un discurso crítico e inclusivo, diferentes doctrinas artísticas alrededor de la moda. 

Un enfoque más que ambicioso en el que interdisciplinariedad y academicismo se dan la mano para desembocar en el que hoy es uno de los proyectos más eruditos de la escena de la moda. En la era de la imagen, el instante, el ego, lo sintético y el código binario, Vestoj da la réplica a los lugares comunes de las revistas de moda apostando sin tapujos por la reflexión abisal, long-form e interfaz austera mediante

Ni streetstyle, ni fiestas exclusivas, ni artículos proporcionados directamente por los anunciantes: aquí solo hay lugar para la palabra y el análisis. Una reivindicación por todo lo alto de la creatividad (ajena) y el intelecto (propio) tras la que se encuentra la prestigiosa escuela Central Saint Martins, un oasis en el desierto de la saturación devoradora del fast fashion y sus secuaces editoriales.

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Imagen vía @studioblanco.it

¿Cómo decidiste fundar Vestoj?
Lancé el proyecto en 2009, básicamente como salida a la frustración que sentía. Tenía la impresión (y la sigo teniendo) de que las revistas de moda se centran demasiado en producir imágenes y editoriales de calidad, en detrimento de la profundidad y el bagaje documental de los artículos. 

Mi intención con Vestoj era, pues, habilitar una plataforma para el pensamiento crítico en materia de moda, creando además un diálogo independiente entre sus diferentes voces y poniendo en contacto a estudiantes y profesionales. 

Hoy por hoy contamos con un ensayo anual temático, una web con artículos diversos yperformances o eventos que tienen a la moda como punto de partida para una reflexión social más amplia. 

A veces la moda es más divertida, otras más emocional, y otras requiere un acercamiento más intelectual; pero en última instancia Vestoj está evolucionando hacia un enfoque más holístico —en el que la gente de este negocio comprenda la importancia de la investigación y la crítica— y con el que los alumnos aprecien los beneficios de trabajar de manera asidua con la industria que produce sus objetos de estudio.

Imagen vía @heritagemode

Este enfoque choca con uno de los ¿prejuicios? más extendidos cuando hablamos de moda: su supuesta superficialidad. ¿De dónde crees que parte este atributo? ¿De qué forma se puede luchar contra esta impresión general?
La moda padece complejo de inferioridad: quienes trabajamos en ella hemos aceptado que está en el ultimo peldaño de la jerarquía artística. Por este motivo, la mayor parte de las revistas que abordan esta materia parecen sentir la necesidad de incluir contenidos de otras disciplinas creativas (artes plásticas, arquitectura, cine, música...). Todo ello para que las tomen en serio, dando un giro hacia el nicho "estilo de vida" en lugar de profundizar en sus usos y particularidades. Mi intención con Vestoj era plantear un espacio para esto último.

Esa independencia que antes mencionabas es la causa de que Vestoj haya renunciado abiertamente a la publicidad. Siendo ésta la principal fuente de ingresos de los medios de comunicación, ¿cómo puede este proyecto resultar sostenible?
Mi impulso principal al fundar Vestoj fue, precisamente, un deseo de rebelión frente al sometimiento financiero que las revistas de moda padecen respecto de sus anunciantes. La inmensa mayoría de ellas están confabuladas con las grandes firmas, lo que quiere decir que su principal razón de ser es ayudarlas a vender más. Eso las priva de abordar libremente los temas más controvertidos de la industria en general —o de una marca en particular— y ese es parte del espacio que Vestoj está ocupando. 

No nos centramos en el consumo de moda, sino en articular un discurso acerca de los que vestimos, conjugando la historia de la moda con sus contextos sociológico y antropológico y analizando al mismo tiempo el estado de la industria contemporánea. Para todo ello necesitamos, obviamente, fuentes de financiación diferentes a las convencionales. Nuestro principal mecenas es elLondon College of Fashion, en el que actualmente realizo un doctorado. 

Este trasfondo académico, unido a la estrecha relación con la industria que he ido atesorando con los años, es la base del espíritu de Vestoj: estar al mismo tiempo dentro y fuera, en lo académico y en lo pragmático. Me gusta pensar que cada parte de Vestoj es un reflejo del pensamiento y la práctica en torno a la moda hoy en día, así como de su contribución a la sociedad.

Imagen vía @mmmchae

¿Qué es lo más gratificante de tu trabajo?
Creo que lo que más me importa, en lo personal y lo profesional, es la toma de conciencia. La vida sin reflexión no merece la pena. Me fascina cómo y cuándo entrevisto o hablo con alguien de la industria. Muchas veces la persona en cuestión tienen una gran capacidad de análisis sobre lo que ocurre a su alrededor, pero son incapaces de valorar su propio rol en un sistema en el que detectan graves carencias. 

Para mí, esto puede ser tremendamente frustrante. Incluso hay críticos que enarbolan un discurso acerca de lo desesperante de su profesión, sin percatarse de cómo ellos mismos contribuyen al status quo. Siempre animo a los estudiantes a calibrar cuáles quieren que sean sus valores y a ser transparentes, con ellos mismos y con los demás. No es pecado sentirse atraído por el glamour, ni tener éxito comercial o esforzarse por tener un nombre, pero hay que ser honesto con ello y ser consciente de lo que se deja en el proceso. 

Lo mismo ocurre si quieres vivir siendo independiente. Cada elección tiene sus consecuencias y es nuestra responsabilidad conocerlas para no vivirlas con amargura cuando lleguen. No quiero soltar un sermón, pero cualquiera que desee intentar dedicarse al mundo de la moda debería plantearse dos cosas: qué quiere darle a (o llevarse de) la industria y de qué tipo de industria desea formar parte.

Imagen vía @tenoversix

La respuesta parece obvia, pero ¿qué lugar has elegido tú en el mundo de la moda?
Sea cual sea el camino que tomes, éste conllevará determinados sacrificios. Si te decantas por el mainstream para tener éxito en sentido convencional, implícitamente estás renunciando a ser crítico con ese sistema, porque la crítica te relega al ostracismo. Lo cual tiene todo el sentido del mundo: ¿por qué iba una estructura de poder motivar a quienes la cuestionan? 

La otra opción —la independencia— te da la libertad de decir lo que piensas, pero implica renunciar a los privilegios y el reconocimiento de los primeros. Por otro lado, si te mantienes demasiado al margen, es probable que tu discurso no llegue a aquellos que sí pueden cambiar el sistema. En otras palabras: estás predicando para aquellos que ya han sido convertidos, lo cual es limitarse. 

Estos son los aspectos que tengo en cuenta en mi trabajo. Quiero que Vestoj sea un escaparate para el pensamiento analítico y crítico, pero no quiero alienarme por completo con la gente de la industria. Prefiero gritar desde dentro a señalar con el dedo desde fuera.

vestoj.com 

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Texto Carmen Cocina