Fotografía Ann Ray 

un inmenso archivo de fotos de alexander mcqueen por fin sale a la luz

La fotógrafa Ann Ray pasó 13 años capturando los preparativos, los desfiles y los escasos momentos de calma de Lee.

por Sarah Moroz; traducido por Laura Castro
|
09 Julio 2018, 8:42pm

Fotografía Ann Ray 

La fotógrafa francesa Ann Ray conoció al diseñador británico Alexander McQueen en 1996, después de haber sido nombrado Director Artístico de Givenchy. Desde 1998 y hasta su muerte en 2010, 13 años en total, lo fotografió en el taller mientras creaba sus diseños y antes de cada pasarela, tanto en Givenchy como para su propia marca. Los dos compartían un amor por las películas de Kubrick, y Richard Avedon e Irving Penn eran referencias fotográficas obligadas para ellos. El catálogo de Ray de cerca de 40,000 fotografías es completamente analógico. Algunas fotos incluso involucran técnicas del siglo XIX y de principios del siglo XX, como la de la goma bicromatada que produce resultados increíbles.

Para The Unlimited Lee McQueen, en exhibición durante el festival anual de fotografía Rencontres d’Arles al sur de Francia, Ray usó formatos grandes y pequeños para examinar aspectos de la prolífica producción del diseñador, desde su exquisita destreza artística hasta sus dramáticos leitmotifs de pájaros y ángeles. Si McQueen fue un visionario, la perspectiva de Ray fue el medio para hacer una crónica de esa visión. Sentada en un café de París, nos habló acerca de la superposición geográfica, el duelo y, sobre todo, la celebración de la creatividad.

¿Cómo llegaste a la fotografía? ¿Provienes de un entorno creativo?
No tengo antecedentes creativos: mi madre crió a cuatro hijos y mi padre era capitán de la marina mercante. ¡Un trabajo muy romántico! Tenía historias fascinantes de sus viajes por todo el mundo. Realicé estudios académicos en lo que se conoce en francés como Les grandes écoles [prestigiadas y exclusivas escuelas de educación superior]. Empecé en la fotografía hace casi 20 años, justo antes de conocer a Lee, en 1995. Siempre tuve muchos amigos artistas, y comencé a trabajar para la ópera de París en 2003. Todavía lo hago, cubriendo todo tipo de eventos: retratos, ensayos, carteles. También empecé a trabajar para la ópera del Metropolitan de Nueva York en 2007. Me encantan los trabajos a largo plazo.

¿Cómo os conocísteis?
Nuestras vidas habían estado muy sincronizadas. Conocí a Lee cuando yo vivía en Japón; en abril de 1997 Givenchy lo envió a Tokio, por algún motivo, durante tres o cuatro semanas. Nos hicimos íntimos en muy poco tiempo. Le hice fotos en Tokio simplemente caminando por la calle —esas no están en la exhibición— y mirando kimonos. Fue realmente divertido. Todavía era muy joven... era el bebé Lee.

En el verano de 1997, me mudé a Londres porque mi esposo consiguió un trabajo allí. Lee me pidió que trabajara en su universo, y nos veíamos cada semana, tal vez cada dos semanas. Luego me mudé a París. Fue entonces cuando dejó Givenchy y comenzó a trabajar en su propia marca en París.

Nunca hablamos mucho, pero estábamos muy conectados. Él siempre fue muy amable conmigo. Sabía que podía confiar en mí. Hicimos algunas sesiones de retrato. Después de diez fotos, decía: '¿Ya terminaste?'. No se gustaba a él mismo. Decía '¿Qué puedo hacer con esta cara? Hazme hermoso'. Se sentía incómodo, era tímido y reservado. Pero aparte de eso, desafiaba a todo el mundo. Eso era muy agradable. El backstage es una pesadilla para los fotógrafos. Es un contraste fuerte y oscuro, lleno de gente, con cosas por todos lados. Yo decía 'Tengo un poco de luz, ¿puedes pararte aquí por dos segundos?'. Y él se reía y decía 'No, atrápame si puedes'.

Tu archivo es muy vasto: ¿cuál es el proceso para hacer una selección de fotos?
Probablemente son cerca de 40,000 imágenes, que es realmente una locura. Es archivos físico: son cajas, negativos cuidadosamente conservados. No los he digitalizado, ése es un trabajo de tiempo completo, y yo soy la única que manipula los archivos. ¡Es imposible lidiar con 40,000 fotos! Algunas las conozco de memoria, pero siempre puedes descubrir otra que se haya quedado en un rincón; puede estremecerte. Tengo algunas imágenes que son muy atmosféricas o poéticas, atemporales. Cuando pienso en la foto de Erin [O'Connor] usando un par de alas de madera y caminando por las calles de Londres, recuerdo haberlo visto salir de la hoja de contacto. A Lee le encantaba esa foto; a Erin también le encanta. Algunas imágenes se vuelven icónicas de inmediato, y eso no cambia. Algunas son más una especie de reportaje: Lee trabajando, riéndose con sus amigos. Es toda una cobertura. Por extraño que parezca, los atuendos eran importantes, pero no lo eran todo. Yo veía al hombre mucho más que al diseñador de modas. Lo veía simplemente como a un artista expresándose. La moda es sólo un medio, y eso era muy evidente.

Hay casi 170 imágenes en la exhibición. ¿Cómo redujiste la selección a ese número?
Fui radical y dije: primero voy a hacer la selección, ignorando los atuendos. ¡Porque de todos modos estarán presentes! Lo que realmente quería transmitir era la esencia de su trabajo, tal como yo lo veía. Podía tratarse de un retrato, un detalle, una mujer con una de sus creaciones. Le expresaba a las modelos cuál era el concepto, el lenguaje corporal, los gestos. Era muy preciso. Podías hacer la sesión de fotos más extraordinaria con sus creaciones, pero yo quería estar con un creador creando al momento de la creación. En el génesis. La exposición se centra en eso, y en el hombre, por supuesto. Su peso cambió, su corte de pelo, su estilo. Como toda persona creativa en el mundo, tenía inseguridades, fragilidades, pero era ferozmente fuerte. Cambias tu apariencia, no es una máscara, pero es algo cercano a una máscara. Por eso pensé que era importante mostrar eso. La verdadera pregunta ahora, cuando estamos haciendo algo, es: “¿A Lee le gustaría?”. Es difícil responder, hablar en su nombre, pero te esmeras.

Capturaste una era específica de creación, y también una era con una relación totalmente diferente con la creación de imágenes y el acceso a todo ello.
Hay algo muy importante en la vida, que es el tiempo. En un desfile de moda: esperas. Las mujeres esperan mientras les arreglan el cabello, les hacen los últimos ajustes. Hay prisa, pero también muchos momentos intermedios. Como fotógrafo, puedes observar algo muy frágil y bello. Es algo que se desvanece: un pensamiento que pasa por el rostro de alguien, inadvertidamente. Recientemente estuve en el detrás de escena en un desfile: todos miraban su teléfono. Pensé: Wow. Estos momentos internos atrapados en la atmósfera frenética, ya se han ido. Creo que los teléfonos celulares son una maldición para la humanidad.

¿Entonces has trabajado en la moda tras bambalinas, aparte de con McQueen?
Fui a Schiaparelli. Me encanta la historia de Elsa Schiaparelli: cuando piensas en todos los artistas con los que colaboró, es una locura. Cocteau, Picasso, Dali. ¡Qué vida! Creo que la casa es fascinante. La plaza Vendôme es algo realmente fuera de este mundo. El Director Creativo Bertrand Guyon es un amigo cercano de los años en Givenchy. Estuve ahí para el último show de Alta Costura, en enero. Ahí es donde vi todos esos iPhones. Le resta un poco de magia. Todos estaban juntos, pero ahora es todo muy individual: le estoy enviando un mensaje de texto a mi novio. Estoy revisando mi correo electrónico para mi próximo trabajo. No estoy en el momento; sólo estoy aquí. ¡Relájense!

¿Cómo ha cambiado tu relación con el archivo a lo largo del tiempo?
Hice un primer libro en 2012. Era muy crudo. Tuve tanto una relación artística como una relación personal con Lee, así que tengo que manejar ambas. Cuando hice el primer libro, fue como un grito lleno de dolor, con el deseo de rendir homenaje a mi amigo. El libro fue cronológico: un desfile tras otro, no fue algo realmente analítico porque no estaba preparada para hacer eso. Hay que controlar el dolor. Es difícil pasar por ese proceso; con el tiempo, aprendes a manejarlo. Normalmente, sólo miras las fotos ocasionalmente, mientras que yo las he visto 15 horas al día, todos los días desde septiembre. He estado viendo el rostro del hombre que fue mi amigo y que se suicidó. Así que estoy feliz de que haya terminado. No me estoy quejando; es un privilegio, pero es muy difícil.

Todo esto se trata de cosas que ya terminaron, sobre el Londres de finales de los 90. Fue una era. Es una especie de cierre. La leyenda alrededor de Lee es la tristeza, el dolor, la magia. Y todo eso es verdad, pero realmente fue una revolución. Nos divertimos mucho; fue una época feliz. El final es trágico, por supuesto. Pero la historia es absolutamente brillante y vibrante.

The Unfinished — Lee McQueen se exhibirá en el festival de fotografía Rencontres d'Arles hasta el 23 de septiembre de 2018.

Este artículo apareció originalmente en i-D US.

Tagged:
Alexander McQueen
Fotografia
Cultură
rencontres d'arles
ann ray
lee mcqueen the unfinished