Foto cortesía de A24.

'midsommar' es aterradora porque es una metáfora de la vida política actual

Ari Aster cambia los sustos en la noche por un temor invisible pero siempre presente.

por Samuel Allan
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02 Julio 2019, 9:47am

Foto cortesía de A24.

Midsommar, la nueva película de Ari Aster, en realidad no da miedo. Es más bien desgarradora y, en última instancia, una tortura, pero las personas que buscan saltar del sofá del susto se quedarán decepcionadas. Esto es intencional. La película deja a un lado las clásicas cosas que aparecen de noche para asustarnos por una sensación de temor gradual y permanente, acumulando el trauma emocional devastador de Hereditary. Los primeros diez minutos son un trampolín que presenta la historia aterradora que está a punto de ocurrir.

La protagonista, Dani, interpretada por la brutal Florence Pugh, está pasando por un momento trágico en su vida. Dani viaja a Suecia con su novio Christian (Jack Reynor) y sus amigos, donde planean participar en Midsommar, un festival pastoral pagano en el campo sueco que celebra el solsticio de verano. Su relación, que ya estaba pendiendo de un hilo, ahora es un completo desastre, empeorado por la pasividad de Christian y la profunda indiferencia ante el trauma de Dani.

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Foto cortesía de A24.

Después de llegar a los remotos terrenos del festival y presentarse a los curiosos habitantes de la ciudad, Dani y su grupo permanecen atentos a las tradiciones de Midsommar, que curiosamente se vuelven cada vez más inquietantes. Mientras tanto, la película aumenta el temor al permitir que el sol de medianoche de Suecia mantenga todo la historia bajo la luz directa, evitando el tradicional recurso del género de terror de oscuridad. A medida que los visitantes no nativos comienzan a desaparecer y la verdadera naturaleza del festival se hace evidente, Aster mantiene la narrativa tensa en una realidad profundamente inquietante. El horroroso punto fuerte del festival se revela lentamente con la sensación de que nadie va a poder hacer nada para evitarlo.

Todo esto es para decir que Midsommar es un film fantástico, pues aprovecha un tipo de terror nuevo y aplastantemente relevante, uno de un miedo cada vez más presente, en el que las conexiones emocionales y la relación con el mundo se deterioran constantemente. Las apariciones fantasmales y los típicos recursos del terror moderno no se encuentran en ninguna parte. Todo lo contrario, la película infunde verdadero miedo a través de una sensación de caos lógico, que evita que los espectadores se sientan seguros sobre el bienestar de los personajes. Esto no solo es intencional, sino también deprimente.

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Foto cortesía de A24.

Los horrores del mundo real están muy presentes. Mientras observaba la crueldad ficticia en Midsommar, no podía dejar de pensar en el temor persistente de los últimos tres años. Este es el miedo que Aster aprovecha y usa como telón de fondo de la película, empujando a la subyugación de una mujer que grita en silencio pidiendo ayuda. Nos vemos obligados a ver cómo los hombres a su alrededor la tratan como si fuera menos que ellos. Ella es la única que se da cuenta de la situación, pero su trauma la mantiene atrapada en un lugar que sabe que es peligroso.

Las multitudes parecen estar abrazando el terror cuando el mundo comienza a arder; la venta de entradas para el género están repuntando de forma considerable en los últimos años. El público que va al cine se está inclinando hacia el terror como un adolescente que escucha Taylor Swift después de una ruptura. A veces sienta bien revolcarse. A veces mirar al sol es la única forma de apreciar su brillo. Otras veces eso te dejará ciego.

El clásico "Guernica" de Picasso, que pintó después del bombardeo de la ciudad vasca durante la Segunda Guerra Mundial, es una de las piezas de arte político más conocidas que se hayan hecho jamás. En él, los humanos y los animales toman una forma grotesca cuando su sufrimiento respectivo los abruma. Están atrapados en una instantánea de angustia, la actualización de los horrores de la guerra capturados en su desgarradora intimidad. Aunque no nos enfrentamos a las bombas ni a los muertos, y los afectados huyen en la noche por un movimiento conservador que nadie parece ver venir.

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Foto cortesía de A24.

Las mujeres están subyugadas con una regularidad cuya frecuencia es tan alta como para volverse normal y, a menudo, imperceptible. Este miedo forzado se captura de manera similar en Midsommar, al igual que en la obra maestra de Picasso. Sobredimensionados y ejecutados con verdadero terror y dolor, se reflejan mutuamente. El dolor forzado sobre el público desprevenido es el resultado de un gobierno que toma decisiones devastadoras y mortales para dicho público. Una prohibición del aborto es una bomba. Un presidente que viola de manera casual a las mujeres en los camerinos, es un baile alrededor del polo de mayo de Midsommar, donde se corona la última reina.

La película termina con un acto de empatía radical, una sonrisa torcida de absolución que afirma el poder de Dani por primera vez. Se sobreentiende que hay esperanza. Si el horror existencial está a la orden del día, Aster ha hecho una obra maestra que define esta era. Si los espectadores continúan apoyándose en los hábiles largometrajes de terror impulsados por metáforas de la vida política moderna, esperemos que sean tan sombríos y catárticos como el opus de Aster. Esperemos que no tengan que hacerlo.

Este artículo apareció originalmente en i-D US.