balenciaga presenta un retorcido significado de poder en la moda

Con un desfile ambientado en un set del color de la bandera de la Unión Europea y una sala de reuniones inspirada en la ONU, la colección de Demna Gvasalia encajaba perfectamente con el desconcertante panorama político de hoy.

por Osman Ahmed
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30 Septiembre 2019, 9:25pm

El set para el desfile de Balenciaga fue una sala de reuniones azul cobalto, casi con la forma exacta de la de las Naciones Unidas, y el tono de la bandera de la Unión Europea, con una banda de Mobius como pasarela que descendía en espiral por el espacio hacia un pequeño círculo. Considérela una metáfora del destino de la UE, un reflejo de un panorama político desconcertante.

Lo que lo hizo aún más profético fue que la colección de Demna Gvasalia se trataba sobre el poder: "vestirse con poder, no importa de lo que trabajes", como se podía leer en el manifiesto del de la colección. El desfile mostró un extraño elenco de personajes cinematográficos: los modelos no eran modelos, eran mayores y jóvenes: arquitectos, galeristas, estudiantes, artistas, músicos, mensajeros, ingenieros, camareros... Por lo que ese desfile de personas aparentemente indeterminadas parecía estar poniendo patas arriba ese poder. La escalofriante banda sonora dejó en el aire si estos personajes sombríos eran buenos o malos, políticos o proletariado. ¿Quién tiene el poder realmente? ¿Quién podría o debería tenerlo? Te desafiaba a pedirte que cuestionaras el orden, te desafiaba a esperar un mundo mejor.

Fue emocionante. Sobre todo cuando descubrimos que Demna había reclutado a la científica de esencias, Sissel Tolaas, para crear una atmósfera olfativa que se basaba en asociaciones con el poder. Tolaas creó cuatro olores: antiséptico, sangre, dinero y gasolina, que se lanzaron desde detrás del techo y las cortinas durante toda la presentación, transformando el espectáculo en una experiencia sensorial completa. Las prótesis en los pómulos y en los labios aludían a los cambiantes estándares de belleza, y las proporciones amplificadas de las chaquetas hacían alusión al tío Lucas de La familia Addams.

En cuanto al resto de la ropa, se trataba de uniformes. "Nuevos uniformes de moda", como dijo Demna. Había trajes de hombros anchos que olían a algo más que gasolina, hombros intimidantes que recordaban a los magnates de Dinastía. Había pijamas de seda con estampado denim (el mensaje: no todo es lo que parece) y muchos de esos vestidos de seda de cuello alto y hombros perpendiculares con los que Demna se hizo un nombre en Vetements, esta vez con estampados de lunares ochenteros y frascos de perfume, un guiño a los productos que vuelven ricas a las casas de moda. Es interesante teniendo en cuenta que en Balenciaga la mayor parte de las ventas proviene de esos retorcidos accesorios y ese calzado exagerado.

Además de todas esas siluetas extremas y trajes de villanos, pudimos ver bolsos de Hello Kitty y la nueva oferta de sneaker de Balenciaga: el 'Tyrex', un híbrido entre el atletismo y un clásico zapato de oficinista. Parte de la magia de lo que hace Demna en Balenciaga viene de cambiar con tanta maestría las nociones retorcidas de la ropa banal más informal a la más espectacular. La icónica Nadja Auermann salió con un vestido de satén negro que era casi una copia al carbón de una creación original de Cristóbal Balenciaga, Bella Hadid se deslizó en un minivestido de terciopelo con la espalda metida entre las piernas con un short de ciclista. Los vestidos de gala de lurex plateado y dorado con crinolinas (extraíbles, en caso de que te lo estés preguntando) tenían una cualidad surrealista, ligeramente extraterrestre, pues bajaban por la espiral de la UE, una sátira del absurdo de la riqueza no tan sobria, un marcado contraste con las camisetas con el logo de "b@len©i@9a". Este es un lujo moderno.

Por supuesto, hemos visto esos vestidos de gala más grandes que la vida misma en muchos otros desfiles. Se ha convertido en un truco muy efectivo para los diseñadores crear un momento atractivo para Instagram, ofrecer una muestra de un estilo de vida fantástico de alfombras rojas y la idea de poder permitirse que alguien más lo ayude físicamente a vestirse. Tal vez fueron las caras sin maquillaje, el olor a antiséptico o la habitación azul, pero los vestidos gigantes de Balenciaga parecían una realidad, no solo un sueño de pasarela. Además, consolidaron el talento de Demna para organizar un desfile que impulsase simultáneamente la moda, evocase el deseo, y realmente calase en nuestro interior.

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Créditos

Fotografía Mitchell Sams

Este artículo apareció originalmente en i-D UK.

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