la dificultad de ser artista en españa

¿Es posible para los artistas vivir de su trabajo? En i-D intentamos responder a esta pregunta con la ayuda del testimonio de varios artistas españoles.

por i-D Staff
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19 Mayo 2015, 6:10am

Fotografía Richard Burbridge

El mundo del arte es complicado. Y no sólo porque haya abstracciones difíciles de entender por el público (que también) sino por lo que supone encomendar la vida a la creación e intentar vivir de ello. Sin embargo, aunque de entrada la respuesta a la pregunta "¿Puedes vivir de tu obra?" parezca obviamente "no", hay voces discordantes entre artistas que más o menos se mueven en el mismo nivel (no tendría sentido plantearles la misma cuestión a Jeff Koons y a un artista callejero como si estuviesen en el mismo escalón).

Roberto Alegría es fotógrafo, vive en Barcelona y tiene 37 años. Su especialidad son los retratos y la fotografía deportiva y, según declara, "por suerte puedo vivir al 100% de ello. Creo que si trabajas duro y tienes buenos contactos, en la fotografía no te va faltar trabajo". Ha sido ganador de varios concursos internacionales, finalista en el International Photography Award (IPA) en 2012 y no recibe subvenciones ni becas. Sus ingresos vienen de: "un 80% fotografía de editorial, tanto online como papel. El resto es fotografía comercial para diferentes firmas del sector".

'Ibon 50-50' de Roberto Alegría

Su opinión no coincide con la de Juan Cabrer, de 32 años y residente en Mallorca, cuya especialidad es la pintura. Para él, conseguir vivir de su trabajo como artista en España es difícil: "Supongo que hay tantos casos como personas, pero en general es muy complicado. Desde luego hay países con más tradición en el consumo de cultura en general. Diría que muy poca gente lo consigue". Su trayectoria no es precisamente corta (sólo hay que ver su biografía como profesional) pero aún así, afirma que lo que intenta es "sobrevivir. Compagino trabajos esporádicos que me dejen tiempo para poder pintar y el dinero para pagar facturas y materiales".

Juan Cabrer

Una de las opciones es irse al extranjero, especialmente si se tiene la suerte de conseguir una beca o residencia que permita al artista desarrollar su obra. Es el caso de Rubén Sánchez, de 35 años, pintor de exterior e interior, que hace un par de años se fue a Dubai invitado por Tashkeel, una organización privada sin ánimo de lucro creada por la jequesa Lateefa, sobrina del actual primer ministro del emirato, Sheikh Mohammed. A la pregunta de si ahora mismo puede vivir de su trabajo como artista la respuesta es sí. "Si hago otra actividad, como diseño o ilustración, es más por placer que por necesidad. Antes tiraba mucho de diseños para marcas de skate sobre todo para pagar las facturas, pero desde que no estoy en España puedo dedicarme en pleno al arte".

'Growth' de Rubén Sánchez

El problema surge cuando aparece la idea de volver a casa: "Hay artistas muy buenos en España, pero creo que el circuito es bastante cerrado, hay pocas ayudas y como que cuesta mucho conseguir todo. Supongo que esa es la causa de la gran estampida de muchos o, por lo que veo, se trabaja más fuera de España que dentro. Tengo en mente volver pronto y vivir de esto en mi propio país: todos los dedos cruzados y tocando madera."

Entre todas estas voces discordantes se encuentra la de Javier Siquier, mallorquín de 31 años, cuyos proyectos pueden enmarcarse en el ámbito de la pintura, especialmente en su relación con la calle (que viene dada de sus inicios como escritor de graffiti que después han ido desarrollándose en su obra). Su formación es la de diseñador gráfico y actualmente trabaja como tal . "Nunca he querido dedicarme a una sola cosa", comenta para explicar su decisión de no vivir exclusivamente de su obra artística. Sí piensa que en España un artista puede vivir de su trabajo: "Hay gente que lo hace y consigue vivir más o menos dignamente" aunque matiza que: "es difícil. Más bien se trata de sobrevivir. La gente que hace cosas que no son demasiado vendibles lo consigue a base de proyectos, residencias o becas de producción".

Está claro que la precariedad o bonanza de los creadores no sólo depende de ellos mismos. Hay muchos factores influyentes: la difusión de la cultura por parte de las instituciones, las galerías de arte, la atención del comercio de arte internacional, etcétera. Y en todos ellos ha influido la crisis, de eso no hay duda. Aunque en la Asociación de Galerías de Barcelona han comentado que las opiniones en cuanto a su sector en concreto son dispares, forman parte de la Plataforma de Artes Visuales de Cataluña, creada en febrero de este mismo año y desde la que se critica la precaria situación del mundo de la cultura de la comunidad autónoma. Es decir, parece que la cosa va regular tirando a mal.

Hay un dato relevante que ya ha salido en las declaraciones anteriores y es que los artistas 'jóvenes' cada vez prescinden más de intermediarios. Véase el caso de Paula Bonet, por ejemplo. Paula es la ilustradora del momento; la que se pasó del óleo a la ilustración y es allí donde encontró el filón. Su popularidad en las redes sociales la llevó a convertirse en una de las artistas más conocidas del país, a hacer trabajos para marcas, a publicar libros y hasta a tener su propia línea de merchandising. Sus obras puede que no estén colgadas de las paredes de una galería, pero puede vivir sin problemas de su trabajo (aunque le haya costado tiempo). Su mercado no es el de los grandes coleccionistas, pero parece ser una buena alternativa en estos tiempos de cambio.

'Final de trayecto' de Paula Bonet

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Texto Carmen López
Fotografía Richard Burbridge
Estilismo Lucy Ewing
[The activist issue, nº 336, primavera de 2015]

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