descubre la otra cara de los desfiles de alexander mcqueen a la que muy pocos tenían acceso

Robert Fairer pasó diecisiete años documentando la belleza y el caos del backstage de los desfiles de Alexander McQueen. Ahora que ha convertido sus archivos en un nuevo libro, hablamos con él acerca del diseñador que supuso un antes y un después en la...

por Felix Petty
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21 Octubre 2016, 8:50am

Robert Fairer estaba estuvo allí, en 1993, en el Bluebird Garaje, cuando Alexander McQueen montó su primer desfile de moda profesional, Nihilism. Aunque el presupuesto de producción de Lee era mínimo en comparación con las producciones espectaculares que definirían su carrera (acababa de graduarse de Central Saint Martins), su talento estaba ahí para que todos los vieran. 

Los vestidos entallados, hechos de plástico para envolver comida y salpicados con pintura y barro; los abrigos de noche a medida; las camisas masculinas desabotonadas y el primer atisbo de los infames pantalones bumster, fueron una provocación y causaron intriga. Desde las siluetas exageradas hasta el comportamiento provocativo de las modelos -y un delicado equilibrio entre romance y agresión- las características que definían a McQueen estaban presentes, y Robert estuvo ahí para documentarlo.

Lo que la lente de Robert captó durante los siguientes diecisiete años podría revelar el mundo de McQueen en toda su intrincada gloria, deslumbrante esplendor y caos creativo. Robert fotografió todas las colecciones de McQueen con excepción de cinco. En la pasarela, se sentó frente a André Leon Talley o Anna Wintour, estirándose para tomar la mejor foto con su cámara de formato medio; detrás del escenario, se deslizó silenciosamente hacia el fondo para captar la energía y el poder de Lee en el trabajo.

Pero más allá de una exposición de los talentos de McQueen, las imágenes de Robert son también una ventana al mundo del periodismo de moda que casi ha desaparecido. A medida que Internet eclipsó los medios impresos, el papel de la pasarela y del fotógrafo de backstage ha cambiado. Robert Fairer fue uno de los pioneros del género, uno de los primeros en escapar del alboroto de la pasarela e ir tras bambalinas; y pocos diseñadores tenían tanto que ofrecer tras la pasarela como los desfiles de Lee. 

En la misma medida en que era el maestro del espectáculo visual, era también un maestro del detalle. Las imágenes de Robert documentan la preparación y los cuidados minuciosos que el diseñador ponía en cada prenda, dando los toques finales a los diseños antes de salir a la pasarela, perdiéndose en la complejidad de sus creaciones.

Ahora, mientras abre su archivo de imágenes de Alexander McQueen al mundo en una inmensa monografía, hablamos con Robert acerca de la relación profesional que definiría el resto de su carrera con un hombre que estaba a "años luz por delante de todos nosotros".

¿Cómo empezaste en el mundo de la fotografía y la moda?
Siempre me han gustado los mercados en la calle King's Road, donde crecí y posaba con mis amigos; eran los años 80 y todos estábamos locos por la música y la moda. Desde que tengo memoria, nunca he estado sin una cámara y, debido a que mi esposa trabajaba en la industria de la moda, fui a los desfiles de Londres y París con mucha frecuencia. Mi comienzo fue grandioso, después de haber terminado mis estudios en el London College of Printing y haber fotografiado la Semana de la Moda de neustra Graduación y las muestras de arte de unos amigos, todo comenzó realmente con Nihilism en el Bluebird Garage.

¿Hay algo en particular que te hizo desear hacer este libro ahora?
Sí. Me estoy haciendo viejo y Vanessa, mi esposa y agente, llevaba algunos años buscando alguien con quien pudiera publicar mi archivo. Finalmente, un coordinador editorial en Thames & Hudson nos respaldó y decidimos comenzar con McQueen porque es donde todo empezó para mí y, después de Savage Beauty, el momento pareció ser el correcto.

¿Cómo fue hacer la compilación? ¿Qué recuerdos inesperados te trajo? ¿Cómo fue el proceso de elegir las imágenes?
Habíamos estado trabajando en la publicación de mi archivo, pero nunca nos había parecido adecuado tocar a McQueen; Savage Beauty nos dio el valor para hacerlo. Ha sido un proyecto muy duro, lleno de altibajos; ha habido momentos genuinos donde sentí que estaba ahí de nuevo y también otros momentos de extrema tristeza y absoluta incredulidad. La selección de imágenes nunca parece ser la correcta -haces lo mejor que puedes, pero el espacio es limitado en un libro de 350 páginas con un presupuesto específico. Intenté explicar el ambiente, la escena, para que cualquier persona interesada pueda entender que era caótica, auténtica y muy especial.

¿Puedes recordar lo que pensaste la primera vez que viste la obra de Lee McQueen?
Supe que estaba viendo algo fascinante, me encantó toda la actitud que reinaba, fue genial estar cerca de esa maestría.

Debes de haber fotografiado miles de desfiles en el transcurso de tu carrera, ¿consideras que los de McQueen fueron diferentes desde el principio?
Nada logró acercarse a la atmósfera o la sensación de liberación del equipo y su dedicación a Lee. Nunca fue algo comercial; todos estaban ahí porque tenían que estar ahí y no podían estar en ningún otro sitio. Fueron diecisiete años de perfeccionar el arte de la moda.

¿Cuándo te diste cuenta de que estabas fotografiando algo que tendría un impacto tan importante en la moda (y más allá)?
En el desfile It's a Jungle Out There, en el Borough Market en 1997. Le gritaron a mi esposa y la sacaron antes del desfile. Nos colamos cuatro horas antes, escondidos debajo de unas gradas, pero nos descubrieron -fue una locura-. Yo me las arreglé para quedarme, ya que estaba certificado. Lee apenas estaba empezando en Givenchy y yo estaba detrás del escenario con Sarah Harmarnee y el joyero, todos sabíamos que no tenía límites -nada era demasiado fuerte para él- además había fuego y pasión en toda su ropa. 

¿Tienes un momento McQueen favorito?
No, sólo una sensación de pérdida porque tenía que terminar, porque el tiempo pasa muy rápido. En realidad, en mi cabeza todavía continúa…

¿Cómo fue captar los espectáculos que él creó en la pasarela?
¡Fue rápido! Al hacer fotografías de la pasarela, permanecía inmóvil en medio de un gran grupo de fotógrafos captando cada diseño. Años más tarde, me sentaba en el suelo -delante de André Leon Talley o Anna Wintour- y me aseguraba de que mi cámara no se moviese ni un ápice para poder hacer una buena toma en formato medio, asegurándome de que llegase la luz suficiente a todos los rincones. 

¿Cómo crees que se sentían las modelos al usar algunas de sus modas más extravagantes?
A las modelos les encantaba todo -se sentían orgullosas de usar cualquier cosa que él les diera-. A veces, los zapatos tenían sus complicaciones, pero en definitiva todos se veían increíbles.

¿Cómo fue fotografiar esos diseños?
¡Me gustaría hacerlo todo de nuevo! Fueron grandiosas piezas individuales que tenían una identidad, un corte perverso, siluetas con las que sólo se podría soñar.

¿Desarrollaste una cierta compenetración con Lee? ¿Cómo era detrás del escenario?
No. Siempre tuve miedo de que me echase si lo molestaba; ése era su momento más maníaco. Me veía y dejaba que me quedara, eso era suficiente. Él era el amo, yo el esclavo.

Entonces, ¿cómo era el backstage?
Nada se le comparaba, tal vez John Galliano o, en los viejos tiempos, Vivienne Westwood, cuando Kate Moss y Naomi desfilaban. 

¿Disfrutaste el ajetreo y el estrés que implicó el reto de tomar imágenes impresionantes en medio de todo eso?
Era mi vida, yo era el chico tranquilo y silencioso que nunca sacó de quicio a nadie y tenía las mejores imágenes para Vogue US.

En tu opinión, ¿qué es lo que hace que una imagen de backstage sea muy buena?
La energía, el poder y, como una vez me dijo su editor Terry Jones cuando me vio detrás del escenario, 'captar el momento'. En realidad, nadie estaba ahí por aquel entonces: Roxanne Lowit, Juergen Teller, Sean Ellis, Gavin Bond o yo estábamos de vez en cuando. Era un hermoso lienzo en blanco.

¿Cómo fue volver a ver algunas de las prendas en Savage Beauty?
Fuimos muchas veces y por fortuna el maravilloso equipo de V&A nos dejó colarnos; así que pasamos suficiente tiempo ahí como para empaparnos de nuevo de todo eso. Vanessa y yo estábamos impresionados por la proximidad con la que podías ver las prendas sobre los maniquíes. Fue fantástico. 

¿De qué forma consideras que ha cambiado la fotografía de backstage a través de los años? ¿Hay algo que sientas que ha marcado una diferencia, más allá de la tecnología?
Ya no existe. El espíritu de la época tenía que llegar a su fin; nos hemos convertido en adictos al fast fashion. Bueno, algunos de nosotros no.

¿Crees que es posible separar la creatividad de McQueen de sus problemas personales? ¿Podemos separar las imágenes del libro de la tragedia que le siguió?
Todos tenemos problemas personales y desde su muerte en 2010, tenemos un mundo mucho más tolerante. Creo que a menudo se sentía completamente abrumado y exhausto por su horario de trabajo, estaba buscando su propio espacio. La gente increíble, normalmente tiene una vida corta. Su imaginería final es un recordatorio de la lucha por la vida -si realmente la estás viendo y viviendo, se terminará-, por lo que es una metamorfosis, una transformación. Creo que si nos fijamos en su último diseño -llevado por Polina Kasina en el desfile Plato's Atlantis- él hizo el último traje para la vida, el espacio, una piel bajo el agua... Lee se concentró por completo en el cuerpo y sabía que teníamos que adaptarnos. Estaba a años luz por delante de todos nosotros. Era el hombre que sabía demasiado.

Alexander McQueen: Unseen by Robert Fairer se publica a través de Thames & Hudson.

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Texto Felix Petty
Fotografía Robert Fairer

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