la marca escandinava confeccionada por mujeres presidiarias de perú

Carcel es una marca sostenible diseñada en Copenhague y confeccionada por mujeres que están en prisión. Su fundadora, Veronica D'Souza, explica cómo esta empoderadora iniciativa ayuda a romper el ciclo de pobreza que desemboca en unas tasas tan...

por Hannah Ongley
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17 Noviembre 2016, 11:38am

Si entraste en Instagram el 24 de abril probablemente recordarás que unas cuantas personas publicaron selfies llevando la ropa del revés. El Día de la Revolución de la Moda se estableció tras el derrumbamiento de la fábrica Rana Plaza, que acabó con la vida de 1.134 personas en 2013, y el hashtag #whomademyclothes es tan solo una de las muchas iniciativas que exigen responsabilidad a la hora de confeccionar prendas de vestir. Cualquiera que lleve ropa de Carcel la próxima vez que llegue esa fecha tendrá una explicación bastante guay para quienquiera que ose gastarle la típica broma de "oye, ¿por qué te has vestido a oscuras?". Esta marca sostenible está confeccionada por mujeres encarceladas en Cuzco, Perú, que tejen lana de alpaca baby de alta calidad siguiendo los patrones creados por un equipo de moda que tiene su sede en Dinamarca. Cada una de las prendas lleva el nombre de la mujer que la ha confeccionado cosido en la parte interior. Aparte de eso, ella también recibe un sueldo decente, un poco de dignidad y la posibilidad de romper el ciclo de pobreza y de tráfico de drogas que desemboca en unas tasas tan elevadas de encarcelamientos de mujeres en todo el mundo.

La fundadora, Veronica D'Souza, tuvo la idea de crear Carcel después de visitar una prisión para mujeres en Kenia cuando estaba en pleno lanzamiento de su otra compañía, Ruby Cup, que ayuda a que las niñas africanas puedan seguir asistiendo al colegio mediante un sistema de "compra uno dona uno". Perú es tan solo el inicio para Carcel: tras alcanzar su objetivo de financiación en Kickstarter en tan solo un día, la marca espera expandirse a la India, donde planea trabajar con sedas orgánicas. Otros de sus objetivos incluyen ampliar la colección de prendas de punto en Perú con piezas como una blusa unisex. Hablamos con Veronica sobre cómo es visitar una prisión por primera vez, romper el ciclo de pobreza y crear diseños daneses de calidad desde cárceles situadas en los Andes peruanos.

¿Cómo acabaste visitando un programa de trabajo para presas en Kenia?
Estaba trabajando en Kenia para fundar otra compañía y básicamente sentía curiosidad por saber por qué se encarcela a las mujeres en África. Llamé a una prisión para mujeres y les pregunté si podía hacerles una visita. Fui allí y vi que las presas cosían y tejían cada día, pero no tenían un mercado donde vender sus productos. También estaba bastante claro que aquellas eran mujeres del pueblo y que la pobreza era el principal motivo por el que se encontraban allí. Entonces empecé a informarme acerca de qué países presentan esta conjunción entre algunos de los materiales de más alta calidad del mundo y unas elevadas tasas de encarcelamiento de mujeres debido a la pobreza. Perú produce una fantástica lana de alpaca y cuenta con tasas muy elevadas de reclusión de mujeres debido al tráfico de drogas, así que decidimos empezar en ese país.

¿Cómo fue la experiencia de visitar prisiones en Perú por primera vez? ¿En qué medida la situación era similar a la de Kenia?
Fui a Perú por primera vez en mi vida en abril de este año y visité cárceles de mujeres de todo el país. La situación era más o menos la misma que en Kenia, porque las mujeres ya tejían todos los días durante entre seis y ocho horas, pero no podían vender sus productos. La mayoría conocían la alpaca y llevaban varias generaciones trabajando con ella. Decidimos empezar en las prisiones para mujeres de Cuzco, que está situado a gran altura en los Andes, porque de ahí es de donde procede la alpaca y muchas de las mujeres ya tenían experiencia trabajando con ella.

¿Puedes contarnos un poco acerca del ciclo de pobreza y cómo se relaciona con el tráfico de drogas y las elevadas tasas de encarcelamiento de mujeres?Me impactó mucho que el tráfico de drogas fuera la causa principal [de encarcelamiento]. En torno al 60 por ciento de las mujeres que van a prisión lo hacen por ser mulas de la droga. La gente va a las aldeas y escoge chicas pobres jóvenes, bonitas y embarazadas porque para ellas es más fácil pasar por la aduana. Reciben condenas de entre 10 y 15 años por [pasar] unos pocos gramos de cocaína. La mayoría tienen hijos. Es un ciclo de pobreza. Pero también los sistemas penitenciarios fomentan mucho que se brinde oportunidades a estas mujeres. Les encantaría poder ofrecerles trabajos mejores, pero necesitan ayuda por parte del sector privado, de modo que se mostraron muy abiertos ante la idea de nuestra colaboración.

Has mencionado en Kickstarter que a continuación planeas expandirte a la India. ¿Qué podemos esperar de ese proyecto?Una de las cosas más cruciales a la hora de crear estas colecciones es que nos centremos en lugares donde haya materias primas naturales de gran calidad. Para nosotros es muy importante ser respetuosos con dichos materiales y que lo que hagamos con ellos tenga cierto sentido, por eso empezamos creando este tipo de siluetas informales pero elegantes, de cortes suaves, que combinan sencillez y audacia. Para el siguiente proyecto nos vamos a centrar en las sedas. Este material de excelente calidad aplicado de forma casual puede servir tanto para una prenda elegante como para una informal. No vamos a trabajar con las fábricas más profesionales del mundo, vamos a trabajar dentro de las cárceles para mujeres, pero los cortes sencillos y potentes ofrecen un acabado realmente bello.

Me encanta el hecho de que cada mujer cosa su nombre en el interior de la prenda. ¿Qué significa eso para ellas?Se sienten muy orgullosas de hacer algo con un significado y se muestran muy emocionadas con el hecho de que gente de todo el mundo quiera comprar ropa que están confeccionando ellas. El simple hecho de que nos preocupemos por ellas es algo importantísimo, es un gesto que les proporciona orgullo y dignidad. Por otra parte, algunas de ellas tienen familiares que no saben que están en la cárcel, de modo que en esos casos no usamos su nombre completo. La mayoría de estas mujeres tienen tres o cuatro nombres, así que usan solo los dos primeros. Para ellas es muy importante tener una identidad, pero también es importante proteger dicha identidad en determinadas ocasiones.

carcel.co

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Texto Hannah Ongley
Imágenes cortesía de Carcel

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