7 momentos en los que la serie 'L' influyó en la cultura lésbica

Desde sus terribles peinados emo hasta su sensible descripción de los problemas de un hombre transgénero, os mostramos cómo la emblemática serie sobre lesbianas y mujeres bisexuales nos ayudó a entender un poco más el universo LGBTQ.

por Sophie Wilkinson
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09 Agosto 2017, 7:51am

Este artículo fue publicado originalmente en i-D UK. 

L está a punto de regresar: Showtime ha confirmado que están preparando una nueva entrega. No solo estará disponible gran parte del reparto original para el rodaje ―lo último que oímos es que Leisha Hailey (Alice) había abierto una empresa de pelucas para mascotas―, sino que también Ilene Chaiken, su creadora, insiste en que la representación de las lesbianas en los medios necesita una buena sacudida. Recientemente dijo en una entrevista con Entertainment Weekly: "Cuando dejó de emitirse la serie en 2009, creo que mucha gente pensó, 'Vale, ahora alguien recogerá el testigo y habrá muchas más series que retraten la vida de las lesbianas'. Pero en realidad no hay nada. Tengo la sensación de que quizá deberíamos regresar".

Aunque estoy de acuerdo y estoy deseando que regrese la serie con la misma ansia con que Tonya deseaba poder dar órdenes a Dana, o con que Jenny deseaba hacer que cualquier conversación acabara girando en torno a ella, o con que Bette deseaba dejar caer alguna referencia al sánscrito, Chaiken no debería sentirse tan abatida. Porque aunque la serie L desapareció de nuestras pantallas en 2009, dio forma a la cultura lésbica moderna de muchas formas diferentes. Aquí te mostramos solo siete de esos momentos tan importantes para el lesbianismo.

1) Dana y Jenny demuestran que no todas follamos con todas
Aunque Dana desea echar el guante a Jenny nada más conocerla ("¡Carne frescaaa!"), la chispa se termina ahí mismo. Cuando se encuentran en un bar de lesbianas más adelante en la primera temporada, la pareja acaba jugueteando en el estudio de Jenny, hechas las dos una masa de codos, forcejeos y torpes toqueteos. Es probablemente la parte más extraña de la serie, si no tenemos en cuenta toda la sexta temporada. Y además de pisotear los conceptos erróneos que puedan tener las mujeres hetero más aprensivas, las lesbianas internamente homófobas y los tíos hetero cachondos que creen que a las lesbianas les gustan todas las mujeres que ven, también muestra -exactamente igual que tantas y tantas relaciones lésbicas de la vida real que ha habido y quedaron atrás- que las intenciones románticas pueden transformarse rápidamente en amistad. Y que no pasa nada si eso sucede.

2) El baile de Shane y Carmen
Puedes comprarte una camiseta en Urban Outfitters con el eslogan "Femme Vibe" y básicamente diluir una identidad que fue creada por y para las lesbianas. O también puedes aprender todo lo que necesitas saber sobre el encanto de la dicotomía lésbica entre butch y femme viendo a Sharmen (es decir, a Shane y a Carmen, para todos aquellos que no sois creyentes) flirteando y bailando juntas. Las escenas de sexo no faltaban en L y Shane, que alcanzó excesos paródicos en este campo, llegando incluso a masturbar con el dedo a tres miembros de la misma familia el día de sus bodas, no era una excepción. Pero esta escena, desafortunadamente muy breve ―gracias, Jenny― sigue cargada de intenso erotismo, intimidad y anhelo, todo ello construido sobre el juego de poder de quién va a follar con quién esta noche. Puntos extra porque la banda sonora no se debe a Bette.

3) El arte
Tanto si es Bette masturbando a Alice en la ópera, como Bette sufriendo el Síndrome de Stendhal al observar la colección de arte de su potencial benefactora Peggy Peabody, la serie está repleta de arte. ¿Y por qué no? Las referencias artísticas intelectualizaban una serie en ocasiones cargada de cosas que te hacían sentir vergüenza ajena y esculpieron un firme espacio ficticio para las lesbianas en el mundo del arte. Si eso ayudó siquiera a una lesbiana a sentirse más motivada para sentarse frente a una mesa y crear algo, entonces es algo bueno. Es algo muy bello. T

4) El gráfico
Sería una falacia sugerir que todas las lesbianas se conocen entre sí ―¡algunas ni siquiera han salido todavía del armario!―, pero en serio, el gráfico, tal y como lo gestionaba la escritora Alice Pieszecki, era lo más cercano a una manifestación física realista de las expansivas conexiones que tienen las lesbianas entre sí, o bien de una montaña de 20 toneladas de espaguetis. El gráfico se convierte mágicamente en metarreferente, saliendo de las cuatro paredes de la serie para incluir a las estrellas que la protagonizan. Por ejemplo, Tammy Lynn Michaels, que interpretó a Lacey, acosadora de Shane, salió con Melissa Etheridge, que había salido con Julie Cypher, que había salido con k.d. lang, que había salido con Leisha Hailey (¡que interpreta a Alice!), o, digamos, Guinevere Turner, que interpretaba a la malvada ex de Alice, Gabby Devaux, salió con Portia De Rossi, que en su día estuvo prometida con Francesca Gregorini, quien ―se rumorea― una vez salió con Katherine Moennig, ¡que interpreta a Shane! Con un poco de labor detectivesca y grandes cantidades de cotilleo, todas hemos sido Alice y sus amigas, recordando (con cariño) quién salió con quién en tiempos pasados.

La serie L cimentó firmemente el fenómeno de los guiños de los nombres de los clubes de lesbianas a los genitales femeninos mostrando el "Coño, Bar de Copas", una noche en la que las asistentes atraviesan una vagina gigantesca hecha de papel crepé para entrar en el local.

5) Max
Años antes de que la prensa mainstream sobre moda empezara a "celebrar" a las mujeres trans para vender más ropa y maquillaje, pudimos ver una representación de un hombre transexual en Max, anteriormente Moira. Pudimos ser testigos de sus problemas para encajar tanto en la comunidad hetero como en la comunidad lésbica, de su desagrado por su cuerpo femenino, de la repercusión de la testosterona en su comportamiento, del tratamiento especial que obtenía cuando "pasaba" por hombre y de la atracción final que sentía por otros hombres. Aunque inicialmente se trataba solo de un truco para que Jenny pudiera hacer sentir incómodas a sus amigas, las raíces del Medio Oeste y de clase trabajadora de Max proporcionaron a los guionistas la oportunidad de dar un toque al estilo de vida acomodado y lleno de aspiraciones del que habían dotado a los personajes anteriores. Y aunque puede que muchas de las líneas de guion en torno a Max sean problemáticas ―¿estuvo Kit Porter fuera de lugar al suplicar a Max que siguiera siendo mujer, para doblegar los parámetros de la definición de lo femenino?, ¿no se cebaron un poco los guionistas con Max al dejarle embarazado y solo?―, lo mismo podría decirse de la serie en general. Chaiken ahora dice: "Se nos asignó la carga de representar las experiencias de todas y cada una de las lesbianas". Y, al menos en algunos círculos, la existencia de Max inició conversaciones sobre las identidades trans mucho antes de que Caitlyn Jenner saliera del armario.

6) Coño, Bar de Copas
Los clubes de lesbianas han tenido nombres estúpidos durante años, pero sin Facebook para recordarlo todo, la historia del humor pueril de nuestras predecesoras se ha perdido. Pero la serie L cimentó firmemente el fenómeno de los guiños de los nombres de los clubes de lesbianas a los genitales femeninos mostrando el "Coño, Bar de Copas", una noche en la que las asistentes atraviesan una vagina gigantesca hecha de papel crepé para entrar en el local. Los clubes Twat Boutique (Boutique del coño), Butch Please (un guiño a la frase "bitch, please", que significa algo así como "perra, ¿estás de coña?"), Aphrodyki (mezcla de Afrodita y dyke, que significa bollera en inglés), Femmme Fraiche (otro guiño, esta vez al vocablo "crème fraîche"), Fish Fry (Pescado frito), Club Lesley (en este caso "Lesley" suena parecido a la frase "let's lay", que significa "vamos a follar"), Clam Jam (El garito de la almeja) y Pussy Palace (Palacio del coño) ―básicamente, cualquier club de lesbianas que me ha ayudado a follar― pueden dar las gracias a L por dar publicidad a una tradición tan valiosa.

7) El pelo de Shane
Lo mismo que sucedió con el "Peinado Rachel", que fue imitado por montones de mujeres heterosexuales en 1994, sucedió con el "Peinado Shane", imitado por las lesbianas una década después. E igual que ahora hasta la aldea más pequeña tiene una tienda de cigarrillos electrónicos, incluso en el más pueblerino de los bares de gais, aun a día de hoy, hay una mujer malhumorada que observa por debajo de los mechones de su entrecortada y desordenada evolución del peinado de Rod Stewart. Y aunque otros famosos peinados para bolleras que han aparecido públicamente ―como por ejemplo el lateral afeitado de Ellie Goulding o el flequillo a lo casco de Justin Bieber― finalmente fueron abandonados por sus propietarios, Kate Moenning ha mantenido su "Peinado Shane" durante todos estos años. 

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Texto Sophie Wilkinson
Traducción Eva Cañada

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