Harry Charlesworth and Charles Jeffrey

charles jeffrey loverboy y la importancia de luchar por ser tú mismo

En tan solo tres años, Charles Jeffrey y su séquito de Loverboy han conquistado la escena de la moda londinense gracias a su universo repleto de pintura y confección. Mientras Tim Walker les retrata a todos durante su desfile otoño/invierno'17, nos...

por i-D Staff
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25 Abril 2017, 8:19am

Harry Charlesworth and Charles Jeffrey

Charles Jeffrey sube por la imponente escalinata de Hertford House, la mansión de estilo georgiano que alberga la Colección Wallace. Es su lugar favorito de Londres: "Aquí siento que encajo", reflexiona, dejando atrás la magnífica balaustrada forjada con abundantes cornucopias. "Como cuando te pones unos zapatos que te encantan", continúa. Los que lleva hoy son del tipo que lleva una hebilla principesca, como algo sacado de la corte de Versailles. Es posible que algunos se sorprendan al saber que fueron las pinturas renacentistas y barrocas de este museo de Marylebone las que inspiraron las tres primeras colecciones de este diseñador de 26 años, y no los tíos cachas y los jóvenes queer de las extravagantes fiestas LOVERBOY que organiza en Stoke Newington. O quizá no. 

Con su pálido cutis cubierto de polvos, sus mejillas maquilladas y sus cejas oscurecidas, el joven Charles tiene el aspecto de un excéntrico rey del siglo XVIII, inmerso en el resplandor de los tapices de seda y las recargadas volutas doradas de estos opulentos salones, cuyas obras ha pasado incontables horas estudiando desde que llegó a Londres por primera vez, hace diez años, con destino a Central Saint Martins. "Es como ir de tiendas", explica. "Como estudiante de moda, miraba las cosas y me sentía aterrorizado por no ser capaz de hacerlo, pero ahora que tengo un patronista que puede hacer cualquier cosa, puedo hacer realidad lo que sea. Como esta gola", dice, señalando al accesorio para el cuello que lleva la protagonista del Retrato de una mujer flamenca, de Cornelius de Vos (1621-1622).

Como una especie de carnaval veneciano futurista, la colección otoño/invierno '17 —que mostró bajo el paraguas de Fashion East's MAN el pasado mes de enero— fue una fiesta para los sentidos de todas las cosas entre las que ahora puede escoger y hacer propias. Charles es el líder reinante del movimiento actual que recorre Londres, el de los "club kids anti establishment": una revolución que él denomina LOVERBOY y que consiste en una fiesta que organiza en clubes, una marca de moda y una celebración global de la individualidad y la diversidad en medio de un clima político reaccionario. 

Sobre su pasarela, lo expresó en forma de chaquetas como de ciencia-ficción esculpidas a modo de jubones renacentistas, golas y cortes de pelo tipo tazón. Una capa sacerdotal de terciopelo, parte Inquisición española y parte Star Trek. O un vestido estilo Regencia de color naranja brillante, acolchado y pulido hasta obtener las dimensiones de un traje espacial. Charles había visto Painted Ladies, el documental de 1996 que sigue a la Dama comendadora de la Orden del Imperio Británico Vivienne Westwood mientras recorre la Colección Wallace. "Observaba las obras de arte y mencionaba referencias a vestidos directamente de los cuadros", recuerda. "Y por aquel entonces también estaba leyendo un libro titulado Roba como un artista, que decía cosas como, 'si de verdad te interesa la estética de alguien, descubre dónde ha obtenido su inspiración y haz tu propia versión de ello'. Aquello realmente me caló hondo".

Harriet Scott y Abolaji

Para este diseñador escocés, que se ha incorporado a la industria en una época en la que todo ya se ha hecho anteriormente, es una filosofía que impulsa y justifica su obra. Hace referencia a los trajes de época del mismo modo que reverencia la historia más reciente de la moda, desde la estética de John Galliano, Jean Paul Gaultier y la misma Westwood, hasta uno de los cuadros ante los que se detuvo en el museo, el retrato de la leyenda escocesa de ficción Allan M'Aulay, pintado por Horace Vernet en 1823. 

"Crecí con Westwood gracias a mi madre. Mi padre siempre le regalaba algo de Westwood para Navidad, pero tiene más que ver con su espíritu", reflexiona Charles. "Tiene cierta actitud y cierto modo de observar las cosas. Es una apreciación de la historia, una libertad de pensamiento sin fronteras. Y también es queer, no necesariamente en términos de 'gay' sino en un modo de observar las cosas fuera del filtro habitual. Westwood obtuvo aquello del punk, Gaultier procedía de la escena gay", etcétera. Como ellos hicieron en sus días de gloria, Charles se las ha arreglado para "causar sensación en la industria de la moda", como indica su descripción en la lista de personas más influyentes de la industria, confeccionada en 2016 por la publicación Business of Fashion, en un momento en que eso no es nada fácil de conseguir. Y lo ha hecho al viejo estilo, organizando el tipo de encuentros exuberantes que históricamente han conseguido calar en la vida nocturna de Londres con décadas de diferencia.

LOVERBOY, la noche que organiza cada mes y que celebró por primera vez en 2014 en Vogue Fabrics para financiar su máster en Saint Martins, recrea un foro para los coloridos caballeros y damas de la ciudad, y para todo el mundo en general: una hedonista fiesta de disfraces llena de frikis fantásticos imbuidos por el espíritu del Boombox y el Ponystep, que reinaron en el este de Londres hace diez años, y por el del Taboo de los ochenta que los inspiró.

Charles está al frente de una nueva ola de 'club kids' en el este de Londres ―sus LOVERBOYS― que trabajan con él en su marca, desfilan con su ropa y son el alma de sus fiestas. Posee el encanto intrínseco y magnético de un gran líder, por no mencionar el elegante y clásico aspecto impecable que tiene, en estos días de gélidas versiones del maquillaje de la Commedia dell'Arte, incontables chokers y collares metálicos, camisas de varias capas y trajes cruzados a los que les falta un botón. El ascenso de Charles al trono nos recuerda al de todos los muchachos de provincias que lo han ocupado antes que él. Nacido en 1990, fue criado por sus abuelos hasta que su madre se casó con un soldado al que ahora llama papá. La familia se trasladó desde su Escocia natal hasta Hanau, en Alemania, cuando Charles tenía tres años ("No hablo alemán, pero puedo hacerlo si te gusta", dice con un guiño, haciendo referencia a la letra de Scheiße de Lady Gaga).

Cezar Banaszczyck y James Spencer

Después de aquello, llegó una infancia desarraigada: se mudaron a Surrey cuando tenía ocho años, a Brecon cuando tenía nueve y de nuevo a Escocia al año siguiente. "Jugué con espadas hasta los catorce años", admite, mientras recorre el salón Fragonard del Hertford House con su delicada melancolía rococó. "Después descubrí la masturbación". Durante sus años de adolescencia en Cumbernauld, un barrio residencial cerca de Glasgow, Charles se perdía en cuentas de MySpace repletas de fotos de Boombox, que animaba las vida nocturna de Londres y adoptó su distintivo look de aire fetichista, que se resume en las primeras creaciones de Gareth Pugh, cuyos vanguardistas desfiles fueron precursores de una nueva era para la moda británica. "Recuerdo la primera vez que vi el vídeo de The Horrors Sheena Is a Parasite, en el que Samantha Morton se convierte en pulpo. Era todo cuero negro, maquillaje negro, todo muy monocromático. Era caótico y loco, y yo jamás había conectado tanto con algo en toda mi vida". Corría el año 2006 y Charles tenía 16 años. "No teníamos mucho dinero", dice. Y más tarde lo explica mejor: "Recuerdo que iba a Primark a comprar unos pantalones pitillo de mujer y mi amigo Stevie y yo recorríamos todo Glasgow con montones de joyas y maquillaje puestos, cumpliendo nuestras fantasías con un presupuesto muy bajo". Pero no hace falta decir que ser el único gay del pueblo exigía pagar un precio.

Ben Blackmore y Xander Ang

Aquel año fue agredido en la plaza George Square de Glasgow: "Recibí un puñetazo desde atrás y después me abofetearon con todas sus fuerzas. Por aquel entonces, yo llevaba aparato y la mejilla se quedó atrapada en él, así que tuve que ir al hospital para que me lo quitaran", recuerda Charles. Aquel incidente no hizo sino incrementar su rebelión contra lo provinciano, para gran preocupación de su madre. "Siempre me apoyaba, pero le aterrorizaba que me hicieran daño. 'Charles, ¡no puedes salir así!'. De modo que me iba de casa bastante desaliñado y me arreglaba en el tren hasta Glasgow. Porque pensaba, '¡A la mierda, yo no quiero estar aquí!'. Era una forma de escapismo. Era casi como si hubiera construido mi propia versión de Londres en mi pequeño cuerpo", reflexiona. 

Su llegada a Londres en 2007, donde se inscribió en el curso básico Saint Martins y tuvo que vivir en los pasillos, fue como la escena inicial de cualquiera de las narraciones cinematográficas de la vida nocturna más icónica, como cuando Brian entra por primera vez al Kit Kat Club en Cabaret, o como cuando Christian se queda perplejo ante el libertinaje que impera en el Moulin Rouge. Para Charles, el paraíso era el Ponystep, la fiesta de club que había rescatado el legado del Boombox. "Era como si fuera la cosa más importante que hubiera hecho jamás, casi más importante que estar en Saint Martins. Llevaba unos leggings negros de American Apparel, un top metálico y un chal hecho de tul y papel marrón roto en tiras alrededor de mi cuerpo. Parecía una tirita", recuerda.

Niall Underwood

"Tan solo estar ahí, esperando en la cola, viendo entrar a Gareth Pugh y a Christopher Kane y a Matthew Stone a la mesa de DJs", medita Charles. Y finalmente, todo acabó. Saturadas por su escapismo casero, las estrellas de la escena de la moda de Londres tenían que crecer ―comercializarse, gentrificarse― y, con ellas, el espíritu de la ciudad cambió. "Predominaba el estilo callejero, todo era un poco aburrido. Seguíamos saliendo, pero íbamos a Alibi y a Efes. Recuerdo que yo pensaba, 'ha sido un fin de semana de mierda, la noche ha sido una basura'. Simplemente te emborrachabas y eso fue todo durante unos cuantos años. Me refugié en mi trabajo en Saint Martins". 

Cuando llegó al curso de graducación, Charles trabajó como asistente de diseño en Jack Wills para poder ahorrar y conseguir colocarse en Dior, en París. Se mudó allí en 2011 durante la temporada en que trabajaba allí el diseñador Bill Gaytten, entre las épocas de John Galliano y Raf Simons, aunque Charles estuvo suficiente tiempo como para ver los inicios de este último. Aunque se hizo amigo de las "adorables damas de la planta de arriba" en los talleres, "estaba más interesado en unir cosas con grapas. Una vez les di una muestra que estaba unida con cinta adhesiva. Me dijeron, '¿Tú te acuerdas de que estás en Dior, Charles?'". París no se impresionó demasiado. Aquel método resultó más convincente para la ya fallecida gran profesora del máster de Saint Martins Louise Wilson y para su sucesor en el puesto Fabio Piras.

Harry Charlesworth

"En Saint Martins yo me iba pavoneando. Louise y Fabio me decían, 'Has dibujado una cosa, pero te vistes de otro modo. ¿Por qué lo haces, si lo que llevas puesto es mucho más interesante que lo que has dibujado sobre el papel?'". El aspecto que llevaba Charles en su día a día se convirtió en su investigación principal, de modo que fotografió y archivó todos sus looks para tenerlos como referencia, junto con su compañero de clase Jack Appleyard, que ahora es su socio creativo (y el amigo más afortunado del mundo, a juzgar por la adoración con la que habla de él). 

Fundó la firma LOVERBOY en 2015, canalizando su estética ecléctica hasta convertirla en un look "un poco más refinado", dice. Y a continuación hace una pausa. "¡Normalmente algo que encuentro en el suelo!". Tiene una risa aguda, como la de Tom Cruise cuando interpretó al vampiro de larga cabellera Lestat en Entrevista con el vampiro y, admirando un busto de Luis XIV con su peluca empolvada (realizada por C.A. Coysevox), Charles admite que antes llevaba el pelo así. "Este es mi retrato favorito de los que hay aquí", dice deteniéndose frente al cuadro de J.H. Fragonard Muchacho vestido de Pierrot, de 1785. "Mira cómo pintó las flores y la diferencia en comparación con los ojos. Siempre me ha dado la sensación de que hay un motivo para que las flores sean más abstractas y haya pintado el rostro de forma más realista", dice, maravillándose ante el arrogante niño del cuadro. "Está hecho toda una dama".

Harry Appleyard

Podría ser el eslogan de la "generación copo de nieve", como la llama Charles Jeffrey ―esos egocéntricos millennials―, pero los éxitos de estos "copos de nieve" apenas sí se han servido en bandeja de plata. "Una vez tuvimos que quedarnos en un hotel porque mi madre no tenía dinero", explica, recordando cómo la vio contando peniques sobre el mostrador de la recepción del hotel y cómo tuvo que pedir comida de la beneficencia que le daba la madre de su amigo. Pagó sus estudios por medio de becas y gracias a un préstamo bancario, y su madre finalmente fue capaz de ayudarle con el alquiler durante un año y medio. Pero lo que representa el movimiento londinense LOVERBOY no es para nada un puñado de niños malcriados que se sobreexponen en las redes sociales y a los que solo les gusta salir de fiesta. "Cuando empecé en Vogue Fabrics estaba acojonadísimo. Era el lugar más sucio y loco del mundo, con aquellas drag queens cayéndose por el suelo y demás", recuerda Charles. "Pero hay una camaradería allí que valida cualquier otro modo de observar la vida: es un espacio queer". Hablando sobre los artistas y las creaciones con papel maché que están pintadas como las barras y estrellas de la Union Jack, que formaron parte de su último desfile, admite que se sintió obligado a comentar el clima político actual.

"Estoy empezando a darme cuenta de la responsabilidad que tengo como persona que dispone de una plataforma para mostrar una obra que la gente respeta. Así que supe, cuando estábamos creando esa diosa británico-norteamericana de los butt plugs", dice, haciendo referencia a esos mastodontes pintados con banderas, sin el más mínimo ápice de ironía, "que aquel era mi primer posicionamiento político". Sobre su pasarela es posible que así sea, pero el movimiento que encabezó temporadas atrás tiene mucha más influencia política de lo que Charles y sus Loverboys podrían pensar.

Scotty Sussman

Louis Chen

Jordan

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Texto Anders Christian Madsen
Fotografía Tim Walker
Estilismo del desfile Jack Appleyard
Peluquería John Vial para Revlon Professional. Maquillaje Lucy Bridge en Streeters y el equipo de M.A.C. Diseño de set Gary Card. Casting del desfile Madeleine Østlie de AAMO Casting. Ayudante de diseño de decorado Lydia Chan. Ayudantes del casting del desfile Billie Turnbull y Najia Lisaad. Modelos Charles Jeffrey. James Spencer. Cezar Banaszczyck. Abolaji de AMCK. Louis Chen. Harriet Scott. Harry Appleyard. Jordan a NII. Niall Underwood. Harry Charlesworth. Ben Blackmore at Models1. Xander Ang. Scotty Sussman. Dancers Luke Smith, Jenkin Van Zyl, Kevin Brennan, Liza Keane, Waj Hussien, Alex Padfield, Bradley Sharpe, Emily Rose England, Angelica Bryant, Jack Powers Morrisey, Borys Korban y Strong Theveethivarak en Theo Adams Company.

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