Fotografía Drew Carolan, de Matinee: All Ages on the Bowery.

inolvidables retratos de jóvenes punks y hardcore en el mítico cbgb

Drew Carolan es discípulo de Richard Avedon y ha heredado lo mejor de su espíritu.

por Emily Manning; traducido por Eva Cañada
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nov. 6 2017, 8:51am

Fotografía Drew Carolan, de Matinee: All Ages on the Bowery.

Este artículo fue publicado originalmente en i-D UK.

Drew Carolan recuerda la primera vez que vio un grupo de skinheads. Fue en el otoño de 1981, a las 2 y media de la madrugada de un martes. Caminaba por la Avenue A cuando divisó a unos skins cerca de Tompkins Square Park. "Tenían como 14 o 15 años y lanzaban un frisbee mientras reían histéricamente, como si estuvieran en el recreo", recuerda Carolan. "Yo pensé, '¿Quién cojones son estos críos? Llevan un look fantástico. Quiero fotografiarles, pero debo pensar cómo'". (A principios de los 80, explica Carolan, los skinheads de NYC no estaban vinculados a la extrema derecha ni a las ramificaciones racistas de esa subcultura).

Aquella fue una cuestión sobre la que Carolan (nacido y criado en el Lower East Side) estuvo cavilando durante casi dos años. La respuesta no llegó hasta que no se alejó de Tompkins y de la ciudad que le había visto crecer.

fotografia cbgb hardcore punk

Al inicio de 1983, Carolan ―que por entonces tenía 26 años― se embarcó en un viaje con Richard Avedon que le cambiaría la vida para siempre. Después de haber sido asistente del magistral fotógrafo de moda y retratos en su icónica campaña para Versace, pidieron a Carolan que acompañara a Avedon en un viaje por carretera. Pasó los siguientes veranos trabajando como asistente en sesiones que más tarde se incluirían en In the American West, considerado uno de los trabajos más importantes de la historia de la fotografía.

Cuando Carolan regresó de su primer viaje al oeste con Avedon, encontró más tribus de skinheads, esta vez congregados en la calle Bowery, en el exterior del CBGB. Diez años antes, aquel mugriento abrevadero había incubado la prometedora escena artística punk de la ciudad, con conciertos de Ramones, Blondie, Television y Patti Smith. Hacia la década de los 80, era un club al que era imposible acceder cuando caía la noche. Pero las tardes de los sábados, el "CB's" ofrecía conciertos para todas las edades destinados a una nueva tribu punk: los chicos hardcore.

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Skinheads, pacíficos punks y chicos escapados de sus casas procedentes de todas las regiones del este descendían hasta el interior del CB's cada fin de semana para ver conciertos de Agnostic Front, Cro-Mags, Murphy's Law, Reagan Youth, 7 Seconds, Minor Threat y muchísimas otras bandas. Más allá de ser una vorágine musical, también era un floreciente ecosistema subcultural donde los críos de toda procedencia podía conectar entre sí y encontrar una vía de escape, tomarse un descanso del mundo que había al otro lado de las paredes del CB's, un lugar que a menudo no era seguro o tolerante.

Como había hecho para Avedon allá en el oeste, Carolan pegó un gran pedazo de papel blanco en el lateral de un edificio situado en frente del CB's. Pasó los siguientes dos años interceptando a los chicos que se dirigían a las matinés y fotografiándolos con una Rolleiflex de formato medio.

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"Con Avedon, la noción era mucho más romántica. Fotografiaba a alguien y decía, 'Es como un Boticelli', o 'Es como un Vermeer'. Y yo pensaba, '¡Mis chicos parecen putos maníacos!'", dice Carolan entre risas. "Era un enfoque diferente. Yo solo quería obtener una imagen sincera. Porque, mira: cuando tienes 17 años, no me importa una mierda lo seguro de ti mismo que parezcas. Tienes dudas, eres vulnerable. Estás tratando de encontrar tu lugar en el mundo. Para mí, es muy real. ¡Yo fui eso! Cuando tenía 17 años, tenía todas las respuestas de todo. Pero cuando regresaba a casa y me quedaba solo, la historia era muy diferente".

Es esta empatía la que hace que los retratos de Carolan sean tan especiales y tan reales. Capturó la vitalidad, la vulnerabilidad, la rebelión y el feroz sentido de comunidad que unía aquella escena. Más de 30 años después, ha recopilado las fotografías en un libro de reciente publicación titulado Matinee: All Ages on the Bowery. La obra es realmente destacada, la definición misma de un clásico instantáneo.

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¿Cómo se desarrolló por primera vez tu interés por la fotografía?
Cuando tenía quizá 14 años empecé a trabajar como modelo para ganar algo de dinero. El modo en que entré allí es bastante estrafalario. Pero el caso, que estaba trabajando para el editorial de una publicación y empecé a hablar de música con el fotógrafo. Por aquel entonces yo tenía 15, casi 16 años. Asistía a un montón de conciertos, me encantaban. El fotógrafo me estaba hablando sobre sus sesiones de fotos con The Kinks, Rod Stewart. etc. y yo le dije, "Madre mía, eso mola un montón. Fotografías a bandas además de hacer esto. Yo también quiero". El fotógrafo resultó ser Bruce Weber.

¡Qué???!!
¡Era majísimo! Me dijo, "Siempre necesito algún asistente, así que llámame cuando quieras". Guardé su número, pero me mudé a Long Island durante los dos últimos años de instituto. Cuando me trasladé allí, encontré grandes profesores. Acababan de salir de la universidad y les encantaba el arte de forma sincera. Fui a SUNY New Paltz y me saqué la licenciatura en artes en la rama de fotografía. Cuando salí de la universidad, empecé a trabajar como asistente freelance de otros fotógrafos. Al final, trabajé con Bruce durante más o menos un año a principios de los 80.

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¿Cómo empezaste a trabajar con Richard Avedon?
Tenía algunos amigos que también trabajaban como asistentes freelance y conocí a alguien que trabajaba para Avedon. Me dijo, "Vamos a hacer una gran campaña para Versace. Necesitamos a alguien que ande por ahí, que traiga café y mierdas así". Me contrataron durante unas dos semanas para trabajar en aquella campaña. ¡Fue muy divertido! Poco tiempo después, me llamaron y dijeron, "Estamos buscando un asistente a tiempo completo, ¿Quieres hacerlo?".

En aquel momento ganaba más en los restaurantes que como trabajador freelance, pero me dijeron: "Va a hacer un libro, In the American West. Va a viajar por todas las autopistas del oeste de Estados Unidos durante los dos siguientes veranos y medio". Yo respondí, "¡Me apunto!". ¡Lo gracioso era que lo más al oeste que había estado en mi vida era la 4th Street! Aquello me cambió la vida, no te voy a engañar. Fue simplemente increíble.

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Avedon fotografió a gente acudiendo a varios eventos. Un rodeo, un concurso de cortar madera, una batida para encontrar serpientes de cascabel —el tipo de mierda que tenían por ahí―, donde la gente simplemente aparecía delante de nosotros. Organizaba un estudio exterior bajo la sombra de un edificio y simplemente elegía a la gente.

Fui al CB's un sábado en el año 83 y, aunque era media tarde, había un montón de chavales skins fuera del garito. Resulta que el CB's organizaba matinés de hardcore por las tardes. Yo dije, "Madre mía, así es como voy a hacerlo. Voy a cruzar la calle, hasta Bleecker, montaré un estudio e interceptaré a estos chicos de camino a los conciertos". Parecía perfecto. Yo solía ir al CB's como en el año 75 o 76 y mi instituto estaba a un par de manzanas de allí. Conocía la zona, me sentía cómodo allí. Yo era uno de aquellos chavales, ¿sabes lo que quiero decir? Gracias a haber trabajado en aquel proyecto con Avedon fui capaz de dar con una forma de llevar a cabo lo que deseaba hacer.

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Háblame sobre la comunidad hardcore de Nueva York en aquella época.
La escena hardcore era muy pequeña y cuando yo la descubrí daba la sensación de que acababa de empezar. Las matinés del CB's comenzaron los sábados, pero después se trasladaron a los domingos. Los conciertos normalmente empezaban a las 2 y media o las 3 y duraban más o menos hasta las 5 y media o las 6. Entrar costaba 3 dólares (unos 2,5 euros) y siempre tocaban por lo menos tres bandas.

El primer día que entré allí para hacer fotos, yo solo, llevaba conmigo un fondo de papel de 2,70 metros de altura que había traído desde mi estudio situado en un sótano de la East 11th Street. Lo monté e hice un montón de fotografías. Cuando regresé a casa, al procesar la película y observar las hojas de contacto, vi una fotografía ―que es la portada del libro― y supe que debía continuar. Vi frente a mí un momento decisivo. Todo el grupo de chicos y las cosas que hacían me parecían fascinantes. Porque no era punk, ¡era hardcore! Era una escena muy diferente. Realmente tenían algo que decir.

Un día estaba recogiendo el equipo y entré en el CB's. Los chicos estaban haciendo un pogo, peleándose... Aquello era un caos. Era una comunión como nunca antes había visto. Una muestra realmente maravillosa de camaradería adolescente, de angustia y de todo lo demás, unido en un solo lugar. ¡Me quedé enganchado desde el primer momento que vi una banda! Parte de la música era terrible [risas], pero daba igual. El hecho de que pudieras ir ahí y liberar tensiones durante dos horas era maravilloso.

¿Alguna vez encontraste skins racistas en el CBGB's? Todo el mundo citado en el libro hace hincapié en el aspecto de crisol cultural, de unión de personas de todo tipo de procedencia. Parece que una ideología racista no habría tenido lugar allí. Pero siento curiosidad por saber si alguna vez los encontraste y, de ser así, cómo respondieron los demás ante eso.
Los skinheads de la escena hardcore cuando yo estaba allí eran todos chicos y chicas fantásticos. Sin duda su aspecto era algo intimidante, pero había una unión muy real. Y creo que aquello se veía fomentado por los Agnostic Front, que decían en sus letras: '"No hay justicia, solo estamos nosotros. La justicia ciega nos jodió a todos. No hay justicia, solo estamos nosotros. Necesitamos justicia para todos nosotros". Esa era más o menos la onda. Tenías que estar muy, muy loco para ser un skinhead racista y entrar en un lugar como el CBGB's, porque realmente era un punto de encuentro para críos de toda procedencia. Había escuchado historias, en el libro de Roger Miret y en el libro de Harley Flanagan, que hablaban de que una vez en City Gardens unos skinheads racistas se presentaron en un concierto y empezaron a golpear el suelo con las botas. Entonces los skinheads normales les dieron una paliza de muerte. Yo nunca vi eso ni sentí esa onda jamás en el CBGB's.

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¿Cómo elegías a las personas que fotografiabas? ¿Qué te llamaba la atención de ellas?
La primera vez que me acerqué allí, pensé: "Vale, esta es mi gran estrategia: yo estoy aquí y ellos están allí". Sabía que tendría que acercarme para encontrar a alguien, para romper el hielo. Me acerqué a un chico llamado Tony, un skinhead puertorriqueño con una enorme cicatriz en la cabeza que se había hecho hacía tres semanas. Le dije, "Eh, tío. Voy a hacer un libro sobre las matinés. Me gustaría fotografiarte". Simplemente me miró y dijo, "¿Eres poli?". Yo contesté, "¡Joder, no!". Así que accedió sin más. Nunca volví a pedírselo a nadie, simplemente de algún modo sucedía.

Con toda sinceridad, esperaba ver muchos tíos blancos, pero en este libro hay tantos tíos blancos como chicas y gente de color. Háblame sobre la diversidad en la escena hardcore de Nueva York. Si hubiera hecho esto ―y no quiero menospreciar a ninguna ciudad― digamos en Milwaukee o en Phoenix, seguramente no habría obtenido el mismo resultado. Pero Nueva York es un crisol de culturas. Había críos negros, asiáticos, puertorriqueños, italoamericanos, polacos, adolescentes masculinos y femeninos, gais, hetero, confusos... ¡Eso es lo que hacía que la escena fuera tan maravillosa! Era una sección transversal de jóvenes bastante buena. Había chavales de Connecticut, Long Island, de toda la zona de los tres estados del este. Todos querían formar parte de aquello.

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¿Cómo repercutió en aquellos chavales el hecho de vivir bajo el mandato de Reagan?
Tener un Republicano en el poder significa que la gente joven tiene que luchar más duramente y gritar más fuerte para que se escuche su voz. No sé si la escena hardcore habría sido tan intensa si hubiera salido elegido Mondale o quien fuera.

¿Cómo ha sido repasar estas fotografías después de 30 años?
En torno al año 2006, recibí un email de un chaval: "Me llamo Andy, no sé si me recuerdas, fui uno de los tíos con cresta que fotografiaste en el CBGB". Yo dije, "Andy, ¡por supuesto que me acuerdo de ti!". Empezamos a hablar y me dijo que seguía en contacto con muchos de aquellos críos. Le dije que a mí también me gustaría ponerme en contacto con ellos. Aquello sucedió justo cuando salió MySpace, así que hice una página en MySpace de fotografías de la matiné. Al cabo de dos semanas había gente diciendo, "Me cago en la puta, ¡me acuerdo de eso!", o "Ahí aparece Fulanito de Tal, ahora está muerto". Era increíble. Cada vez que recibía un email o una respuesta a una de las fotos, me sentía un poco más inspirado. Así que empecé a pensar seriamente en crear el libro. Pero fue un proceso arduo.

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Una compañía se puso en contacto conmigo diciendo que querían hacerlo. En aquella época lo habría hecho con cualquiera, ¡hasta con una empresa de comida para perros! Tuvimos varias reuniones que fueron muy bien, pero un día simplemente dejaron de llamarme. Sin embargo, en realidad creo que aquello fue una bendición disfrazada, porque entonces me puse en contacto con Radio Raheem Records, un sello discográfico dedicado exclusivamente al hardcore. Ellos formaron realmente parte de toda aquella escena y querían participar en el libro. Estoy muy feliz de haberme ido con ellos. Creo que era necesario que fuera una compañía pequeña la que hiciera este libro, porque en realidad aquella escena iba precisamente de eso.

Hice una versión provisional de un libro hace algunos años y la mayoría de fotos elegidas para aquel libro aparecen en este. Así que las cosas que vi entonces no han cambiado. La única diferencia es que, una vez que empecé a volver a conectar con la gente, pude conocer a algunos de los críos que aparecen en el libro. Hasta entonces, muchos de ellos eran iconos bidimensionales, pero después se volvieron más tridimensionales.

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En el libro hablas de una ocasión en la que básicamente mandaste a Robert Frank a tomar viento fresco.
[Risas] Te contaré la historia: era un frío día de febrero, creo que en 1984. Estaba fotografiando a varios chavales y mi amigo Tom hacía las veces de mi asistente. Había un tío con una cámara de vídeo enorme al hombro. Iba algo desaliñado y caminaba por ahí filmando a los mendigos que había al otro lado de la calle. Se acercó mientras yo estaba haciendo fotos y empezó a grabar por encima de mi hombro. Yo le miré, después miré a Tom y dije, "¡Saca a este puto tío de aquí!". Tom le acompañó al otro lado de la calle y le dijo que si volvía a acercarse le patearía el culo.

Cuando terminamos, yo estaba de rodillas guardando mi equipo cuando este tío regresó. Escuché su voz arrugada, "Ah, ¿qué estás haciendo? ¿Algo del rollo de August Sander?". Cuando dijo "August Sander" pensé, "Sea quien sea este tío, sabe perfectamente de qué hostias está hablando". Miré hacia arriba y me quedé flipado cuando me dijo: "Soy Robert Frank y nadie me dice dónde puedo o no puedo ir. Llevo 30 años viviendo aquí". Yo atiné a decir algo así como, "¡Dios mío! ¡S-s-s-señor Frank!". Y él simplemente se alejó andando.

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Más tarde me di cuenta de que le había juzgado del mismo modo que otra gente podría haber juzgado a aquellos chavales. Iba desaliñado y le traté sin respeto. En el caso de los críos, su apariencia externa es agresiva, pero lo hacen para expresar una declaración de principios. Sin embargo, muchas veces te limitas a ver esa apariencia externa aunque son mucho más que eso.

'Matinee: All Ages on the Bowery' de Drew Carolan está disponible a través de Radio Raheem Records. Carolan estará firmando ejemplares en Generation Records el 18 de noviembre. Más información aquí .

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