Fotograma de 'Scream I'

Feminista y autocrítica: por qué 'Scream' es una de las mejores sagas de terror que ha existido

Despreciada por las élites de críticos cinematográficos y foco de parodias, Scream se ha ganado el título de película de culto y es, 20 años después, más relevante que nunca.

por Raquel Zas
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20 Mayo 2020, 1:15pm

Fotograma de 'Scream I'

“¿Cuál es tu película de terror preferida?”

En 1996, miles de adolescentes se habrían sentido aterrados si al descolgar el teléfono alguien les formulase esa pregunta. Eso fue consecuencia, por supuesto, de la película Scream, un auténtico fenómeno que supuso la edad de oro del subgénero slasher —el tipo de películas de terror en las que siempre había un asesino psicópata que empezaba a matar sin razón aparente a un grupo de jóvenes libres de vigilancia de adultos y con cierta predisposición a emborracharse en casas y mantener relaciones sexuales promiscuas—. El género, por supuesto no nació ahí, sino que empezó con las míticas Halloween (1978), de John Carpenter, y Viernes 13 (1989), de Sean S. Cunningham, y fue influido por títulos como Psicosis o Dementia 13, entre otras.

Pero el querido director Wes Craven y el guionista Kevin Williamson (creador de Dawson Crece) provocaron tal revolución en una generación entera, que no es de extrañar que la historia se convirtiese en una saga que creó un auténtico y fiel ejército de fanáticos e hizo famoso a Gosthface, ese disfraz que cuesta diez euros en el Bazar Chino y al que siempre acudimos cuando no tenemos nada que ponernos en Halloween. Yo, por aquel entonces, tenía 10 años y en lugar de pedir por navidad alguna película cursi de Disney, pedí el VHS de Scream. Me convertí en una auténtica fan del género slasher, además de ser una niña un poco rarita.

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Una exitosa y taquillera trilogía después, y una cuarta entrega que no tuvo mucho éxito —y que yo ni siquiera vi, porque soy una auténtica purista de la saga—, la franquicia ha anunciado una quinta película. Ok, a estas alturas esta maniobra suena a querer hacer dinero en una época en la que la cultura de los 90 está en auge, y los fans se mantienen escépticos sobre todo ahora que el creador y padre de la saga, Wes Craven, ha muerto en 2015. Pero teniendo en cuenta que el guionista original estará a cargo de la trama y con David Arquette como confirmado y Neve Campbell en negociaciones, todavía queda un rayo de luz de esperanza. Porque sí, los snobs del cine puede que se tomen a este tipo de películas como basura cinematográfica y se llenen la boca con Jordan Peele o Hitchock, pero el éxito de Scream se ha ganado el título de culto, y lo abalan su multitud de foros, podcasts, artículos en prestigiosas revistas de cine e incluso su propia Wikipedia. Hasta tuvo su propia parodia, Scary Movie, otra auténtica fábrica de hacer dinero. Lo mejor de Scream es que se ríe de sí misma, es ácida y tiene una segunda lectura muy interesante; por eso es y siempre será la película que marcó a toda una generación (para algo es el slasher más taquillero de la historia). Te contamos por qué.

Cambió las reglas del slasher
El éxito fue, en parte, porque cambiaron las reglas del juego; en Scream cualquiera podía ser el asesino y cualquier podía acabar muerto. Lo dejaron claro desde el principio, cuando la actriz más famosa del reparto, una Drew Barrymore con una peluca rubia y unas palomitas a medio hacer, fue asesinada a sangre fría en la primera secuencia, una escena que pasó a la historia del cine y que bien podría ser un film en sí misma.

Hizo una crítica a las malas conductas sexuales de la industria del cine antes de que existiera el me too
Si ahora esto es un tema de conversación habitual, en los años noventa y principios de los 2000, hablar de abuso sexual en Hollywood era imposible. Aún así, la saga de Scream lo hizo, de una forma sutil pero certera, pasando así de forma audaz la censura de la industria. En la tercera entrega, la historia gira en torno al rodaje de Stab 3, película que narra los asesinatos de las dos primeras partes de la saga. En la trama, hay multitud de detalles y momentos donde se pone de manifiesto los abusos sexuales en la industria, los castings de cama y hombres malos y poderosos aprovechándose de mujeres guapas y talentosas. Que Harvey Weinstein fuese uno de los productores de la trilogía ahora se ve como una horrible ironía. Curiosamente, el personaje que hace de productor de Stab 3, dice en un momento: "Hollywood está lleno de criminales cuyas carreras están floreciendo con éxito".

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Retrató a Hollywood como un ser despiadado
Craven hizo, a lo largo de toda la saga pero sobre todo en Scream 3, un retrato de Hollywood como una farsa, un lugar donde los sueños van a morir, y expone el daño colateral que la industria deja a su paso, en especial en cómo afecta a las mujeres jóvenes. Uno de los guiños a esto es clave, el detective Kinkaid le dice a Sidney: “Hollywood es muerte”. Este y otros detalles dejan claro que la industria no era santo de la devoción de Craven, que se sabe que tuvo ciertos encontronazos con los hermanos Weinstein. Y aunque este no dejaba de ser un éxito producido por los hermanos, está claro que el director quiso dejar constancia de su descontento frente a ciertos comportamientos que eran un secreto a voces. Por eso, ver Scream 3 veinte años después tiene más sentido que nunca.

Sí, Scream tiene un potente discurso feminista
La base de las películas de terror violento ha sido, en mayor medida, poner a la mujer como víctima. Las mujeres en estas películas han sido mutiladas, asesinadas o violadas como parte del entretenimiento, y Scream subvirtió esto haciendo autocrítica. Sidney, la protagonista, se presenta siempre como la víctima, pero su evolución nos dice todo lo contrario. En la segunda parte, ella dice literalmente “estoy cansada de correr” y concluye afirmando: “soy una luchadora”. Sidney es, en definitiva, lo que se llama una “chica final”, la mujer que queda viva hasta el final y acaba con el asesino. En la primera parte, ella mata al autor de los crímenes, que de hecho era su novio, poco tiempo después de haber perdido la virginidad con él. La sexualidad y el sexo también tienen aquí un papel crucial, Billy, el novio y primer asesino, quiso introducir su pene en el cuerpo de Sidney antes de introducir su cuchillo. El cine en general, pero el slasher en particular, era claramente misógino, Scream fue precursor de este importante cambio cultural al convertir a la mujer en heroína, en una mujer independiente que no necesita a ningún hombre que la salve.

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Todo surge, de nuevo, por “mommy issues”
Existe un tópico en Estados Unidos muy recurrente en el cine, acerca de cómo un hombre muy mimado desde la cuna desarrolla una dependencia patológica por su madre (esto ya lo vimos en Psicosis). La matanza de Scream empieza con el asesinato de la madre de Sidney, lo último que hace Drew Barrymore antes de morir es llamar a su madre, y varios de los asesinos de la saga son motivados por un abandono maternal.

Y Rose McGowan brilló con luz propia
Pese a tener un papel secundario, la interpretación de Rose la convirtió en estrella y en la mejor amiga que todas queríamos tener. El mismo año de su estreno, 1997, Rose, fue supuestamente violada en una habitación de hotel por Weinstein. En su libro de 2018, Brave, describe el set de Scream como una de las últimas veces que se sintió verdaderamente feliz en Hollywood. "El set de Scream fue un refugio para mí", escribe. “Wes Craven era un hombre especial y complejo... Nos trataba a los actores como a sus iguales, y era un ambiente muy especial. [Él] fue muy amable, un verdadero caballero. Pensé que todas mis películas con grandes directores serían como esta. Estaba equivocada".

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Tampoco se olvida de poner de manifiesto el racismo de Hollywood
Pasa un poco por encima por el tema, pero lo manifiesta de forma directa, sobre todo en la primera secuencia de la segunda parte, cuando una pareja de raza negra mantiene un diálogo sobre la nula presencia de personajes negros en este tipo de películas. Al final de la secuencia, ambos mueren, lo cual resulta paradójico.

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La historia está inspirada en hechos reales
El guionista Kevin Williamson se inspiró parcialmente en una serie de asesinatos a unos estudiantes de Gainesville, Florida, en 1990, perpetrados por el asesino Danny Harold Rolling, que más tarde fue apodado "El Destripador de Gainesville".

El amor traspasó la pantalla
David Arquette y Courtney Cox, cuyos personajes se enamoraban en la película, también lo hicieron en la vida real. Ambos se acabaron casaron y mantuvieron una de las relaciones más consolidadas de Hollywood durante once años, a partir de la cual tuvieron a su hija Coco.

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Cameos inolvidables
Como los personajes de Clerks visitando los estudios de Stab3, Linda Blair (protagonista del exorcista) como reportera, o la inolvidable Carrie Fisher haciendo de una mujer que se parece a Carrie Fisher pero que no consiguió el personaje de princesa Leia. Los diálogos de la escena, por cierto, fueron escritos por la propia Fisher.

Gale Weathers, la periodista que todos nos merecemos
Gale encarna el periodismo que odiamos, el mismo que impera hoy en los medios de comunicación: el morbo sin escrúpulos que usa los sucesos trágicos para ganar audiencia. Su personaje es más complejo de lo que parece en un primer momento, y su evolución a media que avanza la saga es muy interesante. Gale nos dejó, además de un sinfín de looks inolvidables (ella es la it girl de la saga), frases lapidarias como “La cultura pop es la política del siglo XXI”. Amén.

Es una auténtica lección de cine
La película está plagada de referentes, guiños y homenajes a otras películas, sobre todo de terror, como en una escena en la que se está proyectando en la televisión Nosferatu mientras Gosthface mata a una de sus víctimas. El recurso de “cine dentro del cine” es muy importante aquí, sobre todo en la tercera parte, pues la historia gira en torno al rodaje de los sucesos que pasaron en la propia película. Analiza el género y sus reglas, y lo hace a través del personaje de Randy, que en la primera parte le cuenta a sus compañeros las reglas para sobrevivir, en la segunda la características de una secuela y, finalmente, en la tercera entrega, deja un film post mortem donde le explica a sus amigos las claves de una trilogía de terror y cómo deben matar al asesino. Él nos enseñó a mirar atrás y nunca preguntar: “¿quién anda ahí?”.

Abre el debate de si el cine violento puede inducir a la gente a ser violenta
En Scream II, hay una secuencia en la que los personajes se encuentran en una clase de Teoría del cine y debaten si el cine de terror realmente puede inspirar a la gente a imitar y asesinar. Scream III, sufrió la censura del conservadurismo por la masacre del instituto de Columbine. Este suceso provocó un intenso debate sobre la influencia de los medios en los jóvenes, y por eso el guión acabó blanqueándose y cambiando los adolescentes por adultos un tanto infantilizados.

Bonus track: curiosidades
Para los entusiastas de la saga como yo, Scream ha dejado un buen puñado de anécdotas. Como por ejemplo que Reese Witherspoon iba a hacer en principio de Sidney; que Neve Campbell y Matthew Lillard estuvieron saliendo durante el rodaje;que la película se iba a llamar Scary Movie y que se utilizaron más de 50 galones de sangre falsa para rodarla; que Williamson escribió el guión de la primera parte en solo tres días; que la voz de Gosthface nunca era la de los actores que lo interpretaban; y que la última secuencia de la Scream tardó en rodarse 21 días (los actores la llamaron “la noche más larga en la historia del cine de terror”).

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