las 66 polaroids perdidas de madonna en 1983

Viajamos al pasado con el fotógrafo Richard Corman y nos cuenta cómo fue conocer y retratar a la alocada 'club kid' del East Village de Nueva York antes de convertirse en una estrella.

por Rory Satran
|
17 Agosto 2016, 10:15am

En julio de 1983, Madonna era una joven ambiciosa de 24 que empezaba a sonar en las discotecas. Cuando el fotógrafo Richard Corman conoció a la cantante, ella le sirvió un café y un chicle en una bandeja de plata y, como él mismo asegura, "justo después de aquello, se su carrera se vio disparada hasta la estratosfera". Al mes siguiente de sacarle unas cuantas polaroids típicas de un casting, Madonna lanzó su álbum de debut que incluía tres 'hits' que fueron a parar al 'top 10' de las listas de éxitos (Holiday, Lucky Star, Borderline). 

Un año después, la cantante ya se estaba retorciendo en una enorme tarta de boda en su emblemática actuación de los VMA de la MTV al ritmo de Like A Virgin. Sin embargo, cuando Corman sacó esas fotos, Madonna tan solo era la novia del DJ Jellybean Benitez, una gran bailarina asidua al Funhouse y a Danceteria y una 'bad gal' que se pagaba el alquiler ejerciendo de camarera y posando desnuda para estudiantes de Bellas Artes. Como ella misma dijo en su momento: "Me sentía como una guerrera abriéndome paso entre la multitud para sobrevivir".

Richard Corman tenía muy buenos contactos a principios de los 80. Fue asistente de Avedon y su madre Cis era directora de casting y trabajó en películas como Toro salvaje y El cazador. Cuando Corman retrató a Madonna, también le sacó fotos a Keith Haring en el Soho y a Jean-Michel Basquiat en su estudio de Great Jones Street, pero nadie le preparó para la chica que le miraba con cara de "voy a comerme el mundo". Después de 30 años escondidas en su almacén, estas 66 polaroids por fin han visto la luz y estarán disponibles este otoño en forma de libro y exposición. Ahora, Corman ha decidido compartirlas con nosotros.

¿De dónde salen estas polaroids?
Estas son imágenes que saqué en 1983. De hecho, lo que las hace tan atractivas y especiales es la conexión con mi madre. Ella me presentó a Madonna la primavera del 83, cuando se presentó al casting de La última tentación de Cristo, de Martin Scorsese. Ella se presentaba para el papel de Virgen María. Al parecer, Madonna nunca obtuvo el papel, pero donde nos conocimos realmente fue en los Avedon Studios. Yo siempre estaba a la caza de gente interesante a la que retratar y lo cierto es que nunca he conocido a alguien como ella. Era una chica realmente original.

La sesión de polaroids vino después, cuando mi madre estaba preparando un musical para un público nicho llamado Cindy Rella. Madonna estaba en el piso de su hermano y yo tenía que enviar una serie de fotos de tipo casting a la Warner Bros lo antes posible. Por entonces no teníamos nada digital; teníamos cámaras Polaroid, así que le saqué 66 fotos. 

Las reunimos en un libro con el guión para que concordaran con el tratamiento. Michael Jackson y Prince eran los candidatos para interpretar al príncipe y Aretha Franklin iba a hacer de madrastra malvada. Al final la película nunca se realizó y, durante 30 años, pensé que tanto el guión como las 66 polaroids se habían perdido. Hace poco, me puse a limpiar el almacén de punta a punta y me quedé totalmente sorprendido cuando las encontré ahí, en perfecto estado.

Si hiciésemos esas fotos ahora, habría unas 30 personas en el apartamento, pero en aquél momento solo estábamos ella y yo; así de simple. Ella era muy accesible, divertida y sexy; tenía mucho carisma. Así que empezamos a hacer unas cuantas fotos en las que aparecía limpiando la casa como Cenicienta y luego otras en las que se preparaba para el gran baile. Salió de casa y se pasó dos horas buscando ese vestido en una tienda vintage. En ese momento, ella era una especie de fenómeno local.

No soy un gran fan de Madonna, pero si lo soy de su determinación, su espíritu y su energía. Ahora, esas imágenes son mucho más relevantes que entonces, aunque ella siempre lo fue. Su forma de vestir, de peinarse, de maquillarse... Todo lo que tenía que ver con su estilo y su 'rollo' era muy siglo XXI. Una mezcla de ropa vaquera, labios rojos, ojos de gato y raíces oscuras. Todo lo que ella era entonces, lo es la gente ahora.

Así que ella fue la encargada de maquillarse y peinarse.
Desde luego. Lo tenía todo bajo control; sabía exactamente lo que quería y cómo lo quería. Esa misma tarde, nos conoció a mis padres y a mí en un sitio del Upper West Side donde salen todos los actores de Nueva York. Entró y paró el tráfico por completo. ¡No había nadie como ella! Era una visionaria de la vida y un ser 100% original.

Cuéntanos más sobre tu madre, Cis Corman. Era directora de casting, ¿verdad?
Sí, era directora de casting y después se convirtió en productora en la compañía de Barbra Streisand. Para mi esto es algo muy especial porque ahora tiene 90 años y sufre Alzheimer, así que estas fotos son como un homenaje a ella. Nada de esto habría sido posible sin su colaboración.

¿Cuándo empezaste en esto de la fotografía?
Empecé a hacer fotos después de estar con Avedon en 1983. Nunca recibí formación; me estaba preparando para entrar en la Facultad de Psicología. Me tomé un año sabático porque necesitaba un descanso y la fotografía apareció en mi vida casi por casualidad. Después me enamoré de ella y me di cuenta de que era lo que realmente me gustaba. La experiencia con Avedon me cambió la vida.

¿Cómo fue trabajar con Avedon?
Alteró mi vida en el mejor de los sentidos. Estaba junto a alguien muy apasionada, inteligente y cuya vida giraba entorno a su trabajo. Era brillante, generoso y egoísta, pero pasé mucho tiempo viajando con él. Uno de los proyectos en los que más participé fue In The American West, así que me pasé dos veranos enteros junto a él. Cambio mi forma de ver las cosas por completo; nos pasábamos el día hablando de arte y fotografía.

¿Cómo crees que la obra de Avedon ha influenciado la tuya?
Lo más importante de la suya eran los sujetos y la habilidad que tenía de ver a través de sus ojos. Él les dejaba que contaran sus propias historias. Para mí, las fotos que tienen un mayor significado son las que me enseñan lo que hay detrás de las personas.

¿Y qué historia nos cuenta Madonna en estas imágenes?
"Voy a dominar el mundo y voy a conquistar la cima. Nada me va a pasar y pienso abrirme paso entre cualquiera que se interponga en mi camino". Ese era el lenguaje que trasmitía. Algo real y natural, nada pretencioso. Cuando la conocí y fui a su apartamento, me llevó hasta el final de las escaleras para enseñarme el piso de abajo que estaba lleno de chulos. Ellos la protegían y siempre me decía: "Richard, no puedes entrar en el edificio hasta que me digas que ya estás aquí, porque tengo que decirselo a los chicos antes". Era la jefa de todo el barrio. La gente venía a su casa a comer pizza o a bailar y cantar en la terraza.

Las 66 polaroids de Richard Corman estarán disponibles este otoño acompañadas de una exposición.

Recomendados


Texto Rory Satran
Todas las imágenes cortesía y propiedad de Richard Corman