10 cosas que aprendimos de john waters a su paso por málaga

"Si alguna vez le haces comer excremento de perro a tu actriz principal, lo mejor que puedes hacer es llamar a un médico para saber qué puede pasar".

por Alberto Sisí
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11 Octubre 2017, 9:04am

Collage Álvaro Piñero

Han pasado más de cincuenta años desde que John Waters se decidiera a rodar su primera película y tan solo unos días desde que Alaska lo entrevistara en el escenario del primer festival Cultura Basura, que se celebró en La Térmica de Málaga los pasados días 7 y 8 de octubre. Fue algo más de una hora en la que el director reconoció que a sus 71 años ya no es el revolucionario que en su momento encumbró a esa figura que es, ha sido y será Divine como icono de lo trash.

Una cita ineludible para los amantes de, como el nombre del propio festival indica, la basura, y donde el director de cine presentó su película más recordada, Pink Flamingos, además de contar ante un público entregado algunos momentos estelares de su carrera en la que ha conseguido llevar una ciudad como Baltimore, las mayores parafilias y lo más políticamente incorrecto a las pantallas de los cines de todo el mundo dejando algunas imágenes en los anales de la Historia del Cine.

Junto al director también presentaron sus obras los artistas Eduardo Casanova, Matías Uris, Valeria Vegas, las Costus o Cristobal Tabares, entre otros, dentro de la exposición Bad Taste y bajo la batuta de la galerista Topacio Fresh. Un fin de semana para disfrutar sin complejos de lo que siempre se ha dado en llamar placer culpable pero que, en esta ocasión, de culpable no tenía nada. Un fin de semana en el que lo trash, lo queer y lo travesti también se dieron la mano al amparo de figuras como Jedet o Soy una pringada.

Estas son las perlas de sabiduría que John Waters dejó a su paso por Málaga. Una entrevista en la que la prensa no tuvo ninguna prioridad sobre los fans, realmente los protagonistas del encuentro.

Sobre la uniformidad
El director no soporta que las grandes franquicias hayan tomado todas las capitales del mundo, de Estados Unidos hasta Asia. Animó a no consumir dentro de las corporaciones culpables de lo que en su día se dio en llamar globalización y a volver a encontrar nuestro asiento en la cafetería del barrio antes de volver a tomar por enésima vez ese capuchino que cuesta algo menos que el alquiler.

Sobre el cine en los sesenta y el cine ahora
Para alguien que no es que comenzara su carrera haciendo películas de bajo presupuesto sino que prácticamente no contaba con uno, la revolución a la hora de contar con los medios necesarios para llevar a cabo un largometraje ahora no le ha pillado desprevenido. Hasta con un teléfono inteligente es posible llevar a cabo una película.

Sobre la corrección política
Alguien que hizo que su actriz principal en una película se comiera las heces de un perro reconoce que siempre hace lo que considera políticamente correcto, aunque la gente a su alrededor no lo vea así. Debe ser difícil quitarse el sambenito cuando sus películas han tocado temas como la gerontofilia, el incesto o la coprofagia.

Sobre esa escena en la que todos pensamos cuando nos acordamos de Waters
Precisamente sobre la escena de Pink Flamingos en la que Divine se deleita con las excreciones de un perro corría una leyenda urbana que aseguraba que el director había llamado preocupado a un hospital haciéndose pasar por un padre preocupado por su hijo el que se había comido unos excrementos. Efectivamente, la historia es real, pero la que se lo había comido fue Divine y lo único que los médicos le dijeron fue que podía contraer lombrices que, por otro lado, la actriz nunca sufrió.

Sobre la protesta
En cincuenta años, no ha habido una sola película de John Waters que se pueda considerar un drama, pues la máxima del director es que todo ha de tomarse con humor, sea lo que sea —y eso, alguien que ha protestado contra el puritanismo estadounidense o el republicanismo más exacerbado, lo sabe bien—.

Sobre la confrontación política
En un momento en el que la discusión política está encima de la mesa prácticamente en cada punto del globo, John Waters reconoció haber acudido a la universidad para ser capaz de argumentar y desmontar a los que no piensan como él.

Sobre la Navidad
Aunque pudiera parecer lo contrario, al director le chifla la Navidad y así lo reconoció en la entrevista. Nada extraño si tenemos en cuenta que sacó un disco de villancicos en 2004, que ofrece recitales cerca de las fechas navideñas desde hace unos cuantos años o que en la mayoría de sus películas existe una representación más o menos extensa de las mismas.

Jedet soy una pringada
Jedet y Soy una pringada. Fotografía Matías Uris

Sobre los nuevos 'influencers' trash
John Waters no tuvo reparo alguno en reconocer cómo Soy una pringada, con más de 150.000 seguidores en Youtube, o Jedet, con más de 120.000 (además de otros invitados al festival) habían jugado un papel primordial a la hora de hacer llegar el cine trash o sus propias películas a los más jóvenes en un país como España. Lo cierto es que la edad de los asistentes así lo confirmaba.

Sobre ser 'underground'
A pesar de haberlo sido durante la mayor parte de su carrera, Waters considera que ya no lo es. Según las propias palabras del director, "nadie puede serlo cuando ya tiene más de 70 años y posee tres casas en propiedad".

Sobre sus gustos más íntimos
El director no tuvo reparos en reconocer que le chifla Justin Bieber, y también reconoció que su novio perfecto sería un 'hacker': mal vestido, inteligente y de los que se quedan en casa el fin de semana. Puede sonar personal pero, quizá, esa fue una de las partes menos íntimas de todo lo que el director contó a su paso por Málaga.

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