Collage por Rogelio CDA 

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'Alan era una heroína underground de la Ciudad de México. La Grace Jones del México de 2017'.

por Caitlin Donohue
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27 Septiembre 2017, 5:43pm

Collage por Rogelio CDA 

Alan creó gracia en un mundo que no la tenía. Tenía tanta que te la prestaba para hacer una canción, para una foto, por la duración una obra teatral. Él quería que también tuvieras su gracia.

El domingo después de su muerte le rendimos homenaje en una fiesta extraña y hermosa. Extraña porque las invitaciones se enviaron cuando todavía estaba vivo, quienes fueron habían confirmado su asistencia antes de que Alan perdiera la batalla contra el avance del SIDA, contra una infección cerebral, contra la falta de seguro médico y el personal deliberadamente prejuicioso del Hospital General de la Ciudad de México. Tal vez una fiesta sudorosa y alcoholizada habría resultado incorrecta menos de 24 horas después de la muerte de ciertas personas, pero para quienes conocían a Alan, que hubiera un lugar donde lucir un look para honrarlo era algo necesario y distaba mucho de ser algo frívolo.

Su familia programó una misa esa misma tarde, pero muchos de nosotros no asistimos. Los 'alanitas' sabíamos que hacer oraciones católicas por su bienestar era una profunda herejía.

Alan Balthazar era una heroína underground de la Ciudad de México. Hace cuatro años se mudó a la capital desde Tampico y se convirtió tanto en su musa como en su documentalista. Alan era fotógrafo, actor, modelo y encargado visual detrás de los escaparates y las actualizaciones de Instagram de la única tienda de American Apparel del país.

Pero lo que garantizará su lugar en los libros de historia cultural es su irradiante estilo personal, que se conserva felizmente en su ingenioso catálogo de selfies. Alan fue la Grace Jones del México de 2017, una deidad de género ambiguo ataviada en largos vestidos, grandes aros dorados por pendientes, medias brillantes o pantalones de cintura alta ceñidos con una justeza pornográfica a la sección media de su cuerpo.

Algunas personas piensan que la moda y la vida nocturna te alejan del objetivo de cualquier movimiento social. Alan sabía que eso era una tontería. Él construía sus atuendos lentamente, dotando al proceso de un respeto profundo. Alan te inspiraba a invertir tiempo en pulir tu armadura estética.

Pregúntale a cualquier persona afeminada y fuerte sobre el valor protector de un look bien logrado, sobre el poder ensordecedor de combinar tu labial con tu esmalte de uñas. Los looks milagrosos de Alan -escucha, esto es importante- eran armaduras.

Durante años, Alan y yo vivimos en la intersección de las calles Bucareli y Tolsá, en medio del distrito de reparación de autos de la colonia Juárez. Todos los días caminaba al trabajo en atuendos perfectos mientras hombres ociosos le proferían insultos homofóbicos. A pesar de su belleza, una vez le negaron la entrada a ese dinosaurio de la vida nocturna de la Ciudad de México: el M.N. Roy. Incluso los amigos eran propensos a hacer comentarios inapropiados sobre la hermosa melanina de la piel de Alan, un regalo de su padre haitiano.

En los años que duró nuestra amistad, también hubo ciertas normas sociales que me resultaron fastidiosas, pero cuando me retraía, Alan estaba ahí, a mi lado, floreciendo bajo la vigilancia racista y heteronormativa, como uno de esos lagartos que despliegan una gorguera arco iris cuando se sienten amenazados.

Con este glamour ritualista como punto de partida, la obra maestra posdramática de Pepe Romero, Fancy Lupe, tuvo a Alan como su personaje principal y núcleo moral de la obra. Aunque podemos dudar de la integridad de los otros personajes y de su papel en el sistema que busca aplastar su voluntad, era imposible corromper a Alan como Fancy Lupe. Las apariciones de Lupe en el escenario, con los fantásticos diseños de Bárbara Sánchez-Kane durante el último ciclo de la obra, eran refrescantes. Fancy Lupe, una confluencia entre Grace y la Virgen de Guadalupe, representa la absolución real de la culpa y la negatividad a las que los católicos son nominalmente tan aficionados.

Frente al público de la obra, Alan como Fancy Lupe alcanzó el estatus de diosa. Él era la prueba de nuestro poder para abandonar los efectos dañinos de la religión y de una vida familiar represiva. Semanas antes de su muerte, Fancy Lupe fue elegida para la 38ª Muestra Nacional de Teatro de México. Pepe, quien pasó la última semana de vida de Alan a mi lado, buscando costosos medicamentos restringidos y esperando afuera del Hospital General durante horas para visitar a nuestro amigo sin éxito, tendrá que averiguar por sí mismo cómo continuar su obra.

Ese domingo, curándonos a nosotros mismos en un tipo propio de velatorio, oscilábamos entre un baile eufórico, batallas de vogue y violentos sollozos. La mayor parte del tiempo me mantuve aparte, feliz de sólo observar. Estos club kids, pensé, ¿cuántos de sus atuendos se podían vincular directamente con la moda cotidiana de Alan? ¿Ése, sacudiendo su larga falda hasta lucir su tanga negra? ¿O ella, con el ajustado bustier? Ellos no necesitan leer este elogio. Saben que la fiereza va más allá de la estética.

El problema de la obsesión actual de la moda por el estilo genderqueer es que la estética se celebra, mientras que la urgencia detrás de estilo queer apenas se menciona. Espero que los blogs, las marcas, los estilistas y los fotógrafos que rinden homenaje a Alan y que lo usaron en su collage de ideas recuerden honrarlo verdaderamente, debemos hacer todo lo posible para proteger a los ángeles queer y trans que todavía están entre nosotros.

Para aquellos confundidos respecto a lo que esta protección podría implicar, tengo una propuesta. La próxima vez que contrates a un modelo genderqueer o trans, págale el doble. La próxima vez que diseñes una colección sin género, dona algunas ganancias a una organización que promueva la educación en cuestión de género y sexualidad. Si tienes empleados, cerciórate de que tengan un seguro médico.

Si lo olvidas, no estás honrando a la gente queer y trans: estás chupando su sangre. Aunque los comentarios de que Alan murió por falta de dinero no son ciertos, dado el inmediato y hermoso flujo de fondos por parte de sus amigos y conocidos cuando lanzamos su financiamiento colectivo de emergencia, lo que es indiscutible es que, si hubiera sido debidamente compensado por su arte y su trabajo, habría tenido más opciones de tratamiento para elegir desde un principio.

El domingo de la fiesta, un borracho afable puso su brazo alrededor de mis hombros y susurró con humedad un imprevisto consuelo en mi oído: "Alan ya no es una persona -dijo-. Ellos son algo que solía ser una persona y ahora es una energía que todos llevamos dentro".

Espero que esto sea cierto, porque sé muy bien que Alan realmente quería que todos tuviéramos el valor de ser como él. Si todos tenemos a Alan dentro de nosotros, el mundo ahora es un mejor lugar. Usaremos ombligueras e ignoraremos a los haters con una fuerza devastadora. (Me reí en nuestro velatorio cuando alguien comentó que Alan nunca tenía nada malo que decir sobre nadie. Él sabía muchos chismes, pero sabía también que la ropa sucia se lava en casa). Amaremos a nuestros amigos con pasión y les tomaremos fotos que rindan honor a su profundo glamour. Nos veremos en el espejo y veremos una revolución. Seremos Grace.

Este artículo fue publicado originalmente por i-D México.