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9 lecciones que hemos aprendido del nuevo libro de putochinomaricón

"La lucha disidente sexual será antirracista, anticapacitista y feminista o no será".

por Raquel Zas
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14 Junio 2019, 10:59am

Suponemos que si eres un lector asiduo a i-D, o tienes Instagram, o has ido a cualquier festival underground de este país, ya conocerás de sobra a Putochinomaricón. Sí, su nombre artístico puede que fuese el mejor escaparate para que todos girásemos la cabeza para mirar, pero detrás de esas canciones surrealistas e irreverentes hay un potente discurso. Ya lo hemos dicho en muchas ocasiones, pero es que él no para demostrarlo. Lo hace a través de su cuenta de Instagram, en su columna de El País, y ahora en un libro que acaba de publicar con la editorial Plan B: Arroz tres delicias. Sexo, raza y género (como ves, todo lo que bautiza es pura disidencia en sí). En la portada, aparece un tierno retrato de su infancia, bajo una frase dilapidaria garabateada de forma violenta: "Vete a tu puto país".

Pues bien, lo bonito de este libro es que vamos más allá del escenario, incluso de los hiperbólicos maquillajes que suelen cubrir su rostro, para adentrarnos en la infancia de Chenta Tsai, un niño que creció en un país que era el suyo pero a la vez no. Si tuviese que clasificarlo, me costaría; no es una novela, no es un ensayo, y por supuesto no es un maldito libro de autoayuda. Simplemente son una recopilación de reflexiones sinceras, honestas y muy inteligentes que un artista ha querido compartir a raíz de todo lo que ha aprendido como disidente sexual racializado, nacido en Taiwán y crecido en una España todavía muy castiza. Si has crecido como un niño racializado, o no binario, o ambas, te sentirás identificado con las palabras de Chenta. Pero creo que todavía es más necesaria la lectura por parte de cualquier individuo blanco hetero cis (como yo). Cuando alguien te habla sin tapujos, en primera persona, sobre los más íntimos momentos de su infancia, su juventud y su familia, te das cuenta de que todavía no tenemos suficiente conciencia sobre todo esto. A continuación, nueve lecciones que puedes aprender del nuevo libro de Putochinomaricón.

Deja de recordarle a un chino que es chino
En serio, ni por asomo somos conscientes del estereotipo ridículo y chistoso que gira entorno a la población china (y asiática en general). Algunos le llaman humor, pero además de no tener gracia, es curioso cómo todo nos parece chistoso cuando no somos nosotros el foco de burla. Así que puedes empezar por no recordarle a un chino que es chino, o no sorprenderte porque habla muy bien español. Parece una tontería, pero cuando eres un joven que vivió en un país desde los once meses, no hace más que hacerte sentir un extraño en tu propia casa.

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Necesitamos más referentes racializados en la televisión y en el cine
Aunque esto está cambiando, todavía son ejemplos aislados y en muchas ocasiones forzados para cubrir la cuota de diversidad que marca la presión social en la actualidad. Pero la gente racializada, al igual que los disidentes sexuales, todavía están muy lejos de sentirse representados como las personas blancas cis heteronormativas. De esta forma, estamos homogeneizando a una comunidad, como si fuera unidimensional. Esto lo explica muy bien Chenta: "Es importante identificarnos en nuestra totalidad. En nuestro conjunto de todos nuestros componentes. Interseccionar, no diseccionar, y manifestar la suma de opresiones que nos componen como personas íntegras".

Pertenecer a una subcultura es mucho más que estética
Parece que hoy en día se esté desvirtuando el valor de la palabra subcultura, parece que la hemos resumido a un puñado de códigos estéticos que no van más allá de la ropa, pero no debemos olvidar que este concepto tiene un significado totalmente político y reaccionario. "Me atraía la inconformidad de las personas que se exhibían, que intentaban ser diferentes, pero también formar parte de algo", explica Chenta.

Internet puede ser un espacio seguro
Aunque ahora hablemos de internet y las redes sociales como un foco de problemas de salud mental, lo cierto es que sus inicios, para los que crecieron a la par que internet, este se convirtió en un auténtico refugio donde encontrar gente como tú cuando te sientes excluido de la sociedad. Era un mundo virtual, si, pero era muy real para todas esas personas. Y tenía un efecto igual de real en sus vidas. "Porque nuestros cuerpos como disidentes sexuales eran anulados por la ciudad. Los foros, los chats, los espacios de cruising se convertían en espacios donde trazar redes alternativas de conexión de deseos", confiesa.

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Los disidentes sexuales se ven obligados inconscientemente a seguir las reglas de las relaciones heteronormativas
"Este discurso pone en evidencia la idea de que muchos siguen concibiendo las relaciones como una interacción entre un sujeto dominante y otro que lo complementa, lo cual crea una relación cimentada sobre desigualdades y fomenta la idea de que la relación heteronormativa sigue siendo el estándar, la medida de la calidad de una relación, sea o no disidente sexual".

"Colega, ¿qué haces agachao pastando con las vacas con ese pedazo de cuello?"
Puede que para las personas cis heteronormativas, algunas quejas de disidentes sexuales parezcan exageradas, pero Chenta explica muy bien cómo es crecer con dos manos que te aprietan las caderas para que no las ladees al andar, que te digan que no gesticules tanto o que tienes la voz demasiado aguda para ser un hombre. "Ojalá un día me dé cuenta de que nunca voy a ser como uno de ellos. (...) Hasta entonces seguiré siendo esa jirafa que pasta. Pero ahora por lo menos soy consciente de que un día podré usar mi cuello", afirma.

La violencia homófoba sigue existiendo en todas sus formas
En un capítulo particularmente personal, Chenta cuenta cómo al volver a casa una furgoneta con cuatro tíos de unos treinta años frenaron junto a él, le tiraron una botella de vidrio a los pies y le gritaron: "Maricón, vete a tu puto país". Nadie, absolutamente nadie debería recibir ese trato por ser como es. Afortunadamente, Chenta aprendió a usar todo ese odio para construir su discurso, y ahora su música entona el lema: "Vete a la mierda, porque yo me quedo aquí".

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Usa la rabia como herramienta de poder
Puede que alguna que otra persona piense que el nombre de Putochinomaricón es una frivolidad, una manera de llamar la atención. Pero lo cierto es que es un exorcismo de todas las injusticias y desigualdades que ha vivido. Por eso, al igual que hizo la teoría queer, "recogí todos los escupitajos, los insultos, y me apropié de ellos". Por eso es necesario apropiarse de todas las palabras que pretenden volverte débil para poder enfrentarte a lo que te oprime. Bautizarse como Putochinomaricón ha sido la manera en que Chenta se ha apropiado de esas tres palabras para que pierdan su fuerza opresiva.

Por último, una de las sentencias más importantes de libro, y que conviene recordar:
"La lucha disidente sexual será antirracista, anticapacitista y feminista o no será".