es oficial: las 'it girls' están acabadas

Con el auge de las redes sociales y la oportunidad que estas ofrecen a las jóvenes estrellas para controlar sus propias narrativas, la 'it girl' pasiva ha dado paso a una nueva generación, que no necesita que el New Yorker hable por ella, porque ya lo...

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16 Marzo 2016, 10:52am

En 1994, con un artículo en el New Yorker de una chica de diecinueve años llamada Chloë Sevigny, Jay McInerney creó su obra de ficción más memorable. El icono de la generación del Brat Pack de los 80 fue la encargada de seguir este fenómeno de anti estrellas —que vivían como okupasprotagonizaban vídeos de Sonic Youth y acudían a velatorios cargados de heroína del recién fallecido River Phoenix— para descifrar su atractivo y explicarlo a la gente común. En su obra, McInerney trazó los parámetros del término que pasaría a describir en el mundo de la moda a cualquier joven inteligente que se paseaba por la escena: la It Girl.

Unos 20 años después, leer el artículo de McInerney es como observar una descripción de las normas de la moda; cada giro y observación de Sevigny ha sido reciclado en los medios contemporáneos. Resulta significativo que McInerney fuera ante todo un novelista, puesto que en Chloë's Scene, Sevigny habla como un personaje más que como una persona real. Para McInerney —acostumbrado al ecosistema de la élite de las fiestas y los excesos económicos de los EE. UU. de los 80— Sevigny, con sus modelitos de 15 euros y sus raves underground, era todo un enigma. Su estilo, con su esbelta delgadez, representaba la década emergente; su actitud estaba lista para venderse, simplemente, como "It".

La característica fundamental de la It Girl -que también ha de ser delgada, con una sexualidad secreta, un estilo patente y un atractivo poco convencional- es que sobre todo ha de ser novedosa.

La moda se fija en sus It Girls para predecir el futuro; son la sombra que se proyecta sobre las tendencias de la próxima temporada y las editoriales del próximo mes.

Ganarse este título es un negocio lucrativo. En 2008, Alexa Chung se convirtió en la última de la estirpe, modeló su estilo a partir del de Jane Birkin y se paseó de la mano con los músicos más buenorros de toda Inglaterra y con el bolso de Mulberry que lleva su propio nombre. Definió el gusto de la década por todo lo indie y su relevancia tuvo tanto éxito que consiguió forjarse una carrera basada en la credibilidad de su estilo y en un marketing muy avispado que la utilizaba a ella como referencia. Publicó un libro titulado It sacando partido de su reconocido estatus de icono y, unos años más tarde, Cara Delevingne puso un pie en la escena pronosticando el auge de las modelos nacidas en las redes sociales.

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Marcelo Krasilcic, 1994

Las trayectorias tanto de Chung como de Delevingne demuestran que, cuando tiene éxito, una it girl debería explotar su momento bajo el foco de atención para construir una carrera, pero ¿qué ocurre cuando no puedes encarnar lo efímero? ¿Qué pasa cuando dejas de ser It?

Mientras que algunas mujeres han logrado capitalizar la adoración colectiva que han recibido, otras se han visto maldecidas por el hype. Dado el potencial comercial que tiene el hecho de glorificar a una mujer como It, el término se aplica a menudo de forma demasiado precipitada. Cory Kennedy fue un fenómeno fugaz, fue portada de NYLON y poco más, y Mischa Barton desapareció de nuestra vista tras su paso por The O.C. Para estas mujeres, el hecho de haber sido etiquetadas fue lo que acabó con su carrera justo cuando empezaba a despegar. Es fácil invertir en la it girl mientras es visible, pero la cultura ha empezado a metabolizar las novedades con tanta rapidez que si una mujer no está omnipresente y lista para ser consumida en todo momento —en todas las revistas, en todas las fiestas y con los amigos adecuados— se deja de lado de inmediato.

El término se ha utilizado de forma tan extendida que su esencia ha quedado enterrada bajo el código HTML. Hoy en día, It Girl es una expresión de uso tan extendido que lógicamente no puede denotar una rareza; debería definir a un icono, pero lo que significa realmente es novedad.

Toda esta pereza editorial ha tenido sus consecuencias; mientras que cualquier mujer de hoy en día puede ser etiquetada como it, el uso del término está lejos de ser algo representativo. Aunque podemos señalar a actrices de éxito como Lupita Nyong'o y Hari Nef como prueba del poder permanente de la etiqueta para crear un icono, estos ejemplos son tan escasos que no pueden probar que la regla sigue siendo válida, pues se trata de una excepción. Básicamente, la idea de esta figura es que has de ser nombrada en lugar de autoproclamarte; y los medios a menudo ignoran el mérito de las mujeres de color, del colectivo LGBTQ y de las mujeres con discapacidades.

Photography Alasdair McLellan.

Esto no quiere decir que nuestra admiración por estas mujeres sea algo malo —el respeto de mujer a mujer es crucial a la hora de asegurar que las chicas sigan siendo marcadores de tendencia en la cultural— pero es hora de recuperar los estereotipos que fueron creados, de forma inocente o no, por los hombres. La pista está en el propio nombre: ¿cómo podemos esperar un dinamismo de alguien que casi literalmente estamos diciendo que es algo inanimado? "It" sugiere la idea de una mujer pasiva, una mirada inescrutable, un espejo que refleja nuestra propia fascinación más que la mujer en cuestión.

Raras veces esperamos que las it girls hagan algo más que calmar nuestra sed de tendencias y queden bien en fotos de fiestas. Desde que el auge de las redes sociales ha permitido que las estrellas en ciernes controlen su propia narrativa, este tipo de chicas han empezado a percibirse como algo pasado de moda. 

No sería muy adecuado describir a mujeres del momento como Amandla Sternberg, Tavi Gevinson y Barbie Ferreira como "It" porque son mucho más que eso. Mientras que Sevigny impulsó la imagen de la it girl, estas chicas la están destruyendo; no necesitan una reseña en el New Yorker para que hable por ellas, porque ya lo hacen ellas mismas.

Los medios se han visto envueltos en un intento de reciclaje. Al igual que las películas que siguen la fórmula de Hollywood y todas esas precuelas y secuelas sin fin de la industria, la moda se ha aferrado a la silueta forjada por Sevigny de forma tan persistente que nos está cansando. Es hora de que volvamos a seguir la idea original, abandonando los remakes y dejando claro su legado. El atractivo de Sevigny estaba en su implicación en la vanguardia y lo iconoclasta y ahora hay muchas estrellas prometedoras listas para seguir sus pasos. Tan solo tenemos que descubrirlas. 

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Texto Rachel Wilson
Fotografía Alexa Chung x AC Jeans