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la fotógrafa que documentó su vida para luchar contra su enfermedad mental

En una serie de autorretratos íntimos, la fotógrafa británica Alice Joiner fue capaz de reflejar su viaje a través de las asfixiantes garras de un trastorno alimentario, el consumo de drogas y la depresión hasta su recuperación final.

por Alice Joiner
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13 Enero 2017, 8:24am

Vivir con una enfermedad mental es una de las formas más aterradoras y solitarias de existir. Lo sé porque sufrí un trastorno alimentario durante cinco años, además de depresión, ansiedad y un descontrolado consumo de drogas, que llegaron a adueñarse de mi vida. En medio de mi sufrimiento, encontré de forma consciente un modo de decirle al mundo que yo no estaba bien. A pesar de que me sentí arrastrada hacia el silencio y me enamoré de él -por lo que no compartí las fotografías que hice durante muchos años- lentamente fui reuniendo un conjunto de trabajo que ha evolucionado a través de mi curación hasta el día de hoy y conforma todo lo que creo como artista y como mujer en recuperación.

Tengo 23 años y se aproxima el cuarto aniversario de mi recuperación. Empecé a hacer fotos en mi adolescencia, cuando estaba en un internado en Brighton. Me gustaba esconderme en el cuarto oscuro durante horas, inmersa en mis revelados y mis negativos. Me resultaba relajante y podía ocultarme en mi propio espacio seguro durante lo que fue una de las etapas más difíciles de mi vida. En aquel momento estaba documentando mi enfermedad, pero nunca compartí esas imágenes con nadie.

Por aquella época estaba tan anulada por mi enfermedad que no podía comprender que no me encontraba bien. Era incapaz de verlo, pero aun así sabía que había algo que no marchaba nada bien. Me sentía profundamente incómoda en mi cuerpo. Nunca me habían explicado nada sobre trastornos alimentarios o enfermedades mentales en el colegio y no sabía que podía recibir tratamiento para ellos. Durante años me negué a creer que estuviera sufriendo nada de aquello.

Yo vivía en un mundo que era absolutamente blanco y negro. Hacía enormes dibujos en blanco y negro, hacía fotos en blanco y negro y la mayor parte del tiempo la ropa que llevaba era totalmente negra. Dibujar y revelar fotografías requieren trabajo, cuidado, paciencia y tiempo. Desde que me he recuperado no he vuelto a sentir el deseo de trabajar en ninguno de estos medios porque siempre implicaban cierto elemento de control y de ocultarme del mundo. Eso no significa que nunca vaya a regresar a ellos, pero por ahora no pueden darme lo que necesito. He encontrado la belleza en la cualidad instantánea de mis trabajos, es algo inmediato y ostenta mucho más poder y confianza para mí que nada de lo que haya hecho antes.

Conforme empecé a recuperarme lentamente, descubrí que la luz y el color eran las cualidades más fascinantes y sanadoras de todas. Nunca había sido capaz de apreciar lo bellos y sanadores que son esos elementos en mi vida. Cuando has vivido en medio del caos durante tantos años y de pronto empiezas a aprender a echar el freno, eres capaz de ver todo lo que eras antes. Para mí, eran todos los elementos que conllevan estar viva y todo lo que había sido incapaz de disfrutar anteriormente. Empecé a conocerme a mí misma en profundidad y, como resultado, fui capaz de mostrarme vulnerable y dejar que la gente entrara en mi vida más que nunca.

En los últimos años he podido abrirme y comprender la naturaleza cíclica de mi vida, construida sobre el placer, el dolor, el amor, el miedo, la consciencia, el sufrimiento y una profunda sensación de propósito en todo lo que hago y en cada fotografía que tomo. Las conexiones humanas, la sexualidad femenina, las mujeres, las relaciones, la intimidad y la sanación son las fuerzas que impulsan lo que creo, y siempre me sentiré fascinada y atraída por lo que representa todo esto en la vida para mí. Mis propias experiencias personales de dolor y trauma, así como la curación posterior, no solo dominan mi obra, sino también todas las decisiones que tomo hoy en día.

Vivimos en un mundo en el que se dice a las mujeres que compitan las unas con las otras. Se nos dice que tenemos que tener determinado aspecto, poseer determinado producto, tener grandes cantidades de dinero y conocer a las personas adecuadas para ser felices y tener éxito. La imagen típica de las mujeres en los medios indica que tenemos que ser guapas, delgadas, con cuerpos tonificados y sin vello. Se nos anima a creer en la separación entre nosotras en lugar de que todas seamos una, en un momento como el actual, en el que nunca antes habíamos necesitado tanto que exista unidad y hermandad entre nosotras. Fantaseamos y proyectamos en las demás lo que queremos para nosotras mismas y nos centramos en lo que no tenemos, intentando conseguirlo como sea. Nos enfrentamos a la presencia online ―a menudo fraudulenta― de quienes buscan el uso de las redes sociales como medio para crear una imagen de algo que no son, y muchas veces nos la creemos.

Como fotógrafa, siento que es mi deber ser fiel a mi propósito y mi deseo de centrarme en el yo físico, en la intimidad y en las interacciones humanas. Conforme mi curación ha ido cambiando, mi obra también lo ha hecho y también mi percepción de mí misma. Empecé a fotografiar mi cuerpo para poder verlo desde fuera y aceptarlo. Comencé a sentirme más sana, más sexy, más femenina y ligera, y aprendí a confiar en el proceso. Si alguna vez hago una fotografía de mí misma en la actualidad, cosa que no sucede muy a menudo, es siempre una celebración de algo. 

Creo que mi cuerpo cuenta una historia y me siento orgullosa de ello. He elegido no criticar mi cuerpo porque ha luchado muy duramente para llevarme hasta donde estoy ahora. Me ha llevado hasta el infierno y me ha sacado de él muchas veces, cuando creía que no sobreviviría. Así que, ¿por qué demonios debería odiar mi cuerpo? ¿Qué habría sido de mí sin él? Como resultado, nunca me he sentido tan empoderada y bella como ahora. Ahora puedo compartir lo que he aprendido y creado con la esperanza de poder cambiar la actitud hacia la estigmatizada enfermedad mental y hacia el modo en que se representa a las mujeres en la sociedad.

Las mujeres son innatamente seres creativos y para mí es todo un privilegio poder expresarme con mi propia creatividad y construir una vida con ella mientras trato de contribuir al cambio en el modo en que se nos percibe, como seres humanos y como mujeres. Ralentizando el ritmo y aprendiendo a acallar mi interior he encontrado un pozo de propósito y creatividad que ni siquiera sabía que existía. Todos tenemos uno en nuestro interior, solo hay que lanzarse a por él. En última instancia, lo que me han enseñado la sanación y la aceptación de mí misma es que no hay absolutamente nada fuera de ti que pueda hacerte feliz a la larga. Ninguna persona, objeto, interacción o adquisición pueden darte más de lo que tú puedes darte a ti mismo. 

La fotografía también me ha enseñado todo esto, porque me hace sentirme presente y viva. Es una forma muy bella de vivir, porque de pronto todo lo que tienes fuera de ti misma se convierte en una maravillosa adición a lo que ya tienes en tu interior. Todo lo que necesitas y deseas ya existe dentro de ti. Si hay una voz en tu interior que te dice que mejores, debes escucharla, actuar en consecuencia y confiar en que todo irá bien, porque realmente así será. Todo se reduce a llegar al hogar, desaprender el miedo y recordar el amor". 

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Texto y fotografía Alice Joiner

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Salud Mental
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