¿a qué se debe el auge de la fotografía analógica?

A pesar de que la tecnología ha invadido todos los aspectos de nuestras vidas, la nueva generación de talentos emergentes está volviendo a los métodos del pasado con el fin de expresarse y marcar la diferencia.

por Alberto Sisí
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09 Septiembre 2016, 9:30am

En un momento en el que la gente prefiere escuchar su música en vinilo y disfruta de la oda audiovisual ochentera que es la serie Stranger Things, era de esperar que un formato como la fotografía -que tantas innovaciones ha experimentado- también echara la vista atrás. Con cámaras en los teléfonos móviles que consiguen imágenes de mayor calidad que muchas cámaras profesionales, existen jóvenes profesionales de la fotografía que han optado por volver a la de siempre: a la analógica.

Ya sea por el grano, por el hecho de poder sujetar el resultado en las manos o por ese fetichismo que algunos sienten hacia lo material de otras épocas, lo cierto es que este amor por lo analógico va mucho más allá del vínculo que sentimos por las fotografías de revelado automático (que todos hemos vivido en una noche de fiesta) o los armatostes que antaño transportábamos. Se identifica mucho más con la búsqueda de una contraposición a la inmediatez que otorga la imagen digital, la ausencia de retoque y, en definitiva, la vuelta a los inicios de una vida algo menos frenética.

El disparar con carrete es algo que muchas firmas han empezado a rescatar dentro del mundo de la fotografía de moda. Buen ejemplo de ello es la obra de la jovencísima Harley Weir, que con su especial e íntima visión del universo femenino ha captado la atención de las mejores publicaciones de moda del momento. Sus campañas y editoriales, que nos muestran a sus sujetos de la forma más honesta posible, se han viralizado en numerosas ocasiones y parte de su enigmático encanto está en el uso de la película y en todo lo que esta nos transmite.

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Fotografía Harley Weir

No hay lugar para el retoque ni para la floritura a la hora de fotografiar con un equipo analógico. Lo que ves es lo que, después de un proceso de revelado, obtienes. Si sobre la pasarela triunfan estéticas que recuerdan a los años 90 más crudos, las campañas de las firmas más punteras no iban a dejar pasar la oportunidad de parecerse a pioneros como Mario Sorrenti o David Sims. Ahora, que cada vez más firmas apuestan por basar su imaginario en la cultura callejera y las generaciones venideras se están liberando de la dictadura del Photoshop, no tiene mucho sentido que su fotografía sea igual de limpia y pulcra como recién lanzada desde una cámara digital.

Ejemplos de fotógrafos que crecieron viendo las campañas analógicas de los grandes en los 90 son Jamie Hawkesworth o Colin Dodgson, ambos referentes claves para entender la nueva estética que empieza a establecerse en la industria.

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Fotografía Colin Dodgson

En España, Alejandría Cinque es uno de esos profesionales de la fotografía que se ha decidido por el papel. Lejos de enamorarse de lo que no se palpa, ha continuado disparando fotografías con su cámara analógica, que luego revela e imprime en forma de fanzine bajo el título de We Are the Disposable Generation (y ya a va por el tercer número).

"Dudo del auge de la fotografía analógica. Es verdad que no ha muerto y, gracias al trabajo de muchos usuarios, lo analógico sigue siendo posible. Por desgracia, este tipo de medio depende mucho de que exista una red de empresas, laboratorios y fabricantes para que se pueda seguir revelando y experimentando", apunta Cinque con certeza señalando la mayor diferencia de lo analógico con lo digital. "Una de las principales diferencias es el tiempo. Los tiempos de producción, pensamiento, consumo y afecto son completamente distinto entre una fotografía analógica y una digital. Para empezar, la analógica cuenta con lo físico, que nos acerca literalmente a ella", añade.

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Fotografía Alejandría Cinque

Si la utilización de la película fotográfica en las nuevas promesas de la fotografía responde a la necesidad de cumplimentar unos requisitos dentro de la nueva estética, para Cinque el acercarse a ella fue algo mucho más pragmático: "Empecé a usar las cámaras desechables cuando empecé a hacer fotos en fiestas, ya que el riesgo de dañarlas o perderlas era algo que me preocupaba mucho menos que sufrir un accidente con mi recién comprada réflex. ¡Me costó un verano entero trabajando de 'palomitero' en un cine!". Ademas, también reflexiona acerca de lo invasivo de estas cámaras a la hora de retratar a quien tiene delante: "También recurrí a ellas por la clandestinidad que aporta su tamaño reducido. Cambia mucho la relación con las personas fotografiadas según la presencia que tenga la cámara. Con una réflex con 'flash' externo, la gente te busca, pero con una desechable soy yo quien encuentro a quien me interesa."

Y aunque el auge de la fotografía en carrete responda a ciertas exigencias actuales de la industria de la moda (que algunos verán como algo que tal como vino, se marchó), Alejandría nos recomienda a sus favoritos, que llevan décadas utilizando técnicas de revelado: "Por un lado, puedo hablar de Paco y Manolo, para los que he posado varias veces para su revista homoérotica Kink y que reflejan a la perfección esta filosofía: mejor fotografiar con cinco cámaras distintas que cada una hará un trabajo distinto. También están Laura San Segundo y Laura Carrascosa, dos grandes fotógrafas de mi generación con las que he tenido el gusto de trabajar y a las que admiro mucho."

Altos costes y paciencia en el momento de la instantaneidad parecen ser las grandes desventajas de una forma de retratar que gana más adeptos. Más centrados en el resultado final que en el proceso, los fotógrafos jóvenes que crecieron con una determinada técnica parecen estar dejando a un lado (al menos de vez en cuando) las siempre ubicuas cámaras digitales. Solo el tiempo nos confirmará si se trata de una moda pasajera o está aquí para quedarse.

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Texto Alberto Sisí
Imagen principal vía @jamie.hawkesworth

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