hippies, punks, skins y raperos: así fueron los 90

Con la vuelta de This Is England a las pantallas, damos un paseo nostálgico hasta los 90 para recordar esa imagen de tribus urbanas especialmente diversas bailando bajo un mismo techo…

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15 Septiembre 2015, 11:00am

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No nos engañemos: salir de marcha en los 90 no era muy diferente a salir de marcha ahora. Teníamos los clubs de música comercial y otros con música underground, fiestas legales y otras ilegales, en unas se podían mezclar grupos diversos de personas y otras tenían un público más homogéneo, unas eran más pijas y sofisticadas y otras asquerosamente mugrientas. 

Había que aprender la jerga y pasos de baile para cada ocasión y las extrañas modas pasajeras aparecían y desaparecían de la noche a la mañana. Solías entablar largas conversaciones con gente que podía convertirse fácilmente en tu mejor amigo, la peor de tus pesadillas o simplemente un vago recuerdo que se desvanece como el humo. 

Salías de marcha, te ponías hasta las cejas, bailabas bajo luces intermitentes al ritmo de una música demasiado alta, acababas con los zapatos llenos de porquería, intentabas coger un taxi, intentabas encontrar un after, intentabas averiguar dónde estabas, descansabas y vuelta a empezar. El ritual nocturno básico era el mismo de siempre.

Pero, obviamente, había algo más allá de todo eso. Sobre todo durante la primera mitad de la década, antes de que el Britpop acabara siendo una trágica parodia de la música rock y ofreciera a la industria un refugio seguro lejos del caos de las fiestas desenfrenadas - y antes de que la cultura de club desapareciera para trasladarse a Dubái y Singapur - había una magia real en el aire. 

Tenía 16 años en 1990, había visto a los hermanos mayores de mis compañeros de clase quedarse atrapados en la primera explosión del acid house, y vi cómo todo estaba cambiando a mi alrededor, parecía que de algún modo la tecnología, la subcultura y la química estaban cambiando el mundo de y, para bien o para mal, lo estaban haciendo de verdad. 

La retórica del "come together as one" de los temas de dance más pegajosos podría verse como una ingenuidad utópica al mirar atrás, pero si vemos más allá de los alegres coros, la gente se estaba uniendo de verdad de una forma más turbia.

Los ochenta trajeron la última descarga de verdaderas tribus urbanas del siglo XX. Está claro que la gente todavía se define por la ropa que lleva y sus afiliaciones, pero por aquel entonces la imagen de grandes grupos de mods, punks, skins, casuals, yuppies o lo que fuera formaba parte del paisaje cultural tanto en las grandes ciudades como en el medio de la nada. 

Sin embargo, el acid house absorbió a todas estas tribus y, durante un breve periodo, todo lo que aportaron resultó vital para esa escena. Cuando fui a mi primer club en 1990, la mezcla y fusión se encontraba todavía en pleno auge. En los momentos más psicodélicos podías empezar a verlo como el "tejido indiferenciado" de William Burroughs, individuos y grupos fundiéndose en una masa estática, inquietante e inconcebible, pero incluso con un poco más de lucidez lo que se percibía era un poco eso también. 

Los estudiantes, pies negros y hooligans, breakdancers y Psychick Youth, asiduos a clubs gay y a discotecas de reggae, pijos y costras, todos ellos acababan de juerga bajo un mismo techo y, de una forma crucial, estaban aportando sus propias cualidades y energías al juego. La imagen caleidoscópica y la sensación y sonido de la fiesta quedó todo ligado con esa explosión de subcultura, una fuerza mayor que parecía tener el control sobre todo fue arrastrando a las otras fuerzas menores que parecían incompatibles.

Hacia 1993, esas fuerzas internas demostraron ser demasiado fuertes y todo se desmoronó, el centro no podía aguantar más. Aunque en ese punto era fácil ver a DJ de diferentes estilos reunidos en un mismo cartel y había unos cuantos puristas que se mantenían al margen, el público se podía definir en general como "raveros". 

En el 93 la distancia entre, digamos, goa trance, happy house y la emergente escena jungle se hizo demasiado grande como para ignorarla, y lo más cerca que se encontrarían sería en las diferentes tiendas de campaña reunidas en las mayores raves o festivales. Recuerdo que en un momento simbólico en el que los raveros solían llevar pegatinas con el lema "ON A MISSION" en la ventana trasera de su coche, como símbolo de la busca interminable de la fiesta, vi a una panda de colgados conduciendo un Mini destartalado por el centro de Brighton con música techno a todo trapo y su pegatina decía "MISSION ABORTED".

Pero, obviamente, el sueño no había acabado. Incluso con el auge del mínimo común denominador del britpop y el horror de los superclubs contaminándolo todo con su trance e interminable house progresivo, todavía nos quedaban los nuevos planetas que se habían formado: jungle, drum'n'bass, hard house, IDM, garage, trip hop y todos los diferentes puntos entre ellos, cada uno con su propio ambiente exclusivo, diversión, estados mentales y normas sociales. 

Y a pesar de que la fragmentación de los grupos y escenas era algo real, todavía perduraban los lazos que se habían forjado entre el periodo de 1988 a 1993. Siguiendo la pista del personal de clubs, discográficas y el negocio de la droga, podrías ver las extrañas vías de comunicación entre los diferentes grupos, y si te fijabas bien eran vías de comunicación que podías utilizar tú mismo. 

Internet todavía no se encontraba en pleno efecto y los teléfono móviles eran todo un lujo, pero existían unas redes sociales en forma real, que permitían la propagación de ideas, dinero e información cultural de una forma completamente nueva.

Durante mucho tiempo, sentí vergüenza por pensar en todo esto. Pensábamos en ello todo el tiempo y mucha gente hablaba de las redes, de las subcorrientes culturales, de la aplicación práctica de la teoría postmoderna y de todo lo demás, pero el problema era que la mayoría de esa gente eran hippies chiflados, los académicos más sosos o simplemente lunáticos, y hacían que sonara como una sarta de chorradas. Pero no lo eran. En verdad era un paso hacia la existencia hiperconectada que tenemos ahora, una nueva forma de entender, poseer y participar en nuestra propia cultura, y realmente era emocionante. (Aunque, obviamente, en la mayor parte se trataba de pillar un taxi, ir a un after, tratar de descubrir dónde estabas, descansar y repetir).

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Text Joe Muggs
Still from This Is England 90