la triste 'cultura de la violación' que la mujer vive hoy en día

Los casos recientes han demostrado hasta dónde tenemos que llegar para hacer frente a la omnipresencia de la cultura de la violación en la sociedad, especialmente en la era de los juicios mediáticos por medio de las redes sociales, una era donde las...

por Niloufar Haidari
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20 Julio 2016, 11:20pm

La 'cultura de la violación', un término acuñado originalmente por las feministas norteamericanas de los años setenta para definir las formas en que la sociedad culpaba a las víctimas de abuso sexual y normalizaba la violencia masculina, se ha convertido en una referencia común en las discusiones acerca de la violencia de género.

Afirmar que vivimos en una 'cultura de la violación' no quiere decir que vivimos en una cultura que promueve explícitamente la violación, más bien se refiere a las prácticas culturales en las que comúnmente nos involucramos dentro de una sociedad que excusa o tolera la violencia sexual. Se refiere a nuestra forma de pensar, hablar, ignorar, restarle importancia, normalizar y bromear acerca del abuso sexual y la violencia de género.

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Se refiere al hecho de culpar a las víctimas de violación por su violación en lugar de culpar a su violador. Se refiere al hecho de no creerles a quienes denuncian un ataque sexual y, en su lugar, tacharlas de golfas que se arrepienten de haber tenido sexo y desean eximirse de su responsabilidad, o como cazafortunas en busca de sus quince minutos de fama y un cheque de los tabloides sensacionalistas.

Se refiere a los hashtags de Twitter que apoyan a los acusados de violación y acosan a sus víctimas, incluso una vez que han sido condenados. Se refiere al hecho de defender públicamente a las celebridades acusadas de violación y de condenar a sus víctimas simplemente por su reputación, y al hecho de que se pone mayor interés a mantenerse en la gracia del público que en los efectos que las víctimas puedan sufrir debido a la agresión sexual -sobre todo este año con respecto al manejo de las acusaciones en contra de Ian Connor, la ridícula sentencia impuesta a Brock Turner y los casos de todo América Latina -los cuatro juniors de Veracruz apodados los Porkys, Yakiri Rubio quien fue admitida en la cárcel por matar a su violador, y la alarmante impunidad con la que se cometen estos crímenes en Paraguay.

El discurso que se usa al cubrir estas historias a menudo implica que estos jóvenes tenían un futuro brillante por delante que les fue arrebatado por las mujeres conspiradoras que tuvieron el atrevimiento de reportar una violación.

A pesar de que ha habido un aumento en la conversación y la comprensión en torno a la violación en los últimos años, en muchos casos de alto perfil la reputación del violador todavía parece ser más importante que la de la víctima. El discurso que se usa al cubrir estas historias a menudo implica que estos jóvenes tenían un futuro brillante por delante que les fue arrebatado por las mujeres conspiradoras que tuvieron el atrevimiento de reportar una violación. La reacción de los medios de comunicación y del público ante el caso de violación en la preparatoria de Steubenville quizá nos de una idea más detallada de este fenómeno. Pese a que hay pruebas en video de una chica inconsciente siendo atacada sexualmente varias veces en el transcurso de una noche, los medios de comunicación parecían estar muy consternados por los dos chicos condenados, en lugar de estarlo por la víctima. En el seguimiento que se dio al juicio, la presentadora y corresponsal de CNN, Poppy Harlow, dijo que era "increíblemente difícil ver lo que les ocurría a estos dos jóvenes que tenían unos futuros tan prometedores, siendo jugadores estrella de fútbol y muy buenos estudiantes, y ahora ver cómo sus vidas, literalmente, se venían abajo cuando se dictó sentencia". No hizo mención alguna de cómo ellos cambiaron para siempre la vida de la joven. Incluso el segundo entrenador del equipo de fútbol americano de Steubenville también restó importancia a la violación de la joven de dieciséis, diciendo que era una conspiración para arruinar el programa de fútbol de la escuela.

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Otra vez fuimos testigos de este mismo fenómeno este año en el caso de violación en Stanford, en donde Brock Turner fue condenado a un indulgente período de seis meses en prisión, con base en que es "joven, era un estudiante de alto rendimiento y estaba intoxicado". Contrariamente, el hecho de que su víctima estuviera tan intoxicada que se encontraba inconsciente cuando la violación ocurrió fue utilizado como una prueba contra ella. El padre de Turner incluso escribió una petición al juez de no arruinar la vida de su hijo por "veinte minutos de acción"; esta carta y la incapacidad del padre para admitir incluso que las acciones de su hijo fueron una violación, personifica lo que significa vivir en la cultura de la violación.

En un mundo en el que la influencia social está ligada a menudo con las redes sociales, ahora hay muchos hombres que creen que se les debe el sexo simplemente en virtud de su popularidad.

La forma en que hablamos sobre violación es importante: es la diferencia entre la creación de un clima en que las víctimas tengan demasiado miedo a presentar una denuncia, debido a la reacción violenta que podrían enfrentar; y un clima en que sepan que les van a creer y respaldar, lo cual a su vez contribuiría a que otras mujeres se sintieran capaces de hablar y evitar más agresiones. Quizá lo más preocupante sea que al parecer muchos hombres aún no entienden qué es una violación: un estudio realizado en una universidad estadounidense el año pasado encontró que el 31,7% de los hombres que participaron en el estudio obligaría a una mujer a tener relaciones sexuales si no hubiera consecuencias al respecto; pero cuando se les preguntó explícitamente si violarían a una mujer si no hubiera consecuencias, sólo el 13,6% dijo que sí. Estos resultados nos muestran una comprensión profundamente distorsionada de lo que es una violación y más ampliamente apuntan a una cultura del privilegio masculino alarmante con respecto a las mujeres, y estos privilegios suelen crecer con el éxito, la fama y el dinero.

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En un mundo en el que la influencia social está ligada a menudo con las redes sociales, ahora hay muchos hombres que creen que se les debe sexo simplemente en virtud de su popularidad, de las personas que conocen o de cuántos seguidores tienen en Instagram. Muchos defensores de Connor, asociado de A$AP y Kanye, señalaron su fama como prueba de inocencia cuando surgieron acusaciones de violación contra él a principios de este año -seguramente este tipo puede tener a la mujer que quiera, ¿por qué tendría necesidad de violar a alguien? Así no es como funciona la violación. A menudo es una cuestión tanto de poder como de sexo.

Demasiados hombres aún conducen sus encuentros sexuales con mujeres con poco o ningún entendimiento de lo que es el consenso.

El mes pasado, a raíz de una pelea pública con Connor, Theophilus London denunció a Connor en Twitter como violador, con otros miembros del A$AP Mob después del pleito. Si bien es bueno que Connor haya sido finalmente confrontado por sus colegas, es una pena que el catalizador haya sido una crisis personal de hiper masculinidad. Ian Connor había sido acusado de violación antes y después de darle un puñetazo a Theophilus London, pero fue esta pelea la que llevó a su crew a exponer sus crímenes: antes de esto, todos ellos lo habían apoyado y tuiteado sobre su inocencia. Si no hubieran tenido problemas personales, es posible que la narrativa entorno a la siempre creciente lista de víctimas de Connor -en una entrevista con The Daily Beast, Amber Rose afirma que, hasta el momento, veintiún mujeres se han puesto en contacto con ella en relación con la estrella de las redes sociales- hubiera permanecido igual.

Demasiados hombres aún conducen sus encuentros sexuales con mujeres con poco o ningún entendimiento de lo que es el consenso, tomando la disposición de una mujer a compartir un espacio, como puede ser una habitación de hotel, como una invitación al sexo. Felizmente apelarán a su fama, sus seguidores y su estatus cuando las víctimas de violación arremetan contra él, señalándolas como unas mentirosas hambrientas de fama; pero se negarán a reconocer su poder en cuanto a ejercer presión sobre las mujeres jóvenes para tener relaciones sexuales y en cuanto a cómo estas estructuras de poder desequilibradas pueden dificultarle mucho a las chicas el decir que no.

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En una época en que todo es tan público y las estrellas se crean en virtud de su presencia en las redes sociales, es muy importante que les creamos a las mujeres que son lo suficientemente valientes para presentar sus historias, en lugar de etiquetarlas como mentirosas en busca de sus quince minutos de fama en Twitter. Lo que hay que dejar muy claro es que las menores de edad no pueden dar un consentimiento valido. Las mujeres dormidas, asustadas, borrachas, drogadas, inconscientes o bajo presión no puede dar un consentimiento valido. Contrario a lo que los apologistas de violación piensan, no hay un contrato de grabación esperando al final del camino de las sobrevivientes de violación, sólo hay una pequeña esperanza de que su atacante sea llevado ante la justicia y de que otras mujeres no tendrán que experimentar lo que ellas experimentaron.

Credits


Texto Nilofar Haidari
Fotografía María Fernanda Molins

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