la película más explícita sobre ser joven desde 'kids'

Elizabeth Wood se ha inspirado en sus días universitarios para crear 'White Girl', una representación intensa e inmediata de la juventud nihilista de hoy en día.

por Emily Manning
|
15 Marzo 2016, 11:38am

Elizabeth Wood tenía 13 años cuando vio Kids. "Mis padres quisieron que la viera", explica Wood al hablar del crudo retrato que hizo Larry Clark de la juventud de los 90. "Me dijeron: 'Tienes que ver esta película. Es muy importante porque muestra lo que puede pasar cuando los chavales cometen errores; es un cuento con moraleja'". 

Los Wood vivían en Oklahoma, muy lejos del Lower East Side sin ley inmortalizado por Clark y su guionista de 19 años, Harmony Korine. Es comprensible que los padres puedan utilizar el inevitable final fatal de la película para infundir el miedo, pero "si algo logró la película, fue a animarme a que me portara más mal. ¡Drogas! ¡Sexo! ¡Mola! El peligro que desprendían era muy apetecible", confiesa Wood. Sin embargo, lo más importante es que hizo que se interesara en el cine por primera vez. "Nunca había visto contar una historia de forma tan provocadora y accesible". 

Cinco años después, se encontró en las mismas calles que fueron testigo de las imprudencias de Casper y Telly, mientras estudiaba cine en The New School, y tras otros 15, la productora de Kids -la legendaria Christine Vachon- le ayudaría a dar vida a White Girl, un documento profundamente personal del mundo nihilista de Nueva York.

La ópera prima de Wood -que se estrenó a principios de este año en Sundance— sigue a dos chicas blancas de 19 años que están a punto de empezar su segundo año de universidad. Cuando el verano se acerca a su fin, Leah (Morgan Saylor) y Katie (India Menuez) se mudan a Ridgewood, un barrio de Queens en pleno proceso de gentrificación. Una noche, Leah se acerca a un trío de jóvenes puertorriqueños en su calle para pillar un poco de marihuana y, aunque los chicos le advierten que no deberían ser tan confiadas con los extraños, ellas acaban entablando una relación con sus nuevos vecinos. 

El nuevo amor de Leah —un rompecorazones melancólico llamado Blue— se dedica a vender hierba para ayudar a su abuela enferma, aunque él mismo se niega a probarla. Una noche, Leah invita a los chicos a que la acompañen a ella y a Katie a una fiesta en Chinatown organizada por la revista Bad Magazine, donde Leah hace unas prácticas para un sórdido playboy con el bolsillo lleno y muy interesado en su mercancía.

Los chicos dudan, pero pronto se convencen de que un hipster adinerado se dejará tres veces más pasta que la gente de su barrio, así que empiezan a hacer negocios y a forrarse. Animado por este nuevo mercado lucrativo y el inicio de su relación con Leah, Blue hace una enorme compra a un temible proveedor justo antes de verse envuelto en una operación policial encubierta. Para que pueda devolver el dinero a su proveedor y pagar a su abogado, Leah tendrá que ponerse ella misma a vender la mercancía.

Fotograma de 'White Girl'

Aunque lo parezca, el film na tiene que ver con la también reciente Dope, un relato desenfadado sobre drogas lleno de locuras y un sinfín de golpes de suerte. Las situaciones en las que se encuentran estos personajes y las estrategias que utilizan para solucionarlas son muy reales, y eso es porque White Girl está basada en la propia vida de Wood. 

"Mi primer proyecto cinematográfico fue un documental sobre los chicos que vivían en esa esquina y sobre mi intento de sacar a mi amigo de la cárcel", explica. "Había un contraste entre su lucha -vendiendo drogas para salir adelante pero sin tomarlas— y la de mis amigos blancos (la mayoría de la escuela de cine) que consumían drogas con orgullo y no se tomaban los estudios demasiado en serio. Fue una locura, la cosa se nos fue de las manos y pensé: 'esto tiene que ser una película'". 

Dicho eso, no hizo una película biográfica. Al igual que Korine partió de su historia personal para conseguir la autenticidad que engancha en Kids, Wood utiliza lo que ella y sus amigos han visto, escuchado y sentido para dar color a una visión sin reparos de la juventud contemporánea. "No intento decir: 'esta es mi historia', estoy reuniendo una experiencia y una sensación en una película, porque mi intención es que parezca real".

Gran parte de la originalidad de Wood se debe a su cuidadosa selección del reparto. "No fue fácil encontrar a alguien como Morgan Saylor, que tiene justo esa edad y estaba interesada en explorar el universo de este guion. Vi a chicas que querían interpretar el papel, estaban preparadas para correr el riesgo, pero tenían 29 o 30 años y creo que hay una gran diferencia psicológica entre una chica de 19 años y otra que se encuentra a finales o mitad de sus 20", explica Wood. 

Tuvo muy buen ojo al fichar a la estrella de Homeland, que tenía 20 en el momento del rodaje. "Vino a hacer una lectura durante una tormenta de nieve vestida con un abrigo de piel gigante cerrado con cinta adhesiva sobre unos shorts y la parte de arriba de un bikini. Se tiró al suelo con las piernas abiertas y se puso a interpretar la escena. Le había pedido que me enviara vídeos experimentales y cada uno de ellos era todavía más loco que el anterior: ella haciendo un striptease, bebiendo directamente de la botella, bailando en el metro...", cuenta Wood. Pero según la directora: "Es todo lo contrario, estudia matemáticas en la Universidad de Chicago, interpretó a una monja en su siguiente película, tiene los pies en la tierra y es muy fácil trabajar con ella. Que saque todo eso demuestra lo brillante que es como actriz".

Lo que mueve a White Girl no es la amistad, el romance ni incluso la riqueza, sino en cuestiones de poder: racial, económico, sexual, geográfico e institucional. A Leah le gusta el sexo y las drogas, es joven y nihilista, pero también autónoma, y sin embargo los hombres blancos de la película perciben su autodeterminación como una promiscuidad o inmoralidad, que justifica lo suficiente sus propias ambiciones.

Los encuentros sexuales que empiezan como una experimentación consensual derivan rápidamente en una explotación y abuso, la diversión se convierte en dependencia, el poder y el control cambian sin parar. Aunque el poder que desprende Saylor es vitamina C y el sexo que practica es simulado, es difícil no identificarse con su personaje, no sentir su cansancio, su confusión y su insensibilidad. "Hablamos mucho previamente, empezamos a reunirnos con bastante frecuencia unos seis meses antes de empezar el rodaje", dice Wood. "Pasamos por todo ese proceso de descubrir su personaje, afinando su vestuario, su forma de peinarse e imaginando cómo sería su habitación".

Fotograma de 'White Girl'

Aunque sus personajes son complejos y sus temas ambicioso, White Girl consigue decir mucho sin adornos. Puede que sea el factor más importante para la construcción del guion de la película y la psicología de los personajes, pero la palabra "gentrificación" nunca se pronuncia, ni se ve un iPhone en toda la película. 

"Hubo una primera versión del guion que explicaba muy bien la reflexión de los personajes sobre la gentrificación y el género. Era mucho más largo, 180 páginas, y finalmente nos pusimos a rodar con un guion de 80", dice Wood. "En las películas tienes que aprender a no contar, esta película es muy intensa, así que tuve que pensar en cómo simplificarla varias veces". En los últimos 20 minutos de la película no hay prácticamente ningún diálogo, "cuando se convierten en el resultado de todo lo que ha pasado, esos eventos se vuelven inexpresables", explica Wood.

Esa falta de diálogo es el componente más importante de White Girl, tanto en la pantalla como fuera de ella. Wood esperaba una fuerte reacción de todo tipo de personas, pero tras el festival de Sundance afirma que los golpes duros solo han venido de "hombres blancos que se sintieron muy ofendidos y que no pueden ver más allá de la sexualidad. Tanto en las críticas como en los e-mails de odio que recibía, o la gente que salía de la sala gritando, la encontraban tan abiertamente sexual que no la consideraban real y creían que tan solo pretendía provocar", explica Wood. 

En su reseña para Variety, el crítico Peter Debruge sugiere que Leah "transforma" a su violador en un predador sexual. "Como mujeres, los hombres te dirrán que nuestra idea de lo que es 'normal' no existe, que estás montando un drama. Ninguna mujer me ha dicho que le pareciera que no fuera real, ellas son las que mejor lo han entendido", dice Wood. "Las mujeres pasan por un montón de cosas asquerosas de las que no llegamos a hablar, y de las que se supone que nadie tiene que hablar, son momentos extraños que resultan difíciles de compartir o expresar".

Es por esa razón que el objetivo primordial que espera Wood con White Girl es incitar al diálogo, ya sea incendiario, festivo o cualquier cosa entre ambos. "¿Cuántas veces sales de ver una película y te preguntas dónde vas ahora a ir a cenar? ¿Está el bar de la esquina todavía abierto?", bromea. "No puedo preocuparme por lo que la gente piense, solo espero que les haga reflexionar de alguna forma. Sean buenos o malos, todos necesitamos estos sentimientos y me alegro de poder darlos".

Recomendados


Texto Emily Manning
Fotograma de White Girl

Tagged:
kids
White Girl
cine adolescente
Elizabeth Wood
elizabeth woods