una guía para entender el cine de todd solondz

Con motivo del estreno de su nueva película en el festival Sundance London, nos adentramos en el oscuro mundo cinematográfico del poeta del vacío y la desesperanza.

por Oliver Lunn y i-D Staff
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15 Junio 2016, 8:19am

Parece que cada autor tiene que tener su propia tipografía. Woody Allen tiene Windsor, Wes Anderson se apoderó de Futura y Todd Solondz -el director que alguna vez fue descrito como "el poeta del vacío y la desesperanza de New Jersey"- tiene una letra barroca cuyo nombre desconozco. 

Pero este no es el único rasgo distintivo de su filmografía. El realizador crea unas comedias extrañas que examinan el sórdido mundo de los suburbios de Estados Unidos y ubica a los ineptos bichos raros que viven allí. Ver películas como Bienvenidos a la casa de muñecas y Happiness es como entrar en una ciudad cuya agua potable ha sido envenenada con un fármaco que induce a la miseria.

Solondz creció en un tranquilo barrio a las afueras de Nueva Jersey y tiene un poco de bicho raro. Responde de forma incómoda e inexpresiva a las entrevistas como si fuera el hermano con depresión crónica de Paul Giamatti en Cosas que no se olvidan

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Su última película, Wiener-Dog, no aborda los temas polémicos que han marcado su anterior trabajo -violación, pedofilia, suicidio- pero los personajes siguen siendo igual de peculiares, y el perro salchicha del título enlaza una serie de historias y da pie a los momentos más tronchantes de la película. Es Solondz en su estilo más puro y condensado. 

Con el motivo del estreno de Wiener-Dog en la última edición del Sundance London, comentamos algunas cosas que tienes que saber sobre las desconcertantes y divertidas películas de Todd Solondz.

Le encantan los personajes desgraciados
Ver una película de Todd Solondz significa tener que enfrentarse a un desfile de personajes sombríos: inadaptados misántropos, parias sociales, losers de los extrarradios. Irónicamente el mejor reparto de piltrafas aparece reunido en Happiness de 1998. 

Tenemos a un Philip Seymour Hoffman sexualmente frustrado que se masturba por teléfono con su vecina ("Te voy a follar tan fuerte que te vas a correr por las orejas"), pero se acobarda cada vez que se cruza con ella en la vida real; tenemos a Joy, una teleoperadora solitaria que se enamora de su explotador, y tenemos al niño deprimido porque es el único de su clase que nunca se ha corrido. 

Igualmente, en la ópera prima de Solondz, Bienvenidos a la casa de muñecas, Dawn Wiener es acosada en la escuela y le llaman "perro salchicha" y "bollera". Le pregunta a una chica: "¿Por qué me odias?, y la chica le responde: "Porque eres fea". La simplicidad de la política escolar en una sola frase.

Tiene un sentido del humor muy, muy oscuro.
Solondz se ha especializado en un estilo de comedia único: el jodido. Lo que significa que a pesar de que sus películas hablen sobre el suicidio (Palíndromos), violación (Bienvenidos a la casa de muñecas) y el abuso infantil (Happiness), también te hacen reír. Hay que tener mucha seguridad en uno mismo para hacer algo así. 

¿Cómo si no te dispones a hacer reír con una película sobre un pedófilo ridículo y drogadicto que viola al hijo de su amigo de 11 años? ¿O a mostrar a ese mismo hijo llorando en brazos de su padre porque no es capaz de correrse (no nos sorprende que el distribuidor original de Happiness decidiera abandonar la película). 

Solondz continuó incitando a las risas incómodas con su Cosas que no se olvidan de 2001, en el que una sirvienta salvadoreña se venga de la familia que la despidió entrando en su casa mientras duermen y encendiendo el gas. Es tan desconcertante como inexpresiva. Para Solondz, la comedia siempre se está directamente ligada a la tristeza y, por supuesto, a lo perturbador.

Tiene un buen ojo para la sátira social en el extrarradio
Las películas de Solondz se abren paso hacia los suburbios. Saca a la luz verdades incómodas -familias disfuncionales, matrimonios rotos, parejas que se engañan, niños malcriados- y se enfrenta a ellas. 

Pensemos en el personaje pedófilo de Happiness. Sueña con dar un paseo por el parque en un día soleado, rifle en mano, disparando contra la gente del extrarradio. Es retorcido y transgresor. Indica que algo muy feo se esconde bajo las sutilezas, la falsedad y las apariencias de la vida en los suburbios.  

En Cosas que no se olvidan esto se plasma en el protagonista que describe su documental como "un estudio sociológico sobre las secuelas de Columbine". Como en la era de Blue Velvet de David Lynch, Solondz siente curiosidad por la parte más oscura de los suburbios, quiere saber cómo es para los jóvenes de clase media que se encuentran allí encerrados y cómo se puede salir de esa oscuridad.

Mostrando los defectos de sus personajes -que además tienen demasiados- los hace más humanos, y nos recuerda que hay una realidad más allá de las fachadas impolutas.

Sus películas siempre muestran interacciones incómodas entre sexos opuestos
Dark Horse empieza con una escena que hará que te retuerzas sobre tu asiento. Vemos a un hombre y una mujer sentados solos en una mesa durante un banquete de boda. No se conocen y el hombre intenta entablar una conversación: "Nunca bailo, no es lo mío". La mujer le mira y asiente con la cabeza, se hace el silencio. Luego ella le da la espalda gira y se queda mirando fijamente hacia la distancia. 

Los personajes socialmente ineptos son habituales en las películas de Solondz, y en algún momento podríamos pensar que están hechos el uno para el otro, pero no es así. Todos tienen serios problemas para comunicarse; todos están condenados al fracaso. 

Del mismo modo, la escena de apertura de Happiness nos muestra una incómoda situación de una pareja durante una cena, donde la mujer acaba rompiendo con el hombre. Si alguna vez te han dado calabazas y te ha sido difícil renunciar a la otra persona, agradece no haberte encontrado en esta conversación: "¿Crees que soy patético? ¿Un nerd? ¿Culo gordo? ¿Crees que soy una mierda? Bueno, estás equivocada, porque yo soy champán, y tú eres una mierda. Hasta el día que te mueras, tú, no yo, siempre serás una mierda".

Lloricas de clase media-alta que hablan demasiado aparecen repetidamente en sus películas
Cuando ya nos hemos familiarizado con todos los insociables y miserables de sus películas, descubrimos a otro de sus personaje: el mocoso llorón de clase media alta que habla demasiado, como ese chaval puritano del campamento cristiano de Palíndromos; el niño con el pelo taza que no se calla en La vida en tiempos de guerra; el niño que despide a la sirvienta de su familia en Cosas que no se olvidan y la hermana menor de Dawn Wiener que siempre lleva su ropa de bailarina en Bienvenidos a la casa de muñecas. Todos ellos hablan con la misma voz quejumbrosa y engreída. Es como si Solondz nos mostrara lo que sale de los suburbios en su peor momento: toda una nueva generación de pequeños egocéntricos sin sentido de la realidad. Sin embargo, seguimos queriendo observarles. Es una compulsión extraña.

5 películas que tienes que ver de Todd Solondz:
Bienvenido a la casa de muñecas
Happiness
Storytelling
Life During Wartime
Weiner-Dog

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Texto Oliver Lunn
Fotograma de 'Welcome to the Dollhouse'

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