un retrato de la comunidad lgbt de rusia

El año pasado, el fotógrafo alemán Wolfgang Tillmans viajó a Rusia para conocer a los miembros de la comunidad LGBT en San Petersburgo, un inspirador grupo de jóvenes y mujeres que arriesgaban su trabajo y su vida para promover el cambio. Aquí están...

por i-D Team y i-D Staff
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27 Mayo 2015, 10:10am

Desde 2006, la Rusia de Vladimir Putin ha pisoteado lentamente los derechos de la comunidad LGBT, así que cuando el fotógrafo Wolfgang Tillmans llegó a Rusia el año pasado para Manifesta 10, que tuvo lugar en San Petersburgo, la barroca y antigua capital rusa, supo que tenía que documentar lo que estaba pasando allí. San Petersburgo había sido tradicionalmente uno de los territorios más liberales, pero es aquí desde donde ahora se aprueban las leyes homofóbicas que el resto del país adopta, con declaraciones del alcalde de la ciudad de este tipo: "Pueden hacer lo que quieran en sus casas, en esos lugares basura llamados club nocturnos gay. Pero no está permitido que lo hagan en las calles".

"Tenía que encontrar la manera de hacer algo al respecto", explica Wolfgang: "Incluí dos fotografías de feas iglesias ortodoxas construidas por el gobierno. También fotografié la televisión en mi habitación de hotel en San Petersburgo como símbolo de censura y de la posible pérdida de conexión. Éstas se convirtieron en dos imágenes muy importantes en la exposición".

Tillmans tenía planeado ir al festival del orgullo gay de San Petersburgo durante su estancia, pero éste también sufrió la censura del gobierno ruso. La ley federal que prohíbe "la propaganda de la homosexualidad para menores de edad" se usa como excusa para impedir cualquier tipo de comportamiento homófilo, y para que la policía agreda a los manifestantes. Además, fomenta una "justicia" con vigilantes al estilo de la mafia, al igual que también detiene las manifestaciones y los acontecimientos relacionados con el orgullo gay. "Me sentí mal por no haber logrado una conexión con la comunidad durante Manifesta", explica Tilmans, "así que me puse en contacto con Amnistía Internacional para organizar la elaboración de estos retratos, para conocer y poder hablar con la gente."

"No son los líderes más reconocidos del movimiento, sino gente normal que no teme ser fotografiada", aclara Tillmans rápidamente. "Ninguno tiene una retórica de lucha callejera heroica. En Occidente, este tipo de activismo conlleva en muchas ocasiones una sensación de heroísmo y subversión. Cuando me interesé por los diferentes tipos de activismo en Alemania y en el Reino Unido, en ellos siempre encontraba un elemento de estilo, pero es interesante que en un lugar en donde hay tanto peligro real, los activistas no se fijen en la estética o en lo cool para luchar por una causa, sino que más bien se enfocan en el problema al que tienen que enfrentarse".

No obstante, las imágenes del fotógrafo alemán no muestran el miedo de llevar una vida en la que no puedes salir del armario abiertamente, donde las marchas de orgullo gay son motivo de actos violentos contra los manifestantes, y donde han disparado, e incluso asesinado, a algunos activistas de San Petersburgo. 

El año pasado, Human Rights Watch registró más de 300 ataques homofóbicos, y, tristemente, se han llevado a cabo muy pocos procesos penales. Estas fotografías muestran una ligera esperanza, la determinación por mejorar las cosas y la dedicación para hacer lo correcto.

"Me resulta algo digno de admiración [que ellos] sigan haciendo lo que hacen frente a una amenaza real, porque yo nunca he enfrentado una situación parecida", dice Tillmans. "Toda mi vida he formado parte de un contexto político y cultural que se vuelve cada vez más libre. Supongo que solo quería verlo por mí mismo, hablar yo mismo con la gente, para sentir realmente lo que se vive en esta situación. Cuando les conoces todo deja de ser blanco o negro. Escuchas muchas historias de horror, pero siempre hay esperanza. Hay cosas terribles, pero donde hay gente, siempre hay esperanza, y eso es lo que quiero que hagan mis fotografías: que aumenten y den voz a la esperanza y a la solidaridad.

Wolfgang Tillmans: La homosexualidad fue despenalizada en Rusia en 1993, la mayoría de edad es a los 16, y el cambio de sexo es legal desde 1997. No obstante, discriminar no va en contra de la ley, y el discurso de odio está extendido. No tiene sentido.

Ruslan Savolainen: La propaganda rusa afirma que la comunidad LGBT es ajena a los valores rusos y a la gente rusa. Creen que llegó de Occidente y que impone valores europeos. Esta postura -de que es "ajena a Rusia"- es promovida fuertemente por los medios y por el gobierno.
Dmitry Musolin: Muchos estamos intentando entender por qué Rusia es tan homofóbica. Hay quienes dicen que está relacionado con la historia política, porque la homosexualidad masculina fue ilegal durante 60 años cuando existía la Unión Soviética -en realidad, la homosexualidad femenina no lo era, pero la gente no hace esa diferenciación-. En la mente de mucha gente todavía es algo malo; [todavía lo consideran algo] criminal, aunque ya no lo sea. 

Además la Iglesia Ortodoxa Rusa es muy homofóbica y conservadora, y ahora -en tiempos post-Soviéticos- la iglesia quiere tener un rol más importante en la sociedad y posee todo el apoyo del estado. El estado necesita una excusa -tal vez una ideología- y la iglesia tiene algo que ofrecer.
Ivan Surok: Hay dos elementos: el hecho de que era necesario crear la imagen de un enemigo interno para distraer a la gente de otros problemas y la homofobia [inherente] de la población rusa.
Dmitry Musolin: Es más fácil manipular a la gente cuando hay un enemigo, así que de vez en cuando la propaganda y el gobierno [sugieren] que son los Estado Unidos o Europa -la Unión Europea es un gran enemigo ruso y esto es algo que promueven los medios estatales-. También es importante tener un enemigo interno, dentro del país, así que de alguna manera se decidió que los homosexuales fueran este enemigo, porque para mucha gente son criminales. 

Las manifestaciones relacionados con el orgullo gay en Rusia ahora son ilegales, y los intentos por organizar reuniones en torno al orgullo gay no autorizadas generalmente se enfrentan con ataques violentos por parte de conservadores religiosos y neo-nazis. Además, la policía arresta a los manifestantes LGBT. ¿Cuáles han sido vuestras experiencias?

Olga Panova: En la marcha de orgullo gay [en San Petersburgo] del año pasado no llegaron muchos activistas, pero sí llegó un grupo grande de homófobos a lanzar huevos y piedras. Fueron muy agresivos, pero la policía no les arrestó: solo arrestó a todos los activistas.

Fue mi primera vez en una comisaría de policía, y aunque fue interesante y gracioso, fue injusto. Solo salí a decir que existo y que mis amigos no merecen ser asesinados por amar a gente de su mismo sexo o género. Alguien me hirió, me lanzó una piedra y no le llevaron a la estación de policía. No es justo.
Daniel Grachev: Cuando vas a una manifestación que la policía prohibió, ves a la policía antidisturbios y te preguntas si te arrestarán. Pero sabes que no te puedes ir, [que estás preparado para] pasar la comisaría e ir a juicio. Este es el peor momento para ser activista en este país. 

Pero con el activismo LGBT le das a la gente un poco de esperanza para el cambio. En los dos años que he hecho activismo LGBT, he recibido cartas donde la gente me ha escrito: "Gracias por luchar a favor de nuestros derechos porque alguien tiene que hacerlo, me das la esperanza de saber que no todo está perdido".

Olga Panova: A lo mejor no logramos un gran cambio en la política, pero me gustaría que la gente, al verme ahí parada, en la calle, pensara o leyera sobre el colectivo LGBT y cambiara de opinión. Ven que existo, que no soy alguien cuya historia leyeron en Internet o vieron en la televisión, sino que estoy ahí parada, que soy real.
Elena Leontieva: El activismo LGBT me hace sentir que estoy haciendo algo grandioso y que hago del mundo un lugar más bello.
Daniel Grachev: No me ha pasado nada serio, pero hay hooligans que me han atacado varias veces en las manifestaciones. Tuve síndrome de estrés post traumático por un tiempo, le tenía miedo a todos los fans de fútbol americano y a cualquier persona con la cabeza rapada. Nunca sabes a quién atacará el gobierno. Por ejemplo, esa gente que estuvo en prisión [en las protestas pro-democracia en la plaza Bolotnaya en Moscú en 2012] fueron seleccionadas al azar, sólo para [demostrar] que es "malo" participar en manifestaciones.
Dmitry Musolin: Los círculos conservadores ejercen mucha presión, y el estado apoya al movimiento conservador. Tienes que ser muy valiente para alzar la voz por la comunidad LGBT, sobre todo si eres una figura pública.
Ruslan Savolainen: Todos los días tengo miedo.

Ser abiertamente homosexual en Rusia es una excusa para que despidan a la gente de su trabajo o para que se les agreda físicamente. ¿Cómo afecta esto la manera en la que hablas sobre tu sexualidad?

Artyom Stadnik: Mis amigos cercanos lo saben. Mi madre también lo sabe y lo acepta. Pero ser abiertamente homosexual es peligroso en este país.
Dmitry Musolin: No tengo una bandera arcoíris en mi oficina, pero si me preguntan lo digo. No miento. Trabajo en una universidad y es probable que mucha gente adulta que trabaja ahí no lo sepa, pero los profesores jóvenes y los estudiantes de doctorado, si tienen Facebook o VKontakte, pueden entender que lo soy por todo lo que publico.
Svetlana Zakharova: En mi medio la gente es amable conmigo; no creo haber perdido amistades por mi homosexualidad. A veces sí me agreden, pero eso también le pasa a los inmigrantes y a las mujeres en Rusia: no somos el único grupo. 

Los cambios legales que prohíben "la propaganda para tener relaciones no tradicionales" se adoptaron en Rusia en 2013. A estos le siguieron las prohibiciones locales por "el fomento de prácticas homosexuales, lésbicas, bisexuales y transexuales cerca de menores de edad" en ciudades como San Petersburgo el año anterior.

Dmitry Musolin: No creímos que fuera a pasar en San Petersburgo porque es una ciudad importante, culta, moderna y grande, así que cuando empezaron a promover la ley hicimos una campaña para detenerla. Pero la gente que promueve este tipo de leyes no es tonta, ponen las palabras gay, lesbiana y transexuales junto con los pedófilos, y sólo las separan por comas. 

Cuando intentamos protestar, dijeron: "Quieren proteger a los pedófilos." Es imposible mantener una discusión pública. La gente decía: "No es una ley en contra de los gays, sino en contra de los pedófilos,"
Ivan Surok: El gobierno prácticamente dio la "señal de ataque" con estas leyes, así que la gente cree que tiene derecho a juzgar a otros sin necesidad de un juicio; cree que está bien matar y torturar, y que un crimen se puede justificar por el hecho de que la víctima sea gay. Ya ha habido bastantes asesinatos en Rusia: el caso más famoso es el de Vlad Tornovoi, que fue asesinado sádicamente [en mayo de 2013, en Volgogrado]. Los asesinos argumentaron que lo mataron porque les dijo que era gay. Creyeron que si señalaban el hecho de que era gay les reducirían la pena. 

Dmitry Musolin: No doy clases a menores de edad, así que mi caso es más sencillo. La gente que da clases en colegios vive bajo mucha presión debido a esta nueva ley, porque si dijeran algo positivo, incluso algo neutro, sobre los gays, estarían rompiendo la ley. Sé que hay quienes pierden su trabajo. Un chico que vive con nosotros perdió su trabajo en una agencia de publicidad porque salió en la televisión mientras participaba en una protesta.
Ivan Surok: La ley es escurridiza; no definen con precisión a qué se refieren con "propaganda gay", así que puede ser usada a su antojo en contra de aquellos que le parezcan incómodos al gobierno.
Svetlana Zakharova: Intentamos lanzar un programa de donaciones privadas, pero nos topamos con algunas dificultades. Tratamos de trabajar con una de las mayores plataformas de crowdfunding en Rusia y al principio no tuvieron ningún problema, pero luego decidieron que era demasiado peligroso trabajar con nosotros.

Los activistas LGBT en Occidente han intentado llamar la atención sobre la situación de deterioro en Rusia, pero los políticos al interior del país han dicho que las manifestaciones en el extranjero son sólo una muestra de los prejuicios anti rusos. ¿Cómo los hace sentir esto?Daniel Grachev: El apoyo en el extranjero es muy importante. Tuvo mucha fuerza durante los Juegos Olímpicos de Sochi cuando muchos periodistas vinieron a Rusia a hacer reportajes sobre los derechos LGBT.
Dmitry Musolin: Es importante contar con ese apoyo, aunque hay mucha gente, incluyendo miembros de la comunidad LGBT [en Rusia], que creen que sólo empeoran la situación. Yo creo que todavía es importante sentir que no estamos solos, que hay gente que comparte nuestros valores y apoyan lo que hacemos aquí. Si no hubiera voces externas, la situación seguramente sería peor.
Daniel Grachev: La fotografía es un instrumento poderoso para influir en la gente, ya que le permite ver qué está pasando: así ocurrió en las imágenes de mis amigos golpeados y sangrando, y en la que yo mismo aparecía arrestado por la policía antidisturbios. Los Juegos Olímpicos de Sochi, las fotografías de las protestas LGBT, y la actitud europea anti-Rusia y anti-Putin han logrado aumentar el interés de los medios europeos por la comunidad LGBT rusa. 

Es importante entender que hay gente que nos apoya, como Front Line Defenders y Amnistía Internacional, que consiguen dinero para algunas de nuestras actividades e incluso para protegernos, cuando necesitamos refugio en algún país europeo, por ejemplo.
Ivan Surok: La solidaridad que muestran para con  Rusia es buena, obviamente, pero es algo que nunca me ha beneficiado.

El número de personas LGBT rusas que buscan asilo en países occidentales ha aumentado significativamente en los últimos años. ¿Te ha afectado personalmente?
Daniel Grachev: Tengo muchos amigos que se han ido porque quedarse aquí era muy peligroso. Dmitry Chizhevsky, le dispararon y perdió un ojo; Natalya Tsymbalova, la coordinadora de la organización Straights Alliance for LGBT Equality; Dmitry Chunosov de Voronezh; y Pavel Lebedev, un activista LGBT que se fue después de las manifestaciones en la plaza Bolotnaya en Moscú, porque se enfrentó a la policía antidisturbios y pudo haberse convertido en una víctima del caso penal de Bolotnaya.
Olga Panova: Me encantaría dejar Rusia, pero no me quiero perder la revolución. ¿Qué pasaría si empezara cuando yo me fuera? Sería una pena porque quiero formar parte de ella.

Se necesitaron décadas de campaña para conquistar algunos derechos LGBT en Europa y en Estados Unidos, pero algunos activistas en Rusia creen que tendrán que luchar durante mucho tiempo. ¿Cuánto tiempo crees que falta para lograrlo?
Ivan Surok: Me parece que nada bueno saldrá de esto. [Con] las voces homofóbicas del régimen actual, no habrá cambios para mejor. Aún necesitan a un chivo expiatorio y el gobierno actual quiere satisfacer a la gente con sentencias condenatorias hacia la comunidad LGBT. 
Daniel Grachev: La sociedad civil en Rusia es muy débil. Hay buenas organizaciones, pero todavía hay muy poca gente que crea que las cosas pueden cambiar. Así que creo que esto sólo cambiará después de algunos cambios políticos globales. Pero soy poco optimista porque no sabemos cuándo terminará la presidencia [de Putin].
Elena Leontieva: La situación es cada vez más triste, pero estamos intentando hacer lo que se pueda. Eso nos da mucho poder y fortaleza para avanzar y lograr la igualdad. Con todo, en estos momentos es muy peligroso luchar en contra del gobierno.
Ruslan Savolainen: Europa recorrió un gran camino para llegar hasta dónde está. También Estados Unidos. Así que esto no lo lograremos en un año o endos. Se necesita mucho esfuerzo.
Svetlana Zakharova: En realicad creo que las cosas pueden cambiar; si no, no tendría sentido. Soy consciente de que no pasará pronto, pero también de que no siempre será así.

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Entrevistas y fotografía Wolfgang Tillmans
Introducción Felix Petty
Edición  Matthew Collin
Agradecimientos Frauke Nelissen, Vasilisa Grebenshchikova, Matthew Collin y Amnistía Internacional.