Fotografía Stephen Hamel.  

recuperamos una insólita entrevista a keanu reeves en la que habla sobre budismo

Viaja en el tiempo a los noventa con tu novio favorito de Internet y una entrevista nostálgica de The Sound Issue de i-D.

por Stephen Hamel; traducido por Laura Castro
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01 Julio 2019, 6:17pm

Fotografía Stephen Hamel.  

Este artículo apareció originalmente en The Sound Issue , no. 115, 1993.

Keanu Reeves es, sin duda, el actor joven más sexy del cine en este momento. Desde que apareció haciendo air guitar en las dos películas de Bill y Ted; hasta su interpretación de un agente del FBI encubierto como surfista en Point Break; o su personificación de un noble y dócil joven en Las amistades peligrosas y, ahora, con su personaje de Jonathan Harker en Dracula de Bram Stoker, Keanu ha cuestionado tanto como ha respondido.

En primer lugar, ¿por qué las personas (sí, eso significa chicas y chicos) lo encuentran tan irresistible? No es un atractivo Swayze o un elegante Cruise o un tierno Jason Priestley. En lugar de eso, tiene este indiferente encanto desgarbado, una postura muy suelta, una cierta inocencia caprichosa; hay algo completamente indescriptible en su personalidad que atrae a las personas hacia él. Habría sido perfecto como protagonista en el Hollywood de los años 30, con el glamour de la fantasía del chico común.

En segundo lugar, ¿puede actuar, o es solo el tipo de Bill y Ted recitando diálogos que son demasiado fuertes para su débil talento? Las opiniones difieren en este punto. Su interpretación del hijo descarriado de un prominente hombre de negocios en la película de Gus Van Sant, Mi Idaho Privado —una versión actual del Henry IV de Shakespeare— en la que interpretó a un joven de clase media que se mete en el mundo de las drogas y la prostitución junto a su amigo gay narcoléptico, (interpretado por River Phoenix) le ha dado mucha credibilidad entre los más exigentes de la industria. En el film, Keanu se enfrenta al momento en el que tendrá que volver al mundo de la rectitud, rechazar a sus amigos del bajo mundo, ponerse un traje y asumir las obligaciones de su padre.

Las reacciones ante la versión del Drácula de Francis Ford Coppola fueron menos positivas. A Reeves no le acabó de salir bien el acento inglés, eso sin mencionar la inmutabilidad de su personaje, que causó alguna que otra risa en las salas británicas cuando pronuncio de manera cómica improperios como "blooming" y "bloody".

Nacido en Beirut en 1964 y criado entre Nueva York y Toronto, comenzó a actuar a los 15 años y tuvo su primer papel en el romance de hockey sobre hielo protagonizado por Rob Lowe, Youngblood, en 1986. Aficionado al punk y bajista de la banda de rock Dog Star, la carrera de Reeves, hasta cierto punto, se ha visto definida por su rostro.

Sin embargo, parece haber escapado a la suerte del llamado ‘brat pack’ de principios de los 80: Charlie Sheen, Kiefer Sutherland, Rob Lowe y Emilio Estévez; que tuvieron un comienzo brillante pero terminaron haciendo papeles terribles y películas que fueron directamente a VHS. Reeves ya ha llegado bastante lejos: la mayoría de los actores, cuando les preguntas con qué directores desean trabajar, te contestan Bertolucci, Scorsese y Coppola. Reeves ya trabajó con dos de ellos. Su carrera puede ser vista como evidencia del creciente poder que tienen los jóvenes actores de moda en Hollywood en estos días. Ninguno de los directores anteriores (ni Gus Van Sant, para el caso) tiene ningún atractivo real en taquilla: sus películas no ganan dinero de verdad (aunque a Drácula le fue bien) y necesitan a gente como Keanu, incluso si no tiene ese gran talento como el de Robert De Niro, Harvey Keitel o Christopher Walken.

Se podría hacer una comparación entre Reeves y Mel Gibson, que comenzaron siendo estrictamente unos hombres muy atractivos, pero escaparon de ese estereotipo aceptando papeles arriesgados (aceptar el papel de Kenneth Branagh de Mucho ruido y pocas nueces es un paso en la dirección correcta por parte de Reeves, muy similar al Hamlet de Gibson). Reeves ha superado la etapa de aceptar un papel solo porque está ahí y, probablemente, terminará formando su propia compañía productora y seleccionando proyectos de manera más estricta.

Históricamente, a esos actores a los que aman tanto la cámara como el público les va bien. Y aunque el jurado aún está deliberando sobre el valor a largo plazo de Reeves como actor, lo cierto es que las propuestas de trabajo le siguen llegando. Este año protagonizará Mucho ruido y pocas nueces, pero su proyecto más emocionante está en el horizonte (que probablemente saldrá el próximo año) es su papel como Siddhartha en la epopeya budista de Bernardo Bertolucci, Pequeño Buda. Actualmente oculto tras un halo de secretismo, Pequeño Buda es un cuento de hadas ambientado en un marco contemporáneo. La historia de la búsqueda de la reencarnación de un lama muerto contiene en su interior el antiguo mito de Siddhartha, la historia central del budismo. Siddhartha, nacido príncipe, fue colmado de lujos por su padre, antes de rechazar su estatus privilegiado para buscar la realización espiritual. Esta llegó después de años de ayuno y privaciones, mientras meditaba sentado bajo un árbol, donde, finalmente recibió la iluminación, alcanzando así el nirvana.

La película, al parecer, será espectacular. Filmada en Katmandú y Seattle, está siendo creada por el mismo equipo que produjo la asombrosa fábula de la dinastía china de Bertolucci, El último emperador. Se trata de budismo para el mercado de masas. Pero para Reeves, Siddhartha ha sido mucho más que un simple papel. "Era un gran redentor espiritual, intelectual y social; era un radical", dice con el asombroso respeto de un principiante. "Se convirtió en un liberador. La gente retomó sus prácticas, sus costumbres”. Al haberse empapado de las enseñanzas budistas a través de libros y luego, en Nepal, a través del contacto directo con los lamas budistas, surge la sensación de que esa experiencia ha tocado una fibra sensible en su interior. "Simplemente te sientes lleno de energía gracias a ellos", dice acerca de los lamas. "Incluso ahora, cuando leo libros, siento que absorbo su energía. Siento que sube por mi columna vertebral, por mi espalda. De repente, me pongo de pie mientras estoy leyendo. Me quedo despierto más tiempo, me siento más activo. ¡Es muy, muy guay!”.

Reeves fue entrevistado en Nepal por el cineasta y fotógrafo Stephen Hamel, amigo suyo desde hace ocho años, justo después de completar el rodaje. La conversación muestra a un Keanu Reeves más reflexivo e introspectivo del que estamos acostumbrados a ver. "Esto fue algo muy importante para él", dice Hamel. “Se sintió abrumado por esta turbulenta experiencia que lo afectó muchísimo, y lo llevó a empezar a cuestionarse a sí mismo”.

Reeves ciertamente parece tomar esto con mucha seriedad. No podrías imaginarte al Keanu de Bill y Ted hablando sobre el dharma, pero eso fue hace cinco años. ¿De un chico tonto a un budista? Tal vez aún sea demasiado pronto para encasillar a Keanu Reeves.

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i-D: ¿Cómo te involucraste con Bernardo Bertolucci y El pequeño Buda?
Keanu Reeves: Bernardo había visto Mi Idaho privado y me vio ahí. Yo no sabía nada sobre el budismo. Cuando era niño, mi madre tenía artefactos chinos, así que para mí Buda era un tipo gordo y sonriente. No tuve una educación cristiana. Mi madre es inglesa y no tiene interés en la iglesia, no hay religiosidad occidental. En mi vida he buscado a Dios y preguntado por él. Por un tiempo, me uní a un grupo bíblico cuando tenía 11 años, pero era aburrido. Nos reunimos en Nueva York, en un hotel, y Bernardo me contó el guión. Me habló de los lamas que había conocido y de cómo provenía de un entorno no religioso, de un aspecto de incredulidad, y de que sintió que había conocido a hombres religiosos y ellos lo contagiaron, ¿sabes? Y mientras me contaba la historia, yo lloraba, estaba muy emocionado de estar ahí. Cuando digo que estaba llorando, no era en sentido literal, pero sí tenía los ojos húmedos, porque era una historia muy dulce y conmovedora, y me afectó ver a este hombre conmovido. Pensé: ¡Dios mío, esto es algo grande!

Mientras filmabas Mucho ruido y pocas nueces en Italia, conociste al actor Brian Blessed, y él te ayudó a prepararte para El pequeño Buda.
Había algo en Brian Blessed que me hizo pensar que él meditaba. Es actor, escaló el Everest y había algo en él que me hizo querer preguntarle sobre el dharma (la verdad). Así que le pregunté si pasaría algún tiempo conmigo, y si me enseñaría acerca de la meditación. Tuve que demostrarle que de verdad quería aprender. Me enseñó una meditación básica, muy sencilla. Fue mi primera introducción a muchas otras experiencias, a un magnetismo que te atrae. A lo largo de los tres meses en los que he estado involucrado en esto, han surgido muchos ejemplos de encontrarme con budistas de la nada. Mientras conducía rumbo a Florencia para encontrarme con mi hermana, recogí a alguien en la autopista y le pregunté de la nada "¿eres budista?”. Y sí, lo era. Me ha ocurrido muchas veces. A veces, he tenido momentos en que ha sido un poco perturbador, quiero decir: ¡déjenme en paz! ¡No puede ser con estos tipos! Hay un poder en ellos, ellos se encargan de las cosas sin que se los pidas. Son energías superiores, supongo.

¿Cuándo comenzaste a sumergirte de lleno en el budismo, en tu primera visita a Nepal?
Empecé a comprar libros mientras estaba haciendo Mucho ruido y pocas nueces, y comencé a leer, a practicar la postura y sentarme. Lo primero que aprendí fueron las cuatro nobles verdades: el sufrimiento, la causa del sufrimiento, el camino que conduce al sufrimiento y la sensación de sufrimiento. Los budistas no creen en el ‘yo’. El 'yo', lo que llamamos el 'ego' en Occidente, no existe.

Cuando estaba en Nepal para que hicieran los ajustes del vestuario, conocí a un 'maestro', un Rimpoche (adepto budista), que estaba trabajando con Bernardo. Tuve algunas sesiones con él, me dio entrenamiento personal, me enseñó un par de meditaciones y me habló de trabajar básicamente en la noción del ‘yo’. Tienes que aceptarlo, y luego pasar a aspectos más sutiles y más importantes, y básicamente llegar a la compasión, la sabiduría y la felicidad.

Cuando comencé a trabajar con el Rimpoche comenzamos a enfrentarnos al sentido del yo y empecé a llevar a cabo las prácticas que me enseñó. Es aterrador, es tan doloroso que aterroriza abandonar esa idea y toda la noción del 'yo' en sí. ¡El Rimpoche me dijo que no creyera en sus palabras solo por fe! Inténtalo, pruébalo, muérdelo, como se hace con el oro. Esa es la fuerza del budismo. No se trata de hacer proselitismo. Un budista no te hará repetir 14 Aves Marías antes de darte comida. El principio que ha mantenido mi curiosidad sobre esto es que los budistas están interesados en la verdad. El trasfondo aquí es el amor, la compasión, la bondad y la felicidad.

Obviamente, las enseñanzas budistas te han influido mucho. ¿Quisiste convertirte en monje?
No, pero había algo dentro de mí que sí quería. Había una parte de mí que estaba hacer el voto, ¿sabes? Hay algo en ti que puede llevarte al límite y básicamente estoy considerando el budismo. Voy a seguir estudiándolo.

¿Cómo te afectó la influencia del budismo como actor?
Me he formado como actor durante los últimos diez años: observándome a mí mismo, preguntando por qué siento lo que siento, qué siento en cada momento, aprendiendo expresiones físicamente, tratando de profundizar en los aspectos emocionales e intelectuales de las relaciones. Y esto me ayudó. Ha sido terapéutico en cierto sentido, he estado entrenando mi mente.

La primera escena que grabaste para la película fue la de la iluminación de Siddhartha. ¿Cómo te preparaste para eso?
Simplemente intenté invocar en mí mismo la calma y la inmensidad. Bernardo tenía una imagen de un libro de la expresión facial que le interesaba ver. Solo traté de relacionarme con eso y de conjurarlo.

¿Qué hay de la estricta dieta que tuviste que llevar mientras estabas haciendo la escena donde Siddhartha está desnudo y matándose de hambre en el bosque?
Tú y yo lo sabemos, ¡me encantan los festines! ¡Darse un gran festín es una de las grandes alegrías de la vida! Pero en las últimas semanas, hemos estado haciendo la escena de la mortificación, así que ayuné. Comí una naranja y tomé diez litros de agua al día, es una locura, las cosas se te revelan, ¡ese es uno de los detonantes! Siddhartha era un hombre que buscaba liberarse de la vejez, el sufrimiento y la muerte. Estaba conquistando su cuerpo, estaba conquistando sus deseos, sus antojos, se estaba probando a sí mismo. Pensó: 'Si puedo conquistar mis deseos, seré liberado'. Deberías leer algunos libros del Dalai Lama, es muy elocuente. Hay un libro que he estado leyendo recientemente llamado Kindness, Clarity and Insight; si alguien quiere probar un poco de cualquiera de estas cosas, debe intentar leerlo.

¿Cuál es el tono general de la película?
Estamos haciendo una representación fabulosa, emotiva y compasiva de Siddhartha. Esa es mi opinión. Es un intentó de mostrar y magnificar el dolor que este hombre sintió.

¿Cómo reaccionarán los budistas a esta película?
No lo sé. Todavía no he visto la película.

Originalmente, el director indio Satyajit Ray estaba en contra de la idea de hacer una película de la historia de Buda. Debe haber otras personas que piensen lo mismo.
La película no es sobre la historia de Buda. Es una representación de Siddhartha y su vida. Bernardo ha sido muy cuidadoso con su responsabilidad. La tradición, el ritual y la práctica se reflejan en la película con mucha precisión, y la enseñanza del dharma es sutil, rica y profunda, y con suerte eso ayudará.

¿Cómo te sientes con respecto a volver a Los Ángeles después de la filmación?
He llegado a pensar que hay demasiadas cosas absurdas en Estados Unidos, ¡ni siquiera puedo creerlo! (Se ríe bastante) Estando aquí (en Nepal), me doy cuenta de que el sistema de aguas residuales es muy bueno en los Estados Unidos, cómo tratamos nuestros desechos: la tecnología es muy buena, la industria en los Estados Unidos es grandiosa. Puedes ver su maravillosa e increíble promesa: el potencial de una tierra que realmente ayude a todos con sus ideas y máquinas, para realmente ayudar a todos.

Cuando llegué a Nepal, nunca había visto algo así en mi vida. Fue increíble. El shock de ver la cultura, las vacas por todas partes, a las personas lavándose los dientes en la calle, los pies descalzos. ¿Cómo te enfrentaste eso?
Tuve la extraña sensación de estar muy cómodo y no pensar que fuera extraño en absoluto. Parecía tener sentido. ¡Me gustan las vacas! Una de las cosas más sorprendentes fue la noche que pasé en un cementerio sagrado donde queman a los muertos. El sol se estaba poniendo. De un lado había un templo hindú, algunos monos y perros; del otro lado había gente orando y haciendo los preparativos para una cremación. Había niños jugando alrededor y vendiendo comida y los monos jugaban con los perros, el río seguía fluyendo y el sol se ponía y toda la vida estaba justo ahí. No crecí en una granja, crecí en la ciudad. Siendo un chico blanco burgués, a veces no puedes verlo todo: la mañana, las alegrías, los niños, el principio y el final, el respeto y la santidad. Los sentimientos que me recorrían eran asombro, respeto y el deseo de ser parte de ello, y mirar a todas esas distintas personas. Ese fue, para mí, el momento crucial que experimenté aquí.

Así que vas a volver a Los Ángeles en dos días.
Es gracioso, he tenido, como, visiones en mi bañera, de volver a casa, tumbarme en el césped y verter vino tinto sobre mi cabeza, empaparme, decirme ‘¡olvídalo, solo voy a ser un tipo común, a comer, cagar y amar y hacer lo que sea!’.

Estoy ansioso por ver a mis amigos y familiares y andar en bicicleta, salir a pasear, leer, comer cangrejos y relajarme. Envié todos mis libros a casa. Estoy muy interesado en aprender más sobre las doctrinas, tal vez en volverme budista. En el mundo en el que estoy, solo quieres hablar con tus amigos, pasar el rato, relajarte; a veces es difícil ver cosas más profundas. Todo lo que queremos es ser felices, tener una sensación de alivio, comodidad y alegría. La mayoría de nosotros no estamos buscando nada más allá de eso. Todos deseamos orarle a algo, todos sentimos a veces que hay algo más 'allá fuera'. Sé que así me siento. Y todo esto me ha ayudado a entrar en contacto con eso, con una experiencia real de ello. ¡Y eso es genial!


Créditos

Texto y fotografía por Stephen Hamel.

Búsqueda adicional por Matthew Collin, David Eimer y Stephanie Dosunmu.

Este artículo fue publicado originalmente por i-D UK.

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