las mujeres que inspiran a paula thomas

La fotógrafa colombiana destaca a dos activistas que retan la relación estereotípica entre la lucha social y la belleza, dos lados de la mujer que en realidad se complementan.

por Paula Thomas
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25 Octubre 2019, 2:50pm

Para esta serie le pedimos a una artista que entreviste a otras dos mujeres que la inspiran, para explorar diferentes manifestaciones sobre la dualidad y el balance. En esta columna, Paula Thomas, una conocida fotógrafa colombiana que escribe historias con imágenes, habla con dos activistas que retan la relación estereotípica entre la lucha social y la belleza, dos lados de la mujer que en realidad se complementan.

Presentado por Cartier

Estas dos mujeres son pura fuerza arrolladora. Matilde de los Milagros es escritora, editora y forma parte de la gran colectiva feminista Viejas Verdes; Toya Montoya es una reconocida modelo que encausa la atención que recibe para luchar por la defensa de las mujeres y los niños indígenas. Ellas me inspiran a reafirmar mis ideas y a confiar plenamente en lo que creo, para poder ser un agente de cambio desde mi profesión de fotógrafa. Con su trabajo, ellas me animan a rebelarme. Ambas son dos claros ejemplos de que se puede desear, perseverar y trabajar duro. Y eso es para mí la pasión.

En Colombia el tema de los líderes sociales cada vez es más complejo pues implica un riesgo constante. Es por eso que admiro la valentía de Toya y de Matilde para darle voz a las comunidades vulnerables y luchar por la igualdad de derechos. Por si fuera poco, las dos rompen por completo con el prejuicio de que la belleza y la lucha social son incompatibles. Creo que todas podemos aprender de ellas de que fortalecimiento de la autoestima y la confianza en una misma van de la mano con el respeto, la empatía, la equidad y justicia.

Matilde de los Milagros

¿Cómo fue tu despertar feminista? ¿En qué momento te hiciste consciente de tu realidad?
El feminismo llegó a mi vida como consecuencia de un episodio de acoso sexual que tuve mientras trabajaba en NY. Es decir, el feminismo fue una solución a ese problema tan angustiante, confuso y doloroso que suele ser el acoso sexual y el abuso de poder. En medio de mi angustia llamé a Catalina Ruiz-Navarro, pues no solo había sido mi profesora de periodismo de opinión hacía muchos años, sino que, según yo, era la mujer que más hablaba de feminismo en los medios de comunicación tradicionales colombianos. Ella sacó el tiempo para oírme y respondió a mis inquietudes con empatía y paciencia, me insistió en que el acoso no había sido culpa mía, y me ayudó a buscar una salida que me diera seguridad y me dejara tranquila. Ni siquiera mis seres más queridos me hicieron sentir tan acompañada y comprendida como Catalina con el feminismo, y fue en ese momento que emprendí mi camino como aprendiz y replicadora de los conceptos del feminismo, para que otras mujeres se sintieran menos solas, impotentes e incomprendidas.

De ahí en adelante el feminismo empezó a explicarme muchas realidades y experiencias de las que no era consciente antes o a las que no encontraba sentido: ¿por qué tengo que parecerme a otras mujeres?, ¿por qué tenemos nuestro destino predeterminado?, ¿por qué me siento insegura con mi cuerpo y mis opiniones?, ¿por qué tengo miedo a tomar decisiones que se salen de la norma?, ¿por qué no quepo en los mismos lugares y discusiones que los hombres? Y cuando empecé a identificar toda la violencia, desigualdad e injusticia que se esconde detrás de estas preguntas, fue evidente la importancia de que otras mujeres también lo hicieran. Porque para lograr ser libres debemos entender por qué no lo fuimos nunca y por qué no lo somos todavía.

¿Cómo explicas la importancia de la colectividad a partir de tu experiencia con Viejas Verdes?
Si el feminismo no es colectivo entonces no es ni útil ni real. El feminismo es una lucha política que tiene como objetivo derrumbar la estructura de poder que nos oprime tanto en lo público como en lo privado y, como cualquier otra lucha, necesita fuerza. Esa fuerza, creo yo, reside en el poder de nuestras acciones colectivas. El feminismo nos brinda herramientas para tener transformaciones íntimas importantes, en la forma que entendemos el mundo y enfrentamos la vida por ejemplo, pero si dejamos esas transformaciones encerradas en nuestras casas no lograremos beneficiarnos más allá de lo individual y seguiremos en desigualdad.

Por eso me gusta imaginarme el feminismo como una galaxia inmensa compuesta por mujeres que desde todas partes, y con diversas intensidades, irradian energía. Y dentro de esa galaxia está una pequeña constelación que es Viejas Verdes (la colectiva feminista de la que hago parte) promoviendo encuentros e interacciones que pueden incluso salvarnos las vidas.

Viejas Verdes nació como una plataforma digital informativa para defender el derecho de las mujeres colombianas a tener un aborto legal, libre y seguro, pero se convirtió rápidamente en una comunidad dinámica y propositiva de más de 22 mil personas. Y creo que ha sido ese carácter colectivo y dinámico el que nos ha permitido existir más allá de lo virtual y lo privado: nuestra actividad pasa de los espacios web a otros espacios más tangibles como las calles, la academia, el arte y la política entre otros.

Matilde de los Milagros. Fotos por Paula Thomas.
Matilde de los Milagros. Fotos y collage por Paula Thomas.

¿Cómo se entrelazan tu activismo y tu escritura?
Mi escritura es feminista siempre, incluso cuando no estoy escribiendo puntualmente sobre feminismo. Y es que el feminismo es una postura ética y política inseparable de todo lo que digo, pienso y soy: es un enfoque que me ha acompañado en todos mis trabajos y en todas mis relaciones y que pongo en práctica todos los días. Desde el periodismo y la curaduría de contenidos, por ejemplo, me he comprometido con buscar e incluir voces de mujeres diversas en todas mis narrativas, y es gracias al feminismo que entiendo la importancia contar historias no tradicionales que describen universos diferentes a los míos y nos dan una comprensión más amplia de la realidad.

¿Cómo es ser periodista y activista al mismo tiempo? ¿Crees q hay una dualidad entre los dos oficios?
Ser una activista con formación periodística ha sido muy útil para mi feminismo y estoy cada vez estoy más convencida de que el activismo y el periodismo son ejercicios complementarios y, en mi caso, han sido casi inseparables.

Estudié periodismo porque tenía ganas de incidir en la realidad: entenderla, narrarla y, por qué no, ayudar a cambiarla, como han hecho tantos periodistas con sus trabajos, reportajes, denuncias e investigaciones. Entonces aprendí la metodología y me familiaricé con los principios éticos que caracterizan el buen periodismo: la investigación precisa, responsable y verídica, la rigurosidad, la fidelidad a los hechos y la humanidad a la hora de investigar y narrar una historia. Tanto la metodología como la ética periodística se me convirtieron en hábitos profesionales y hacen parte fundamental de mi activismo.

Entonces creo que ese buen periodismo, el que no es pasivo ni en su intención ni en su práctica, el que motiva cambios políticos y sociales y está al servicio de la ciudadanía, la democracia y los derechos humanos, no es tan distinto del activismo. ¿Por qué la urgencia de diferenciarlos? Y aunque esta forma de entender el periodismo sigue siendo muy polémica para algunos periodistas tradicionales y académicos, celebro que seamos cada vez más los periodistas que describimos e identificamos nuestro oficio como una forma de activismo. Eso me parece honesto y realista y me hace sentir orgullosa del camino que emprendí y optimista del futuro que como activistas y periodistas vamos a ir construyendo.

¿Qué le recomendarías a las mujeres que creen la igualdad de género pero no se consideran feministas?
Debemos perderle el miedo a la palabra que nombra las luchas que más nos han defendido. Ojalá podamos decir la palabra feminismo con orgullo y con gratitud, porque el feminismo es una fuerza que busca proteger, y ha protegido, incluso a las mujeres que no se sienten identificadas con nuestra causa. Y si ser feministas incomoda a los demás es porque nuestra libertad y autonomía amenaza el control que han ejercido siempre sobre nosotras y esa incomodidad es señal de que debemos seguir firmes. Una vez que le pierdan el temor a la palabra se encontrarán con un apoyo y una comprensión que es muy poco frecuente en otros espacios de nuestras vidas y no se arrepentirán de ser parte del nuestra constelación.

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Toya Montoya

¿Cómo equilibras tu apuesta por la belleza con la responsabilidad social?
Mi apuesta no es hacia la belleza, ni nunca fue por la belleza. Tuve la suerte de nacer con unas cualidades que me permitieron ser parte de la industria de la moda que me acogió y me hizo crecer dejándome ser como soy; dejándome ser yo. Encontré la belleza ahí, entendiendo que lo que nos hace únicos es lo que llevamos dentro, no la apariencia física.

El día que entendí que a través de mi profesión podía comunicar muchas cosas empecé a pensar en cómo podría ayudar a otras personas a través de lo que yo hacía. Así empecé una fundación hace 10 años para el bienestar de los niños más vulnerables de mi ciudad Santa Marta, llegando hace 5 años a trabajar con comunidades indígenas y entendiendo la importancia del rol que cumplen estas comunidades en el cuidado del medio ambiente.

Hoy estoy intentando inspirar a otros para que, entre todos, busquemos opciones sostenibles y comencemos a relacionarnos de una manera consciente con todo aquello que rodea lo que comemos, lo que vemos en los medios, lo que hablamos, lo que compramos; y de esta manera aportar desde lo personal a frenar el cambio climático.

¿Qué le dirías a quien piensa que es una contradicción ser modelo y defensora de comunidades marginales, como las indígenas?
Yo no creo que exista tal contradicción. Uno puede ser muchas cosas al mismo tiempo y, en este caso, ser modelo ha complementado mi labor de defensora de niños e indígenas, y ahora también del medio ambiente.

El modelaje para mí ha sido una herramienta efectiva y positiva para mostrarle a quienes me han acompañado a lo largo de mi carrera que podemos y debemos ser parte del cambio que el mundo necesita. Vivimos en un mundo lleno de ruido y es por eso que es importante mostrar que hay algunas cosas que nos afectan a todos por igual. La atención que yo genero está direccionada a estas causas. Yo sólo soy un vehículo para generar conciencia en esas acciones y cambios que el mundo necesita.

¿En dónde encuentras posibilidades reales de cambio?
Los seres humanos tenemos la capacidad de cambiar, y así como podemos cambiar nuestras vidas, también podemos transformar nuestro entorno. Estamos en un estado cambiante todo el tiempo: siempre buscando ser mejor persona, siempre buscando despertar mi conciencia que estuvo por mucho tiempo dormida. Ahora soy más consciente de las cosas que nos afectan y de lo que yo puedo hacer para que esas cosas cambien. Intento estar mucho más informada.

Cada uno de nosotros está la libertad de cambiar o no. Cambiar no es fácil; demanda sacrificios como, por ejemplo, modificar malos hábitos. Pero se puede, todos somos capaces de hacerlo. Creo firmemente en la voluntad de modificar nuestras acciones diarias, es cuestión de voluntad, así el cambio está nosotros: es abrir los ojos y DESPERTAR.

Toya Montoya. Fotos y collage por Paula Thomas.
Toya Montoya. Fotos y collage por Paula Thomas.

¿Cómo te cuidas a ti misma para poder continuar con tu activismo y tu trabajo creativo al mismo tiempo?
Servir para mí es no solo un honor sino un privilegio. Estoy agradecida con este momento de mi vida en el que puedo usar lo que sé hacer para servir y para hacerlo he entendido la importancia de la salud, la estabilidad mental y de los hábitos saludables.

Intento estar en contacto con la naturaleza, esa ha sido mi medicina. Es ahí cuando entiendo las enseñanzas de las comunidades indígenas: conecto con mi propósito de vida. Volver a las raíces me da la fortaleza para luchar por lo que creo y es ahí también donde encuentro las respuestas a cómo hacerlo.

¿Qué te inspira de la figura femenina de las comunidades?
Lo femenino es sagrado. En las culturas indígenas que habitan la Sierra Nevada, la mujer juega un papel fundamental en el equilibrio de la vida. Cuando la vida te inspira todo lo demás inspira. Las mujeres son dadoras de amor incondicional, son respetadas por su conocimiento. La tierra es sagrada, es femenina, es dadora de vida, al igual que la madre tierra la mujeres son el soporte para todos los que habitan estas comunidades, son quienes crían, protegen, alimentan, y aconsejan a niños, jóvenes y adultos. El equilibrio entre las parejas de estas comunidades indígenas es ejemplo del balance que deberíamos tener en todos los aspectos de nuestra vida.

Créditos

Fotografía y Dirección de Arte: Paula Thomas
Asistente de Fotografía: Nicolás Cañón Luna
Estilismo: Clau Rojas
Maquillaje y Peinado: Laura Pantoja
Mobiliario: Diamantina y La Perla & Verdi Design

Ropa y accesorios por:
Manuela Álvarez
Nora Loza
Velázquez
María Eugenia Villamil

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