¿Ha cambiado el concepto de música en directo tal y como lo conocemos?

Dicen que antes de un gran cambio viene una crisis, y parece que el coronavirus ha abierto la puerta para un nuevo paradigma en la industria musical.

por Eva Sebastián
|
09 Julio 2020, 11:14am

En los últimos meses, nuestra manera de consumir cultura se ha visto sacudida por el desfavorable contexto mundial en el que estamos sumergidos. Nos hemos tenido que replantear todo aquello que dábamos por sentado; ni los festivales, ni los museos, ni las discotecas son como antes. Ahora todo gira entorno a la distancia social. Pero cuando se aprecia alguna cosa, como muchos apreciamos la cultura, siempre se encuentra la manera de perpetuarla. Es por eso que, durante estos meses, se han explorado nuevas formas de consumirla a través de pantallas.

Es verdad que, como generación, ya estamos acostumbrados a vivir nuestras vidas, casi de manera imperativa, a través de internet. Pero esta vez, las plataformas digitales no son un añadido, un aliciente, sino, más bien, la única puerta al mundo “real”. También es cierto que, durante las semanas que hemos estado confinados, nadie se ha inventado nada. Las herramientas con las que se han buscado nuevos formatos ya existían. Estaban al alcance de cualquiera con un móvil e internet. Pero ahora nos ha tocado darles el uso que realmente merecen.

Una de las industrias que se ha visto forzada a replantear su relación con los consumidores es la musical. Con la cancelación de todo tipo de conciertos, y un ambiente más que hostil para el lanzamiento y distribución de nuevos discos, tanto los artistas como sus equipos se han visto obligados a buscar nuevas maneras de conectar con la audiencia.

Además, durante las tres primeras semanas de cuarentena, los streamings de música online descendieron más de un 10%, según un artículo de Forbes publicado el pasado 15 de mayo. Este hecho aceleró la necesidad de buscar nuevas vías de contacto, de romper la barrera del aislamiento. Desgraciadamente esto desató una especie de locura colectiva dentro de la industria. Por todas partes empezaron a aparecer contenidos hechos de una manera atropellada. Un avasallamiento intrusivo de información irrelevante. Nuestros teléfonos, ordenadores y tablets se llenaron de entrevistas en directos de Instagram, conciertos multitudinarios -cada uno en su habitación-, más lives, más streamings en Youtube, challenges que nadie había pedido, una entrevista desde el perfil del grupo, un live en zoom de covers, y cualquier cosa que te puedas imaginar en directo y que probablemente ni te interesa. Asfixiante. En pocas semanas se había producido un superávit de contenidos de baja calidad. La gente tampoco estaba interesada en ver por décima vez la misma entrevista con el mismo grupo o el décimo concierto en acústico de ese cantante de versiones.

Por suerte, hubo gente que vio esta especie de parón cultural como una oportunidad. No se trataba de ser el primero o de producir el máximo de contenidos en el menor tiempo posible. Los artistas más jóvenes, despiertos e innovadores de nuestra generación, se adentraron en las posibilidades que la idea del streaming en directo les ofrecía. No iban a dejar de dar conciertos o de crear música, pero si el contexto en el que vivíamos era distinto ¿por qué no hacer las cosas de una manera distinta?

Como premisa, un live streaming no es más que poder transmitir vídeo y sonido de un acontecimiento mientras que este está pasando. Es decir, esta herramienta permite, a cualquier artista con WiFi, compartir aquello que hace, desde cualquier lugar, a tiempo real. No importa que se esté en un paraje recóndito, aislado o inaccesible para multitudes. Además, para acceder, los espectadores solo necesitan una pantalla con acceso a internet. Sabiendo esto, puedes hacer algo mejor que grabarte de manera medio desenfocada en el salón de tu casa o vanagloriarte de naturalidad mientras haces versiones acústicas de los temas de siempre. Por ejemplo, podrías aprovechar que un live streaming te permite transportar de manera virtual a tu audiencia a lugares y experiencias que de forma física sería imposible. Convertir el live en un acontecimiento en vivo inviable sin pantallas de por medio; ya sea porque el espacio desde donde se retransmite es virtual (por lo tanto no existe en un mundo tangible), porque la capacidad del espacio es muy pequeña, o bien, porque la intervención del público en este espacio lo modificaría.

Una de las artistas que dio el pistoletazo de salida a este replanteamiento fue Charli XCX. A pocos días de empezar su confinamiento voluntario, decidió hacer un álbum de cuarentena con la ayuda de sus fans. Esto no fue una forma de hablar. Los fans colaboraron de manera online a lo largo de todo el proceso. Los fans participaron en lives de Instagram, sesiones de zoom y compartieron versiones propias del trabajo de Charli. Este hecho no hubiera sido posible sin toda una infraestructura digital de por medio. Es impensable que mil personas pudieran llegar a caber en el salón de Charli XCX para aportar ideas u opiniones. La digitalización de todo este proceso es lo que lo hizo posible. El resultado fue una especie de documental transmedia interactivo de 40 días en vivo. Ahora, sin disfrutar de la interactividad que permitía el directo, puede ser revisionado en distintas plataformas.

Otro artista que experimentó con las posibilidades que ofrecía el live streaming fue Yung Lean. En su caso, el pasado 2 de abril, dio uno de los mejores conciertos con voz en directo que se han visto durante la cuarentena. Creó un escenario que solo podría existir sin la presencia de público. Durante una media hora ofreció un concierto de temas inéditos y grandes hits desde el interior de un camión. Este espacio de luz tenue estaba decorado con infinidad de candelabros, una atmósfera que solo se podía dar en un espacio no apto para multitudes. Ya no solo por el ambiente, sino por la propia movilidad del joven sueco. Las cámaras que lo retransmitían, en directo desde su web y Youtube, fueron los únicos asistentes. Pero lo que aparentemente podría ser solo un concierto grabado, se convirtió en un acto que gozó de una verdadera idea de “en vivo”, ya que los fans se aglomeraron en el chat para comentarlo tal cual iba sucediendo.

1594292555178-TRAVIS

Quienes lograron ir un paso más allá fueron Travis Scott y 100 gecs. En estos casos optaron por dar conciertos en espacios que no existen más allá de la web. Para ello se utilizaron dos de las plataformas virtuales más importantes de la cultura pop actual. Por un lado, Travis Scott organizó una serie de conciertos en Fornite, la plataforma de battle royale más famosa de la actualidad. Esta vez la voz no era en directo. Pero lo que se trataba era de la espectacularidad e interactividad de la que gozaban los espectadores a lo largo del concierto. El 24 de abril sus fans pudieron asistir al primero de toda esta serie en un universo inspirado en el imaginario de Astroworld. Mientras que todos los participantes podían campar a sus anchas por ese mundo, este iba mutando desde una simple playa, pasando por el espacio exterior, hasta quedar sumergidos en el agua. Todo esto sucedía al mismo tiempo que la figura de Travis Scott cambiaba de tamaño a la vez que el escenario. De una manera más casera y sin ningún tipo de deal con la plataforma, 100 gecs albergaron su propio festival en Minecraft. El que fue conocido como el Square Garden donde se rodearon de otros amigos del sector como Tommy Cash, Danny L Harle o la ya mencionada Charli XCX.

La idea de utilizar plataformas de juego online para ofrecer experiencias musicales demuestra la infinidad de posibilidades que estas albergan. A su favor tenían que realmente fueron eventos únicos. Ahora, más allá de visionarlos en alguna plataforma de vídeo, no puedes volver al escenario del juego en donde sucedieron. Los propios 100 gecs comentaban que el futuro pasaría por crear plataformas específicas enfocadas a dar este tipo de festivales y conciertos, donde el universo será totalmente customizable para el artista. Concebir espacios digitales pensados para ir un paso más allá a nivel musical.

A nivel nacional tampoco nos quedamos cortos. El primero en arriesgar con el contenido fue Chico Blanco en su aparición en el Cuarentena Fest. En lugar de hacer un directo desde el salón de su casa, preparó un set de tres videoclips, o performances, que, una vez acabado el directo, desaparecieron de YouTube. En este caso decidió jugar con la exclusividad del momento. Si estuviste bien. Si no, te lo perdiste. Más tarde, el granadino, de la mano del MACBA, mostró otra propuesta de live online. Esta vez sí que fue un concierto a tiempo real, pero lo realizó en una montaña inhóspita. Sin público, perdido en la naturaleza. El clima de tranquilidad que se alcanzaba era inimaginable con espectadores físicos. Siguiendo estos parámetros, Rebe hizo lo mismo en un bosque, donde ofreció un concierto de pop intimista. La proximidad de la cámara y la inaccesibilidad del espacio mostraban que no habría sido posible de cualquier otra manera.

Esto ha abierto la oportunidad de experimentar y crear nuevos formatos basados en el distanciamiento. Durante estas semanas, se ha demostrado que hay ganas y talento para crear experiencias excepcionales para redes. No se trata de hacer videoclips con la voz en directo o adaptaciones de los conciertos tradicionales. Sino de hacer un tipo de producto que acerca de manera singular a artista y espectador. La idea es poder salvar las distancias que conllevan las pantallas al dar a este formato un carácter pensado en exclusiva para un universo digital único, y en muchos, casos interactivo. Convertir el inicial handicap que es la distancia física en una ventaja que ayuda a realizarlos. Ahora queda por ver si la industria musical seguirá apostando por esta vertiente de la hiperrealidad, cuando volvamos a vivir en una aparente normalidad.

Tagged:
lives
Música
Streaming
Cultura
Coronavirus