de miguel trillo a sybilla: una breve historia de la movida madrileña

Repasamos la obra de algunos de los artistas que marcaron uno de los movimientos contraculturales más relevantes de nuestra historia reciente.

por Araceli Martín
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20 Diciembre 2016, 10:20am

Fotografía Miguel Trillo. Imagen vía Wikimedia Commons

Sí, volvemos a hablar de la Movida Madrileña, pero cuando un país pasa de vivir 40 años en una dictadura a una democracia y en menos de 10 años se consigue que la censura desaparezca y la libertad reine, dicho fenómeno es merecedor de una especial atención a pesar de los años. Y si además, la Red Gallery de Londres le dedica una exposición a esta corriente de creatividad y liberación sexual, aún hoy, es imprescindible mencionar este cambio que supuso en España un antes y un después para todos los que estuvieron o llegamos más tarde.

En un Madrid en plena transición y liderada por Enrique Tierno Galván —el primer alcalde elegido en democracia—, la ciudad vive un espectacular renacimiento de su vida cultural, artística y social, adormecida durante el franquismo, dando lugar a la "movida madrileña", que duraría desde 1977 a mediados de los ochenta. Tras cuatro décadas de censura, España vive un momento de plena liberación en todos los ámbitos. Se crea una corriente creativa inexistente hasta el momento, una necesidad de hacer cosas, de crear. En la misma ciudad coinciden un grupo de jóvenes con ganas de cambiar las cosas, creando un estilo propio en la moda, la música, la fotografía y el diseño. 

La música fue uno de los aspectos fundamentales del movimiento e influía, junto con el cine, directamente en la moda. Uno de esos grupos fue Peor imposible, nacido en el verano de 1984 y formado entre otros, por Rossy de Palma —quien más tarde se convertiría en una de las chicas Almodóvar—. Con vestuario de Sybilla y arte de Ouka Lele, el grupo consiguió patrocinio de la Comunidad de Madrid, realizando una gira por Italia con Gabinete Caligari y La Frontera. 

En 1989 se disuelven, continuando algunos de sus componentes con el grupo Diabéticas Aceleradas, nombre que le puso de manera totalmente espontánea Bárbara, una travesti que se presentaba a la alcaldía de Ibiza. La actuación —que iba a ser en la sala Sirocco de la Plaza Gomila de Palma— se retrasó, uno de los componentes era diabético y empezó a ponerse nervioso, y justo antes de salir, Bárbara inspirándose en la situación, se inventó el nombre del grupo. Años más tarde, en 1999 ficharían a la Terremoto de Alcorcón.

Este movimiento fue formado por una sociedad deseosa de cultura, también en la televisión, se le daba espacio a este tipo de programas. La edad de oro, La bola de cristal, Aplauso, Tocata o FM2 presentado por Cristina Rosenvinge eran algunos de los programas que retransmitía TVE, la única cadena de televisión en España por aquel entonces. De las artes plásticas, la pintura fue uno de los campos más destacados, con artistas como Guillermo Pérez Villalta, El Hortelano y Ceesepe que junto a Agust, y Alberto García-Alix fundaron el colectivo Cascorro Factory para vender sus cómics en El Rastro, produciendo las primeras ideas transgresoras de la movida madrileña y abriéndose poco a poco a otras disciplinas gráficas.  

En Barcelona, destacaban ya artistas como Nazario -padre del cómic underground autóctono- denominado línea chunga. Las Costus, pareja artística y sentimental que vivían en calle Palma (Malasaña), y cuya casa sirvió de plató para el rodaje de los interiores de la película Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón de Almodóvar, se convirtió en lugar de encuentro entre amigos como Pablo Pérez-Mínguez, el propio Almodóvar, Tino Casal, Fabio McNamara, Alaska, Nacho Canut o Carlos Berlanga.

Fotografía Alberto García-Alix. Imagen vía @rossydpalma

En cuanto a la fotografía, el que mayor supo representar a los jóvenes del momento fue Miguel Trillo, nadie como él para retratar a las tribus urbanas de ayer y de hoy. Alberto García-Alix, sin embargo, sabía captar los momentos más sórdidos de su círculo más cercano y de lo que también se vivía en el momento. La heroína había llegado a España y en esa liberación necesaria también hubo momentos de excesos incontrolados con finales no siempre acertados. Al no existir información muchos fueron los que se quedaron para siempre en un limbo eterno. Alejandro Cabrera -más orientado hacia la fotografía de moda y publicidad- o Gorka de Dúo -que acompañó y fotografió a Andy Warhol- también se abrieron camino durante esos años.

La moda era un canal de expresión en el que se pretendía demostrar que España estaba cambiando. Era una moda ante todo llamativa, no se quería pasar desapercibido. Cardados, medias de colores, estampados de leopardo, prendas rajadas… Manuel Piña y el punto como tejido protagonista de sus prendas, Jesús del Pozo y sus formas orgánicas, Francis Montesino o Sybilla y sus piezas envolventes inspiradas en la naturaleza y con tejidos casi siempre cogidos del rastro madrileño o de almacenes de viejas tiendas, fueron algunos de los máximos exponentes del momento.

Sybilla otoño/invierno 87/88. Imagen vía @sybillaofficial

La movida madrileña es un tema recurrente siempre en un país en el que nos gusta vivir en el pasado o en el futuro más que en el presente. Pero también es cierto, que no se puede pasar por alto un movimiento que supuso un cambio radical en un país sin libertad vital ni creativa. Muchos fueron los años que los homosexuales vivieron a escondidas su amor por miedo a represalias y otros tantos con una ideología distinta a la que lideraba en el momento no tenían derecho a expresar sus pensamientos. El movimiento feminista emerge en España inmediatamente tras la muerte de Franco, con un retraso de cinco a siete años sobre otros países europeos. Hasta el momento las mujeres casadas no podían disponer de sus bienes, ni aceptar herencias, ni comparecer en juicio por sí mismas y hasta 1981 no tenían derecho a divorciarse.

Hubo una tremenda transición entre un país con miedo a otro con una mente abierta, con ganas de avanzar. Tuvo mucho que ver el apoyo político que pretendía mostrar un punto de inflexión entre la sociedad franquista y la nueva sociedad de la democracia. Esta imagen de una España "moderna" -o cuanto menos abierta a la modernidad- sería utilizada a nivel internacional  para combatir la imagen negativa que el país había adquirido a lo largo de cuatro décadas de dictadura. Por eso no es de extrañar, que casi 40 años más tarde, sigamos hablando de este movimiento contracultural en el que muchos factores se unieron para provocar una nueva sociedad española en la que que la cultura era la base de unos cimientos que aún hoy perduran. Ahora, a finales del 2016, estamos gobernados por políticos que no ven necesario que un país se desarrolle a nivel creativo, así que quizás sea el momento de una nueva revolución cultural.

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Texto Araceli Martín
Fotografía Miguel Trillo. Imagen vía Wikimedia Commons

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