la artista española que ha dado una lección a los dictadores del mundo

Mezclando cultura pop y punk en el libro 'Dictadores', Roberta Marrero vuelve a recordarnos por qué nunca está de más reivindicar aquello en lo que creemos.

por Nico Grijalba
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12 Noviembre 2015, 10:30am

Fotografía Mista Studio

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Hablamos con Roberta Marrero, la polifacética artista que ha vuelto a Madrid tras su paso por Copenhague, centrada en esta ocasión en su trabajo como artista plástica. Marrero vuelve (posiblemente) más madura, decididamente activista y elaborando un discurso artístico que cada vez es más inseparable de su persona. Vuelve además presentando Dictadores, su nuevo libro de collages punk editado por Hidroavión. Por todo esto y mucho más es una alegría volvérsela a encontrar por las calles de Madrid con su carpeta de dibujos bajo el brazo...

Es inevitable preguntarte por tu vuelta. ¿Comienza una nueva etapa?
Pues no lo sé… No me gusta pensar en mi vida como en una sucesión de fases. Antes estaba en Copenhague y ahora estoy en Madrid.

¿Cómo era tu vida en una ciudad como Copenhague?
Viví bastante aislada en Copenhague. Nunca hice amigos allí y es la primera vez que me pasa. Tampoco involucrarme en cosas artísticas o culturales. Pasar tanto tiempo sola me obligaba a trabajar cada día -el trabajo me llena mucho-, lo que me creó un rutina y una disciplina bastante positiva.

Algunos amigos te imaginábamos como una vampira habitando aquellas tierras frías (al menos aquellos primeros meses).
Claro, cuando me mudé a Dinamarca cerré mis redes sociales y, si haces eso, parece como que no existes. Fueron más que meses: creo que no tuve ni Facebook ni Instagram ni nada de nada durante dos años. Lo recomiendo.

Parece que has decidido centrarte en las artes plásticas. ¿Se habita mejor en esta disciplina?
Me gusta trabajar sola, hacer solo lo que quiero y el arte plástico es perfecto para eso. Eso no quiere decir que en el futuro pueda volver a ser dj puntualmente, volver a hacer algo como actriz o grabar un disco, pero tendrían que ser proyectos que me interesasen mucho.

Tu obra transforma los iconos de todas las épocas. ¿Eres una iconoclasta o una colgada por los iconos?
Supongo que ambas cosas.

Sin embargo, esa veneración por las figuras icónicas coincide con un desprendimiento de las nuevas tecnologías y una apuesta por lo manual.
Es que yo no sé hacer las cosas de otra manera. Tengo 43 años y cuando estudiaba en la escuela de arte, todo lo hacíamos manual: no había ordenadores ni programas informáticos de diseño o de dibujo. También es verdad que a mí lo que está hecho a mano me gusta más porque está vivo, pero es una cuestión de gustos, claro.

¿Se sufre más siendo mitómana en pleno siglo XXI?
Yo, como mitómana de la era pre-Internet, estoy encantada en el siglo XXI. Ahora vas a eBay y te compras lo que quieras: ya no hay que viajar para conseguir libros o películas. YouTube es la Biblioteca de Alejandría del siglo XXI; hay tantas cosas divinas que ver (y no me refiero a vídeos de gente haciendo el chorra). Lo que me pregunto es si este tiempo, en el que todo se consume más rápido, será capaz de generar mitos.

Leyéndote adivino una Roberta más comprometida o más activista. De no callarte nada, aunque tampoco lo has hecho nunca.
Hay que posicionarse políticamente. Hemos avanzado mucho, pero todavía hay mucho por lo que luchar en España. Hace 40 años que se murió Franco y seguimos arrastrando un montón de fantasmas del franquismo y del catolicismo, que ha sido y sigue siendo feroz en este país.

Me pone negra ver a gays llamando señora a una homófoba del calibre de Pitita Ridruejo, por ejemplo. Una señora es Patti Smith, ¡perdona! Por no hablar del canal Intereconomía, la ley mordaza...

Son conocidos tus referentes culturales, tus fetiches musicales, tu pasión warholiana... ¿Tienes algún referente inconfesable?
Me temo que no.

¿Cómo contemplas el mundo que te rodea?
Desde fuera no me siento parte del mundo, así, en general. Todavía siento que no encajo en ningún sitio que no sea en mi propia burbuja.

La muerte es un tema recurrente en tus obras, aunque solo sea porque tus grandes mitos ya no respiran (al menos literalmente). ¿Te fascina la muerte?
Soy siniestra: la muerte, lo gótico y lo mórbido me atrae. No pienso mucho en la muerte de todos modos; es parte de la vida y no la niego, pero además de a nivel estético, no me obsesiona. Hay cosas peores que morirse, te lo aseguro...

Le has dedicado un libro a los dictadores. ¿Hay alguna relación entre ser poderoso y ser hortera?
Eres hortera o no, independientemente de que seas poderoso o no. Hitler, por ejemplo, no lo era.

¿Volverías a la música?
No lo sé.

En tu círculo de amigos ahora aparece reiteradamente la figura del artista Aitor Saraiba. Intuyo que existe un vínculo de amistad, pero también un interés artístico. ¿Cómo fue el encuentro?
Conozco a Aitor desde hace diez años o más, pero nos hemos vuelto a reencontrar este pasado verano. Me invitó a su estudio y ya no nos separamos. Siempre me ha gustado lo que hace Aitor, sus libros, sus cerámicas, sus dibujos... ¡Todo! También es una persona muy generosa y compartimos un universo bastante parecido. Coleccionamos juguetes, somos feministas, de izquierdas, artistas...

Compartí contigo momentos de un Madrid ilusionante, acelerado e inocente. ¿Qué destello te llega de aquello?
¡Qué pregunta tan difícil! Nunca pienso en el pasado la verdad; no soy nada nostálgica, gracias a dios… Supongo que lo pasamos bien.

iamgod.eu

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Texto Nico Grijalba
Retrato Mista Studio
Collages Roberta Marrero

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