los productores de la escena underground de londres que debes conocer

Desde el esquelético dancehall de Palmistry al colectivo dispar de sonidos underground del club de Endless, una generación de DJs de Londres ha creado un antídoto para la escena club homogénea y mainstream de la ciudad.

por Felix Petty
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19 Agosto 2016, 6:30pm

palmistry

El LP debut de Palmistry, Pagan, es fácilmente uno de los álbumes más sensacionales del año. Realmente no es una sorpresa, ya que Palmistry —aka Benjy Keating— ha estado haciendo música sensacional ya por unos cuantos años.

Benjy nació en Irlanda. Sus padres tenían una iglesia cristiana, terminó viviendo al sureste de Londres ("Daddy was a pastor / Mummy was a pastor / Son was a pagan" ["Papi era un pastor / Mami era una pastora / El hijo era un pagano"], es la letra del track que le da el título al álbum) y por un tiempo trabajó como enfermero de salud mental. Se hizo amigo de un grupo de productores, DJs, MCs, Lexxi, Felicita, Blaze Kid, Uli K, Kamixlo, Triad God, y su trabajo como productor maduró rápidamente; singles indicados, colaboraciones, participaciones como invitado, y ahora está Pagan, lanzado por la disquera de Brooklyn, Mixpak. Un álbum que se erige como un cenotafio apropiado para un momento en la música en Londres.

Benjy Keating aka Palmistry por Tonje Thilesen para Thump.

Una de sus primeras canciones destacables, Catch, era esquelético y serpentino, tal vez fantasmal si hubiera un fantasma del dancehall y el reggaeton, obligado a volver de la tumba para rondar un nightclub clausurado de Brixton. Catch desmonta esos sonidos dancehall a su base sónica de elementos dejando sólo una línea de graves eléctrica y fuerte, un drumbeat cortado, un reluciente sintetizador; las vocales fuertemente autotuneadas y retorcidas de Benjy cantan emotivamente una y otra vez: "I'll catch you when you fall" ("Te atraparé cuando caigas"). El simple poder emocional y entrega de la letra, junto con su novedad sónicamente inventiva, hizo que destacara.

Pagan apenas se apega al mismo montaje y fórmula de Catch. Arrugando el mismo estado anímico emotivo y musical a través de sus 13 canciones. Hay una melancolía y anhelo desconocido que se encuentra en el centro de Pagan, el cual lo sitúa un paso aparte de lo que podrías pensar tradicionalmente del dancehall, el estilo musical con el que tiene una deuda más formal y obvia. Es la disonancia, entre forma y contenido, que es tan seductora. Club Aso, el primer single del álbum, tal vez es la canción que más destaca, tiene una suavidad y lentitud que la empuja más allá de la referencia música inicial y obvia del dancehall; hay una vulnerabilidad rara en el minimalismo del autotune susurrado, la letra medio atrapada y su desliz casi como el de The Beatles

Palmistry comparte una similitud a Burial en una circulación giratoria en la que ambos rehacen la música club como un eco de sí misma, reelaborando la euforia comunal del movimiento, éxtasis y alegría como una manera de llegar al aislamiento, soledad, sensibilildad; yuxtaponiendo la elevación con la melancolía, y puñaladas de una clave mayor de introspección de sintetizadores.

Así que, Pagan es grandioso, no es sorpresa. Aunque lo que fue sorprendente fue que lo reconocieron con elogios superlativos en el bastión del buen gusto y periodismo extensivo de The New Yorker.

Palmistry en The New Yorker, por Mark Pekmezian. 

Tan placentero como fue, el ver a este músico underground del Reino Unido ser representado en la Gran Manzana, se sintió un poco extraño e incongruente para un álbum hecho de los ecos de los sonidos club de Londres encontrar dicha admiración en The New Yorker; para mí, se siente muy hiperespecíficamente londinense, un álbum nacido y criado entre el único embrollo cultural de Londres. Claro, la buena música es universal, y la música de Benjy le debe mucho a ese universalismo; Irlanda, vía Jamaica, vía el sur de Londres, todo está siendo recontextualizado a través de su visión, filtrado por su talento como productor. 

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Pero no sé, la música de Benjy, por lo menos para mí, se siente muy específicamente descentrada por encontrar un lugar incluso al norte de The River o al sur de South Circular. Para alguien que ha visto su carrera crecer, pareciese como el último lugar en el que iba a aparecer. O tal vez no. Desde que Bieber lanzó What Do You Mean? con Skrillex y Diplo, todas las tomas de los sonidos jamaiquinos han tenido un goteo constante en lo mainstream. En el despertar de las juguetonas invenciones pop de su colaboración, los representantes más grandes del pop han recalibrado música isleña en versiones anodinas listas para una audiencia global, en el proceso de limar sus bordes ásperos y difíciles de aceptar.

No es que sea una cosa nueva, el pop tomando a sorbos lo subcultural, al transformar sonidos forasteros en música para comer el brunch; en música club destinada y diseñada para el tipo de clubs que no dejaría entrar a las personas que iniciaron el género de música.

Aún así, Benjy no está solo. Si vas más allá de la superficie, hay una ola entera de productores impulsando estas formas similares, beats similares, ángulos similares, en direcciones nuevas y salvajes. Es por lo que el elogio prodigado hacia Palmistry y su disquera Mixpak en The New Yorker se sintió tan extraño (pero al mismo tiempo tan bien). Palmistry es simplemente el cifrado más accesible y sorprendentemente original para la escena en Londres, que está más o menos agrupada bajo la bandera de la noche de club Endless, y el grupo de productores y raperos del Bala Club. Vale la pena mencionar que no hay una afiliación oficial entre Palmistry y estas escenas, pero al menos para mis oídos, parece venir del mismo lugar, dirigiéndose a la misma dirección. Están uniendo los mismos puntos en maneras diferentes.

Kamixlo por Olivia Rose para i-D.

Endless y Bala Club, liderados por los productores Lexxi y Endgame, respectivamente, apenas contienen a Uli K, Kamixlo, Nkisi, y Bladee, igual que al artista de video Daniel Swan, y en un grado más lejano, a la marca de menswear Cottweiler, a quienes representan. Ellos aparecen en los álbumes de cada uno, mixtapes, shows de radio, y noches de club. Musicalmente se expanden, comparten una sensibilidad más que compartir una forma unificadora. Incluso aparecieron en Arena Homme +, en una historia tomada por David Sims, con Lexxi engalanando la portada, sosteniendo un manojo de rosas. Ambos son nómadas por su naturaleza, apareciendo en varios clubs, espacios, en cualquier lugar en el que puedan encajar.

Lexxi por David Sims en la portada de Arena Homme +.

Es una escena que es en ciertos modos única y sónicamente Londres, en su forma híbrida, pero también parte de un Londres que está bajo amenaza y desapareciendo, lo que parece ser la narrativa dominante en la capital inglesa hoy en día.

La presión y corporativización del espacio, el cual se manifiesta ante todo en las clausuras de clubes, reduce el espacio disponible para cualquier cosa resueltamente clandestina, no comercial o diferente. El centro se traga lentamente el margen, el lugar habitable para las prácticas creativas que puedan necesitar ese espacio para crecer se disminuye, porque sus méritos artísticos apenas son de la inmediata variedad giratoria del dinero. 

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Así que es una escena que nació de una escena del club que encuentra su hogar en los márgenes, espacios extraños y temporales. Endless, liderado por el productor Lexxi, empezó primitivamente e hizo un estudio en Penarth Centre en Bermondsey, un complejo que se desmorona bellamente de espacios de arte, estudios, iglesias, talleres en la larga sombra de New Den en Millwall. Penarth es una joya escondida del tipo del que estás en apuros por encontrar ahora, pero del tipo que incluso hace cinco años, parecía estar en todos lados. Una pequeña utopía escondida sobre traer tu propio sistema de sonido, excluir al mundo exterior, perderte, encontrarte, de ese tipo de utopía.  

El tipo de utopía que se sintió como el tipo correcto de hogar para la escena. Endless es tal vez mejor descrito como un tipo de experimento libre de género en la posibilidad de que ruidos dispares chocaran entre ellos en formas impredecibles, graciosas (y divertidas) y aún sonar contiguo; rap, rave, metal, tropical, funk global, bajo. Hay una implacabilidad hacia eso, como fue mostrada en el reciente Bala Club Comp Vol. 1, o en el EP debut de Lexxi, 5TARB01, el cuál acaba de estrenar en la disquera recién lanzada Endless.

Entre estos grupos, se siente más como una fisura entre la cultura contemporánea club mainstream del trago de £10 libras de la variedad del este de Londres (dónde probablemente nunca podrías salirte con una agresión musical tan incesante) y la posibilidad de la vida nocturna para crear nuevas formas de expresión. Si el mainstream estos días venera lo análogo por su pureza, o utiliza la computadora como una herramienta para la suavidad clínica de la mezcla y emparejamiento de los beats que intenta hacer invisibles los huecos necesarios, después Kami, Lexxi, et al., utilizan lo digital como una herramienta para insertar esas rupturas estilísticamente no linear en sets.

Paleta de Kami es el himno que destaca en la escena hasta ahora, el cual encapsula el sonido en menos de tres minutos de hardcore tropical sin descanso; el baile funk reajustado para los bordes de Londres, fiestas de la escuela de arte en favelas de luz de almacén industrial. El rapero ecuatoriano Blaze Kidd, a quien la mayoría de esta gente le ha hecho trabajo de producción, rima en español, sus mixtapes casan el reggaeton con la frialdad de la mugre, o Endgame, cuyo trabajo de producción reajusta el dancehall por medio de la frialdad industrial y la complejidad de la rítmica.

Endgame.

 5TARB01 de Lexxi se siente como el próximo paso, a través de cinco canciones, resumiendo la propia producción de Lexxi del carácter distintivo y espíritu de las noches de club y la escena; el cual podrías suponer como indagar en los extremos para ver que joyas puedes descubrir. Hay poca concesión para una aburrida unidad o pureza estilística, de una manera extraña, que se encuentra justo afuera de lo que podrías esperar de cómo sonaría, o hacer a continuación, pero de un modo sublime, que tiene todo el sentido en sus embestidas e inmersiones.

Que es donde yo creo que traemos a Palmistry de vuelta, que entre todos estos productores (no que ellos admitirían específicamente trabajar juntos o ser influenciados el uno al otro) hay una honestidad en el hecho de que ninguno de ellos realmente suena muy similar, o suena muy planeado, ellos operan en extremos diferentes, los cuales se enlazan juntos de una forma. Hay una solidaridad que viene de operar desde las afueras. Mientras están madurando, se están haciendo mejores en encontrar esas joyas en esos extremos, descubriendo esos momentos de éxtasis sónico y felicidad.

Esa honestidad, esa naturaleza sin planear, esa cosa de usar FUBU DIY se siente como un antídoto a la mayoría de lo básico y del aburrimiento que pasa como la cultura club actual (y música influenciada por el club) en Londres. Es por ello que es entrañable ver que está siendo retomado, aunque un poco fuera de contexto en The New Yorker.

Credits


Texto Felix Petty 
Foto principal vía Facebook

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