Fotografía Mitchell Sams.  

las flores de rodarte cobraron vida en la lluvia de ny

Un cementerio de Nueva York recibió la visita de Kate y Laura Mulleavy.

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sep. 10 2018, 6:20pm

Fotografía Mitchell Sams.  

Las colecciones de Rodarte se vuelven más conmovedoras cuando el dúo agrega un toque agrio a sus embellecidos diseños –ya sea tomando inspiración de una película de terror o una banda sonora disruptiva. Esta temporada no fue diferente, solo que esta vez el toque interesante no fue nada planeado. Mostrar su colección en el encantador Marble Cemetery parecería una gran idea, a menos que fuera a caer un diluvio, que fue precisamente lo que sucedió ayer. Los invitados se sentaron húmedos mientras la lluvia se juntaba en sus zapatos, acurrucados bajo sombrillas y compartiendo impermeables. La incomodidad (ciertamente leve), sin embargo, agregó algo intangible a los diseños abrasadores de Rodarte: la melancólica sensación de pérdida, un toque de Edgar Allan Poe en los vestidos florales. O tal vez fue una muestra realmente dramática durante una tormenta, el tipo de efectos especiales por los que no puedes pagar.

Cualquiera que sea el simbolismo, este fue un gran retorno para Kate y Laura Mulleavy después de una interrupción de dos años en NYFW. Su primer look fue una cascada de volantes de cuero negro, infantiles, sí, pero impregnados de una especie de sensación ruda. Sus modelos parecían fantasmas extremadamente glamorosas a medida que avanzaban a través de las lápidas, con flores en el pelo y dramático blush en sus mejillas. Los volantes fueron un motivo recurrente, y fueron incluidos de muchas maneras. Desde el cuero antes mencionado, que también existió en rojo metálico, hasta los delicados encajes, las diseñadoras encontraron la manera de que todo tuviera volantes. Fue un doble golpe de la especialidad de Rodarte, sin ningún intento de las muy comentadas "piezas comerciales". ¿Quién necesita piezas comerciales cuando nadie está comprando ropa?, uno se podría preguntar. Parece una estrategia más segura el concentrarse en lo que las hermanas son buenas: vestidos que hacen que tu corazón se detenga.

El final, como siempre, tuvo a las modelos de pie sobre un cuadro bordeado por neón, mientras que la lluvia hacía lucir todo más extravagante y sombrío. Cuando las diseñadoras salieron, se veían ligeramente avergonzadas, era difícil saber si fue así por el estruendoso aplauso de la multitud, o la bendición del cielo nublado.

Este artículo apareció originalmente en i-D US.