Care por Klein en el ICA. Fotografía Marili Andre. 

este es el musical definitivo para los amantes de la electrónica

La compositora de música electrónica Klein derriba un estereotipo tras otro, empezando por las Princesas Disney.

por Georgie Wright; traducido por Eva Cañada
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23 Febrero 2018, 8:36am

Care por Klein en el ICA. Fotografía Marili Andre. 

Klein está cansada. Anoche tocó en el Berghain a la 1 de la madrugada, se subió a un avión de vuelta a Londres a las 8 de esta mañana y ha pasado todo el día recordando a 15 adolescentes sin experiencia previa sobre un escenario cuál es la dirección correcta para bailar el vals en torno a un árbol humano para un musical inspirado en Disney. Considera tomarse un té, pero acaba pidiendo una pinta.

Un musical no es exactamente lo que esperarías de una compositora de música experimental conocida por sus temas distorsionados, discordantes y amelódicos. “Los musicales son cursis", confirma Klein. Pero esta productora es todo lo contrario de cursi: entre sus fans se cuentan Arca y Dev Hynes, tiene un contrato con el sello londinense de música electrónica Hyperdub y flirtea con un enfoque poco convencional. “Utilizo un dictáfono y lo disecciono con Audacity", dijo Klein a i-D cuando bendijo con su presencia nuestra Clase de 2017.

Pero aquí estamos, en el Instituto de Artes Contemporáneas (ICA, por sus siglas en inglés) a las ocho de la tarde de un jueves, Guinness en mano, hablando sobre su próximo espectáculo, Care, y sobre nuestra mutua admiración por Andrew Lloyd Webber. El musical forma parte de un proyecto en desarrollo del ICA, que brinda a los jóvenes artistas libertad total para llevar al escenario obras de su propia creación (el año pasado pusieron en escena una ópera de Dean Blunt y Mica Levi). Y así es como Kelin se encontró escribiendo, eligiendo el reparto, dirigiendo, creando la banda sonora, actuando y supervisando un musical. "Me encantan los musicales", afirma Klein. "Son mi placer culpable. Pero mi pregunta era, ¿cómo puedo hacer un musical sin que parezca cursi?”.

Care, por Klein, en el ICA. Fotografía Marili Andre.

Sobre el papel, podría parecer que no lo ha conseguido. Care sigue a un puñado de críos rebeldes con estrictos padres adoptivos, que son arrojados a través de una puerta a lo Narnia y una pared de cemento hecha de hielo seco, antes de perderse en el bosque de Blancanieves y emprender una búsqueda para encontrar a los Niños Perdidos. Pero en la práctica es justo lo opuesto. Bajo los disfraces de princesas del siglo XVII hay Converse y Nikes. El reparto es muy diverso. El diálogo es mínimo, excepto para lanzar preguntas como, "¿Cuál es tu ranking definitivo de las 5 mejores muertes de EastEnders?”.

Pero el modo principal en que Care desafía a los musicales arquetípicos es en su paisaje sonoro. No hay armonías perfectas, no se cantan topicazos con voz de soprano, no hay coros en perfecta unión mientras Sandy y Danny se alejan volando en un Ford convertible de 1948. En lugar de ello, todo lleva el sello típico de Klein: es retorcido, inquietante e impredecible. Hay largas pausas y samples en bucle. Hay dos personas riendo durante un rato incómodamente largo. Hay niñas cantando en diferentes idiomas, más o menos al unísono, pero en realidad no.

Care, por Klein, en el ICA. Fotografía Marili Andre.

La diversidad del espectáculo es también otro bienvenido ejemplo de cómo Klein derriba los estereotipos. “Siempre me ha gustado Disney", dice acerca de su decisión de transformar a una parte del reparto en un puñado de princesas estilo Disney. Y digo "estilo" porque no defiende que mujeres delgadas predominantemente blancas dependan de un Príncipe Azul de mandíbula cincelada para que las salve de un sopor eterno. Lo que hizo fue recurrir a amigos y a otros músicos para que llenaran la zapatilla de cristal. “Tenemos un reparto enormemente diverso de Princesas Disney que normalmente no las interpretarían. Sea cual sea su procedencia, eso no influye en que hayan obtenido ese papel", afirma Klein. "Es más representativo de cómo es Londres. Si vas a tener un reparto solo de personas caucásicas... Eso no existe en el mundo real. Así no es la vida real”.

Como era de predecir, la parte más difícil es encontrar tiempo para ella misma, especialmente teniendo en cuenta su autoproclamada tendencia a ser una "maniática del control", que surge de sus propios elevados estándares. "Me presiono demasiado a mí misma. Necesito relajarme. Pero en mi cabeza, ¡simplemente no es Andrew Lloyd Webber!”.

Y desde luego que no lo es. Cuando el estreno del espectáculo se retrasa cuatro días, no obtenemos la experimentada representación de los éxitos de taquilla del West End. Ninguno de los actores tiene experiencia previa, por lo que a veces sus interpretaciones son algo dubitativas y las transiciones no están excesivamente pulidas. Alguna pausa probablemente dura más de lo planeado y el diseño del decorado es escaso. Pero no pasa nada, porque la finalidad de todo ello es precisamente que no sea Andrew Lloyd Webber. La finalidad no es hacer otro espectáculo idéntico a los demás, lleno de perfectos cambios de tono y tupés repeinados. El objetivo es combatir el statu quo, abrir mentes a un tipo diferente de musical. Y eso Care lo consigue totalmente. Quizá ahora Klein podrá conseguir su bien merecido descanso. "Después de esta cerveza", concluye, "me voy a pasar al té de jengibre”.

Care por Klein en el ICA. Fotografía Marili Andre.
Care por Klein en el ICA. Fotografía Marili Andre.
Care por Klein en el ICA. Fotografía Marili Andre.

Este artículo apareció originalmente en i-D UK