el sexo en la moda masculina

Greg French investiga sobre el reciente auge del 'sex appeal' de la moda masculina londinense.

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16 Enero 2015, 10:25am

Photography Piczo

Como dijo una vez Vivienne Westwood, a veces en la moda es sinónimo de desnudez. Aunque cuesta imaginarse algo así cuando las temperaturas llegan a 'bajo cero' y en la London Collections: Men abundan las prendas de abrigo. Sin embargo, la moda y el desnudo -o el sexo como lo describe Westwood- siempre han sido buenos amigos (y lo seguirán siendo durante mucho tiempo). El sexo vende y campañas como la de Justin Bieber para Calvin Klein o la de David Gandy para M&S lo confirman.

Por tanto, es interesante ver cómo esta temporada el viejo truco de enseñar los abdominales no ha estado muy presente en las pasarelas. A pesar de que el frío no nos deja enseñar mucha carne, los diseñadores han decidido tapar de arriba a abajo a sus modelos. Por ejemplo, Astrid Andersen ha sustituido a los pavos reales sin camiseta de su primavera/verano de 2015 para apostar por chulos con sudaderas, abrigos de pelo y boinas francesas. ¿Dónde está el truco? En la moda masculina también se puede jugar con la libido sin necesidad de subir los dobladillos o ensanchar los cuellos en 'V'. El próximo otoño será para sugerir, no para enseñar.

¿Y quién mejor para dar lecciones de sexo y moda que Tom Ford? La polémica no es algo nuevo para el diseñador americano: solo hace falta recordar su casting de estrellas porno para sus campañas y aquel vello púbico en forma de "G" durante su fructífera estancia en Gucci. El hombre y la mujer 'Tom Ford' son igual de sexys; la única diferencia es que en lugar de vestidos de seda sus hombres llevan cuello alto, chaquetas aviador y unos trajes impecables. Una estética de lo más masculina sin necesidad de recurrir al músculo fácil. Puede que el hecho de que Ford nunca lleve ropa interior sea el secreto que le permita crear las seductoras prendas que vemos en la pasarela temporada tras temporada. Y ese sex appeal es el que hace que todo el mundo se vuelva loco por conseguir un asiento en su desfile.

Fotografía Piczo

Londres es famosa por su liberación sexual y la cultura se ha ido construyendo poco a poco sobre esa base, desde los swinging sixties hasta las fiestas subterráneas del Soho. A diferencia de sus hermanas en París y Milán, la semana de la moda masculina en Londres muestra una gran variedad del hombre en todas sus formas, y prueba de ello es el auge de agencias como Anti-Agency o los castings abiertos a todos los públicos. La razón es que, en Londres, la gente está muy orgullosa de mostrar su diversidad cultural.

Por tanto, los diseñadores con sede en Londres no tienen miedo de rebelarse ante las normas predeterminadas de la moda ni de apostar por el sexo a la hora de crear una colección. Por otra parte, esto también supone una oda a la generación que tiene más libertad que nunca para explorar su sexualidad. Firmas como Sibling han sabido rendir homenaje a este hecho, apostando por mezclar el rosa -tanto en el pelo como en los zapatos- con los modelos más musculados. En su desfile más reciente, había piezas de lo más clásicas (corbatas, calcetines de rugby, trajes con chaleco y bombers) combinadas con otras de lo más provocadoras y femeninas. La fusión de todos estos elementos funciona a la perfección con el nuevo concepto de masculinidad y no tiene nada que envidiarle a cualquier campaña de ropa interior.

Fotografía Ash Kingston

La estética de los modelos en Londres también es de vital importancia. Las melenas revueltas en Lee Roach o el pelo mojado en Alexander McQueen son algunos ejemplos de que las historias que se cuentan en Reino Unido son mucho más atractivas que en otras capitales de la moda. El sexo es gran parte de esa fantasía que generan los diseñadores; por tanto, cuanto más rica es la trama, más fuerte es el deseo.

La mirada también juega un papel crucial en la pasarela. Freud dijo que la libido que podemos llegar a trasmitir con los ojos es lo más importante a la hora de incitar al sexo. De hecho, la mayoría de la gente cuida su imagen con el fin de proyectar una idea particular de su propia sexualidad. Una idea que podemos trasmitir tanto con una minifalda rosa como con un traje impoluto de Saville Row y que es muy clara: sentirnos deseados por aquellos a quienes nosotros deseamos. En las semanas de la moda de ciudades como París y Milán, la masculinidad ha girado durante años en torno al fetichismo de la fuerza del cuerpo del hombre. Firmas como Versace o DSquared2 -si obviamos las connotaciones homoeróticas- celebran las formas masculinas como si se tratara de maniquíes diseñados para venderle sexo al consumidor.

En Londres las cosas ya no funcionan así. A pesar de que unos abdominales marcados siempre harán que todos nos giremos al pasar, el verdadero atractivo sexual de la moda británica recae ahora en la liberación sexual. Pantalones que son faldas, jerséis de tweed, la eterna lucha del color contra el monocroma… Lo mejor de esta nueva generación es la oportunidad de poder escoger quién quieres realmente ser, y la verdad, es una mejor alternativa a desarrollar una tableta de chocolate.

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Texto Greg French
Fotografía Piczo y Ash Kingston en el backstage de LC:M primavera/verano 15 y otoño/invierno 15