groupies, novias y cabezas huecas: cómo las modelos son representadas en el cine

Mientras la nueva película de Nicolas Winding Refn llega a la pantalla grande relatando un cuento sobre la moda, las modelos y los vampiros, nosotros echamos un vistazo a la manera en que las modelos han sido representadas en el cine, desde 'Blow-Up...

por Oliver Lunn
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16 Junio 2016, 6:40pm

La nueva película de Nicolas Winding Refn, The Neon Demon, es un thriller psicológico ambientado en el despiadado mundo del modelaje. Ahonda ampliamente en nuestra cultura obsesionada con la belleza, en los celos implacables entre las modelos y en la explotación que sufren las ingenuas idealistas que pisan la pasarela.También se trata acerca de vampiros que cambian de forma, los cuales chupan la sangre de mujeres hermosas con el fin de mantener su propia juventud. Pero su descripción de la industria de la moda como un lugar donde la moral se queda en el camino y donde la fealdad acecha justo debajo de la belleza, no es nueva en el cine.

The Neon Demon, 2016.

El hecho es que los modelos nunca la han tenido fácil en la industria del cine. Los realizadores se han divertido de lo lindo pintándolos como cabezas huecas, groupies, novias, novios o, esencialmente, maniquíes andantes que sólo existen como relleno. No estoy diciendo que no hay personas narcisistas en la industria del modelaje; estoy diciendo que rara vez vemos los modelos siendo retratados de otra manera, cuando sabemos que es un hecho que no todos ellos encajan en el molde de Derek Zoolander. Algunos andan en patineta, otros actúan, algunos más practican breakdance. ¿Dónde están ellos en nuestras pantallas? ¿Por qué los realizadores tienen tanto miedo de los diferentes matices?

En los años 50 la idea de la modelo cabeza hueca ya estaba escrita en piedra. En la comedia romántica de Audrey Hepburn Funny Face, un fotógrafo se esfuerza por encontrar una modelo que exude inteligencia y belleza. "Una mujer puede ser hermosa y también intelectual", asegura una editora de moda, ligeramente basada en Diana Vreeland. Para demostrar este punto, Hepburn entra en escena como la dependiente de una librería que no tiene aspiración alguna de convertirse en modelo. Esto es, hasta que el mencionado fotógrafo (Fred Astaire) hace su entrada triunfal y le ofrece un viaje gratis a París. Naturalmente la actitud snob que tiene ella hacia la industria cambia y finalmente se une a las cabezas huecas.

Diez años más tarde la situación era casi la misma. Tal vez peor. Los modelos de la película Blow-Up de 1966, el retrato de culto del Swinging London de Antonioni, son los juguetes de un fotógrafo -interpretado por David Hemmings y basado en el legendario David Bailey. En la película, dos modelos hambrientas de fama se presentan a la puerta del fotógrafo sin previo aviso. Se arrodillan ante él, rogándole ser fotografiadas. 

Blow-Up, 1966.

Después él las invita a entrar, las desnuda y hace un trío con ellas en el piso de su estudio. Una vez que termina, las echa del lugar con una mirada que dice: 'Bien, chicas, ahora sí tengo que trabajar en asuntos serios'. Blow-Up básicamente presenta al fotógrafo como un rockstar y a las modelos como sus groupies.

Se podría pensar que la comedia satírica Prêt-à-Porter de Robert Altman -filmada durante La Semana de la Moda de París, con una serie de cameos que incluyen a Carla Bruni, Naomi Campbell y Claudia Schiffer- tendría algo diferente que decir acerca de la industria del modelaje. Tal vez algunas escenas esclarecedoras acerca de los trastornos alimenticios o acerca de que algunas modelos consumen ciertas drogas para mantener su peso bajo control. Pero no, el único diálogo que oímos de los modelos es un chisme malintencionado de quién duerme con quién. 

Prêt-à-Porter, 1994.

Después, obviamente, las vemos dándose de codazos entre sí cuando se aproximan a salir a la pasarela. Lo más radical de la película es cuando hay un desfile de modelos desnudas, que deja a todos boquiabiertos. La mayoría de los miembros de la audiencia están impresionados con La Próxima Tendencia de la moda; uno se siente indignado por la locura de todo esto. En última instancia, la sátira de Altman se siente un poco torpe ahora, como el intento de un outsider de hacer un chiste local.

El lado oscuro del modelaje omitido en Prêt-à-Porter salió a la superficie en Gia de 1998. Pero incluso ésta tuvo sus clichés. En ella, Angelina Jolie interpreta a una de las primeras supermodelos de los Estados Unidos, Gia Marie Carangi. Gia es una chica punk de Filadelfia, que llama la atención de una agencia en Nueva York. Deciden acogerla a pesar de su actitud badass: "Hablar no es muy necesario en esta profesión ... lo que sale de tu boca es totalmente irrelevante". Pronto empieza a dormir con otras modelos, a consumir coca y su vida comienza a desmoronarse. Es una historia ya conocida: la industria y sus excesos terminaron por consumirla. Y mientras que la película la muestra como una anomalía -como una modelo con cerebro-, termina presentando los mismos tropos que otras películas sobre la industria, rodeando al personaje de cabezas huecas que pasan todo el tiempo quejándose del tamaño de su trasero.

Gia, 1998.

El hecho es que el mensaje general de Gia es tan trillado como el momento de inspiración y profundidad de Derek Zoolander: "Hay mucho más en la vida que ser muy, muy ridículamente apuesto". Que no está muy lejos de lo que Terrence Malick quería lograr con su narrativa de 'la fama no es lo que se supone que sería' en Knight of Cups. En esa película -una imagen brillante del sórdido punto débil de la élite de alto vuelo de Los Ángeles- las modelos de nuevo son vistas como juguetes; juguetes del realizador y juguetes del protagonista playboy interpretado por Christian Bale.

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Knight of Cups, 2015.

En una de las escenas más atroces, Bale baila alrededor de una suite de hotel con dos modelos escasamente vestidas. Ellas lo rocían con champán y luchan con él en la cama como en la escena antes mencionada de Blow-Up. No tienen nada que decir, nada que hacer, excepto colgarse del cuerpo de Bale. Aquí, también, las modelos son esencialmente pasivas, solo sirven para resaltar la crisis existencial que sufre el personaje de Bale. Pasa lo mismo en una escena posterior, cuando lo vemos comerse con los ojos a una modelo (Freida Pinto) en una fiesta ostentosa. Las únicas palabras que oímos entre ellos son "¿cuál es tu nombre?". La cámara de Malick la absorbe, y eso nos recuerda que este es el realizador que hizo que la modelo Olga Kurylenko ondeara sus manos en el aire durante 113 minutos en To the Wonder. Le gustan las modelos.

Knight of Cups muestra que incluso el cine de autor no está particularmente interesado en disipar los clichés en torno a las modelos que aparecen en pantalla. Ellos, también, las ponen como cabezas huecas, groupies, novias o simplemente como bellezas con las cuales contaminar su marco. No hay matices en esas representaciones. Al igual que en Hollywood, las modelos solo son vistas en dos dimensiones. No me malinterpreten, la sátira es grandiosa -es importante reírse de lo absurdo de esta industria al igual que de cualquier otra industria- pero también es importante mostrar que, a veces, las modelos no tienen que ser vistas como esculturas andantes vacuas y obsesionadas consigo mismas, que solo son buenas para caminar de ida y vuelta en una plataforma elevada. Con más y más modelos entrando al mundo del cine -Abbey Lee, Cara Delevingne, Lily Cole- tal vez una imagen mucho más completa de ese mundo emergerá en los próximos años.

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Credits


Texto Oliver Lunn
Fotografía cortesía de Warner Brothers

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