'girls': ¿correcta o problemática?

Con motivo del estreno de la última temporada de la serie, examinamos todo lo bueno y lo malo que nos ha aportado la serie de Lena Dunham.

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14 Febrero 2017, 11:04am

Ahora que acaba de estrenarse la sexta y última temporada de Girls, parece que ha llegado el momento de reflexionar sobre su legado. A diferencia de Sexo en Nueva York, otra serie de la HBO protagonizada por mujeres con la que a menudo es comparada ―a veces con poco criterio―, Girls nunca ha llegado a formar parte del "mainstream".

Todos conocemos a alguien que nunca ha visto ni un solo episodio de la comedia de Lena Dunham ambientada en Brooklyn y, probablemente, no tiene la sensación de estar perdiéndose nada. Y es bastante improbable que Hannah, Jessa, Marnie y Shoshanna reaparezcan de nuevo en alguna secuela en forma de película de dudosa calidad (tranquila Liza, no tendrás que aprenderte otra canción de Beyoncé). Por este motivo, es posible que el legado de Girls se reduce a lo que nosotros, las personas que hemos permanecido fieles a la serie a través de sus altos, sus bajos y el acento norteamericano de Chris O'Dowd, pensamos sobre ella.

El origen del atractivo de Girls se remonta a un único momento fundamental del primer episodio que se emitió. Tras una complicada cena en la que Hannah no consigue convencer a sus padres de que continúen financiando su poco realista estilo de vida en Nueva York, ella se desmaya en la habitación del hotel en el que ellos se hospedan. A la mañana siguiente, se despierta después de que sus padres se hayan ido y encuentra dos billetes de 20 dólares sobre la mesita de noche: uno para ella y otro para la camarera de la habitación. Ella coge los dos.

Ahora bien, por muy reprobable que sea la actuación de Hannah en esta ocasión, también somos muy capaces de sentirnos profundamente identificados con ella. Yo sé ―o al menos creo que sé― que no habría cogido ese dinero, pero al mismo tiempo estoy bastante seguro de que la idea se me habría pasado por la cabeza... Y quizá durante más de un segundo. Dunham supo capturar los privilegios de los millennials en un sencillo dilema: "¿Debería hacerlo o no?".

Esta escena también es importante porque pone de relieve una de las cualidades más emocionantes de Girls: a esta serie le da igual si te caen bien sus personajes. Girls ha sido amplia y acertadamente alabada por mostrar diferentes tipos de cuerpos femeninos ―que tradicionalmente se han ignorado en el cine y la televisión― y por mostrarlos como sexuales, deseables y dignos de atención. Sin embargo, creo que Girls también merece crédito por mostrar que las protagonistas femeninas no tienen por qué ser "buenas". Aunque ninguno de los personajes principales es una "arpía" de culebrón a lo Joan Collins en Dinastía, todos ellos pueden ser egoístas, astutos y superficiales.

"Tías, estamos tan desconectadas", dice Marnie (interpretada por Allison Williams) en la tercera temporada, cuando está planeando una escapada a la playa. "Me pareció que esta sería una buena oportunidad para divertirnos juntas y demostrar a todo el mundo a través de Instagram que todavía podemos pasarlo bien en grupo". Incluso el personaje más bienintencionado de todos, Shoshanna (interpretado por Zosia Mamet), a veces se siente como una vieja amiga por la que ya no sientes tanta afinidad. "Mi secreto más oculto", dice en un episodio, "es que en realidad no quiero a mi abuela". ¿Qué otra serie se adentraría en ese terreno?

Liberar a los personajes femeninos de los grilletes de la bondad limitadora es tan solo una de las formas en que Girls ha mostrado su índole feminista. A lo largo de los últimos cinco años, Dunham y sus co-guionistas han tocado temas como el aborto, el sexismo y la presión que se ejerce sobre las mujeres para que se casen de una forma novedosa y nada prejuicosa. El episodio de la cuarta temporada en que Mimi-Rose, el personaje interpretado por Gillian Jacobs, revela que ha interrumpido un embarazo es algo bastante valiente para una serie de televisión estadounidense, incluso aunque sea una que se emite en la rompedora HBO. "No puedo salir a correr porque ayer me practicaron un aborto", le dice al personaje de Adam Driver con voz calmada. Cuando él alucina y le pregunta por el género del bebé, ella permanece impasible: "Era una bola de células. Era más pequeño que una perla. No tenía pene ni vagina".

Pero, por supuesto, resulta imposible alabar el feminismo de Girls sin llamar la atención precisamente sobre la estrechez del feminismo de Girls. Desde el inicio, la serie de Dunham ha sido criticada por centrarse casi exclusivamente en las vidas de cuatro privilegiadas mujeres blancas de clase media. Para ser una serie sobre gente joven que vive en la ciudad de Nueva York, su falta de diversidad racial resulta en el mejor de los casos decepcionante e irresponsable en el peor.

Al parecer, Girls trató de enmendar este error contratando a Donald Glover como amante de Hannah en la segunda temporada, pero su historia de dos episodios de duración ―durante la cual Hannah acusa a Sandy, el personaje de Glover, de "emplearla como fetiche" por ser una mujer blanca― dio finalmente una sensación reaccionaria y un poco apresurada. Desde entonces, Dunham se ha disculpado repetidamente por la abrumadora blancura de la serie. "Pensé tanto en representar a chicas excéntricas, regordetas, raras y medio judías que olvidé que había todo un mundo de mujeres que no se veían representadas", admitió en una entrevista concedida en 2015 a The Hollywood Reporter.

A pesar de la humildad de Dunham con respecto a este tema, Girls nunca ha logrado superar esa brecha racial. La semana pasada, la supermodelo y empresaria Iman tocó este tema cuando sustituyó a Dunham, que estaba enferma, en la Gala de la amfAR New York Fashion Week. "En realidad no soy Lena Dunham. Sé que es difícil diferenciarnos", dijo al público bromeando. "He salido en Girls, pero no me habéis visto porque interpretaba a una chica blanca".

Aun así, no deberíamos olvidar que la temporada final de Girls posee un tremendo potencial para dar forma a su legado. Antes de que deshiciera parte de su buen trabajo con esas secuelas en forma de deslavazadas películas, Sexo en Nueva York reveló profundidades nunca antes alcanzadas en su última temporada conforme Samantha luchaba contra el cáncer de mama y Miranda cuidaba desinteresadamente de la madre senil de su pareja. Pero suceda lo que suceda con Hannah, Jessa, Marnie y Shoshanna a lo largo de los próximos 10 episodios ―sea bueno o malo―, Girls seguirá siendo una serie importante para nuestra generación. Y, de hecho, esto se debe en parte a que se las ha arreglado para ser correcta y problemática al mismo tiempo. Todos estamos empezando a apreciar los diferentes niveles de privilegio que podemos tener o no y a reconocer que, por muy despiertos que nos parezca que estamos, probablemente podríamos estarlo más. En ocasiones, la serie de Lena Dunham ha sostenido un espejo frente a nosotros, tanto si lo ha hecho intencionadamente como si no

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Texto Nick Levine