Publicidad

¿por qué estamos obsesionados con las "zapatillas feas"?

Desde nuestro encaprichamiento con las Ozweegos de Raf hasta la geriátrica genialidad de lo último de Balenciaga, intentamos encontrar sentido a la lealtad que muestra la industria hacia el calzado feo.

|
ago. 21 2017, 6:46am

Este artículo fue originalmente publicado por i-D UK.

Afrontémoslo: el calzado elegante y minimalista se ha vuelto muy fácil de ignorar. A lo largo de la última media década, la visión de siluetas modestas, colores simples y estilos versátiles no ha hecho más que disiparse sobre la pasarela, dejando un rastro de zapatos osados, gruesos y gloriosamente estridentes tras de sí.

Publicidad

Pero, ¿cómo definimos esa zapatilla "tan fea que hasta mola" y a quién tenemos que dar las gracias (o echar la culpa, si ese es tu estilo) por su omnipresencia en 2017?.

El criterio es muy sencillo. Las zapatillas más buscadas hoy en día son las que viste una vez en una estantería de una tienda de liquidaciones hace casi una década y que tu achacosa abuela te suplicó que le compraras para aliviar su postura y sus juanetes. En aquella época, esas zapatillas eran sinónimo de la temida norma "cómodas antes que bonitas", con sus gruesas suelas, montones de paneles y lengüetas gordas y acolchadas que se mantenían en su sitio gracias a un par de cordones deportivos.

La zapatilla fea, considerada en su día como un crimen contra la moda, es ahora un componente fundamental de la perturbadora reinvención moderna de la industria. Adorada por hordas de coleccionistas de zapas y de "góticos de la moda" por igual, las marcas han tomado el encaprichamiento por el calzado ostentoso y extravagantemente grueso que nació en los 90 y le han dado un nuevo y emocionante hogar dentro del lujo.

Básicamente, los estilos que ahora nos encantan eran los zapatos para gustos "raritos" del ayer. Desde la zapatilla Buffalo para petarlo en la rave hasta la gótica bota de plataforma, aquella época fue caldo de cultivo para toda una generación underground sin pelos en la lengua que empleaba su calzado como forma de expresión.

Publicidad

Algunos elementos de esos estilos, en concreto las aborrecibles suelas y los salvajes coloridos, han sobrevivido hasta su regreso actual. Y hay un ciudadano belga en particular responsable de ello.

El demiurgo de la moda contemporánea Raf Simons ya había estado jugueteando con el diseño de calzado que rompiera fronteras mucho antes de que ningún fanático de las zapas tomara realmente nota. En sus primeros días, cogía modelos sencillos y los bendecía con motivos
extravagantes como hebillas y tiras de lienzo.

Con su suela de plataforma dividida, colores intencionadamente chillones y un innumerable conjunto de paneles hechos de cuero, silicona, ante y malla, cada uno de los estilos de la Ozweego de Raf desde su debut en la temporada otoño/invierno '13 ha dado la sensación de ser una obra de arte ambiciosa y muy llevable.

Se ha convertido en el arquetipo de la zapatilla fea del nuevo milenio: buscada, reconocida al instante y, en muchos aspectos, sin rival, pero eso no ha impedido que otras marcas y diseñadores se hayan subido al carro del amor por la Ozweego.

Siempre influyente, el descubrimiento por parte de Simons del hambre de los consumidores de moda por el calzado voluminoso se ha diseminado por casas de moda de toda Europa. Mientras los grandes de la moda deportiva como New Balance, Nike y Asics estaban rejuveneciendo sus modelos más robustos para satisfacer este recién descubierto amor de los consumidores, las casas de lujo estaban ofreciendo algo bello y mucho más atrevido en su diseño.

Publicidad

Anteriormente, cuando los diseñadores se aproximaban a la zapatilla, un calzado "para todo el mundo" independientemente de su precio, los resultados rara vez merecían la pena siquiera ser comentados: siluetas simples y limpias, centradas en materiales de alta calidad y cortes intrincados que hicieran las veces de objeto de inversión para los consumidores, al tiempo que no les distrajeran de las vanguardistas y rompedoras prendas por las que sería recordada cada colección.

El prêt à porter siempre ha existido como cruce de caminos entre el deseo de vender de los propietarios de las marcas y el deseo de ofrecer fantasía de los directores creativos. Aunque con frecuencia prevalece el primero.

Pero no fue ese el caso cuando Balenciaga presentó su zapatilla Triple-S para la temporada otoño/invierno '17, bajo el mando del provocador Demna Gvasalia. Gvasalia está bastante familiarizado con la idea de liderar tendencias, pero su tardía versión de la zapatilla fea prendió fuego bajo los asientos de quienes pensaban que esta había muerto.

Escandalosamente diseñada y presentada en una gama de estridentes estilos multicolores, las zapatillas parecían como algo recién salido de un cómic anime de principios de siglo, tan ridículas que quienes no pertenecían a la secta de la moda se burlaron de ellas.

Eso demuestra lo poco que saben: las Triple-S, que se pusieron a la venta bajo reserva antes de llegar a los establecimientos minoristas de Balenciaga un poco más adelante, ya se han agotado en su lanzamiento inicial. Una zapatilla que igualmente suscitó división de opiniones, también diseñada por Gvasalia, la carísima Vetements x Reebok Instapump Fury, fue bendecida con un estatus similar al agotarse inmediatamente.

Entonces, ¿significa esto que puedes rebuscar en tu armario de los 90 y sacar aquellas Skechers que pensabas que te hacían parecer la persona más molona del mundo? Quizá. El criterio que separa la zapatilla fea con estilo de la simple y llana abominación estética sigue siendo una zona pantanosa a la que nos esforzamos por encontrar sentido.

Para ponerse a la altura de esta tendencia, marcas indispensables en los centros comerciales durante los 90 como Fila han empezado también a relanzar sus modelos con plataforma a lo Spice Girl, para regocijo de los nostálgicos que hay entre nosotros. Dicho esto, el jurado todavía no ha determinado si estos estilos son tan deseables como los que nos están ofreciendo los diseñadores.

Pero la pasarela no está tampoco exenta de críticas. Esta temporada también nos ofreció una zapatilla de Prada que suscitó opiniones encontradas: la Cloudbust, con una suela hinchada, paneles superiores esponjosos y una tira en el empeine que no podría comprender ni ese tío lejano chiflado y excéntrico que todos tenemos en la familia.

Publicidad

Dependiendo de tus gustos, o bien es una obra maestra del diseño disruptivo o bien la cosa más rara sobre la que hayas posado los ojos jamás. "He visto el futuro", dijo un miembro de Reddit cuando se desveló el diseño, "y parece ortopédico".

Quizá nuestra obsesión ―basada en las modas efímeras― por ese calzado tan poco práctico y a menudo carísimo es un reflejo de nuestro deseo de adorar el altar de las tendencias que llegan con cuentagotas.

Si Simons y Gvasalia se las están arreglando para llevar a los fanáticos de las zapas a un estado de estupor con el anuncio de un nuevo colorido, ¿no deberíamos todos hacernos con un par? ¿Es momento de quemar en una ceremonia tus Common Projects y sustituirlas por unas abultadas zapatillas de Balenciaga?

Quizá no. Aunque ahora mismo deberíamos vivir sometidos a la zapatilla fea, apenas sí podemos atestiguar la longevidad de esta tendencia. Todo lo que hace falta es que un diseñador influyente nos diga que el calzado elegante ha regresado y nos obligue a colocar esa estridente zapatilla en el fondo del armario.

En lugar de ello, deleitémonos en esta tendencia tanto tiempo como podamos. Sal ahí fuera llevando tu par de zapatillas más aventurero y polémico con confianza, sabiendo que, ahora mismo, llevar cosas feas es lo que más se lleva.

more from i-D