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cómo tener cáncer a los 20 años cambió mi concepción de la belleza

Cuando te arriesgas a perder tu identidad por algo que está fuera de tu control, el mundo de la belleza puede convertirse en algo que va más allá de la imagen; puede llegar a ser un desafío.

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ago. 14 2018, 9:47am

Collage Rebecca Boyd-Wallis

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¿Cómo de importante es tu pelo para ti? ¿Qué hay de tus cejas? ¿Tus pestañas? ¿Tus pechos? ¿Qué significado le atribuyes a estas cosas? ¿Cuánto peso tienen a la hora de decidir lo que te hace bella? ¿Cuánto cambiaría el significado que le das a la belleza si, en una fría y lluviosa mañana de un martes de febrero, un médico te sentara y te explicase que tienes cáncer, y que durante el próximo año podrías perder al menos una (pero probablemente más) de todas estas cosas?

En febrero de este año me diagnosticaron cáncer de mama, lo cual es desafortunado por varias razones. En primer lugar, es extremadamente raro contraer este tipo de cáncer a los 20 años (hay un porcentaje del 0.06% en ese rango de edad). En segundo lugar, si tienes la suerte de superar esas probabilidades, lo más probable es que tengas una forma muy agresiva de cáncer de mama, una que no se pueda abordar sin todo el tratamiento: cirugía, radioterapia, terapia hormonal y meses de quimioterapia extenuante. Eso significa que es probable que pierdas (al menos) algo de pelo y algún pecho. Hay mucha literatura acerca de cómo enterarte de algo así puede sacudir los cimientos de tu vida, como hace que reconsideres lo que es importante para ti y te llevará a un viaje de descubrimiento de la vida a lo Come, reza, ama. Sin embargo, se habla menos acerca de cómo se tambalea la idea que tienes de ti mismo, principalmente porque te aleja de tu propia identidad y, potencialmente, de tantas de las cosas que consideras que conforman lo que lo te hace guapa.

Imagen vía Pexels

La importancia de la belleza, tanto en el "mundo del cáncer" como en el mundo real más amplio, es mirada con desdén. Se considera algo vanidoso y orgulloso, y mucha gente te dirá que tu apariencia no importa cuando se supone que debes pelear por tu vida. Y si bien es cierto que estar vivo es (obviamente) tu principal preocupación, eso no elimina el impulso innato de preocuparte por cómo te ve el mundo, y de querer cuidarte y arreglarte.

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Andrea Pellegrini es una maquilladora y "youtuber" que comenzó su canal, Baldly Beautiful, después de su propio diagnóstico de cáncer de mama en julio de 2014 para ayudar a otras mujeres que se someten a la quimioterapia. "Al principio, no me entusiasmaba la idea de mostrar mi cabeza calva al mundo, pero poco a poco fui tomando conciencia", dice. "Me ayudó a conectarme con muchas mujeres que pasan por lo mismo y me dio un propósito, algo en lo que centrarme cuando me sentía mal y deprimida". Los vídeos de Andrea se centran en ayudar a mujeres que han perdido la mayor parte de su identidad por culpa del tratamiento contra el cáncer para volver a conectar con ellas mismas a través de la belleza y el maquillaje.

"Tienes que ser amable contigo misma cuando pasas por el tratamiento. No te ves igual y la mitad del tiempo no te reconoces a ti misma, es molesto. Realmente puede desanimarte, pero ahí es donde entra el poder del maquillaje y la belleza. Lo usamos día a día y apenas lo pensamos, pero cuando estás pasando por un tratamiento para el cáncer, un poco de autocuidado puede marcar la diferencia".

Cuando las personas saben que tienes cáncer, cambian la forma en que te ven, cómo te tratan y cómo te hablan. Lo hacen voluntariamente o sin darse cuenta. De repente, todo lo que haces o dices está teñido de algún tipo de significado y tristeza. Dejas de ser una persona joven normal y te conviertes en alguien, según la gente, "valiente", y te lo repetirán con una molesta regularidad.

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"Cuando estás 'enferma', la gente no te trata igual", me dijo Cindy, una mujer joven que lidia con el cáncer de mama. Su sensación no es nada rara. Amanda, otra joven que padece cáncer y que trabaja en la industria de la moda explicó: "Fui muy determinante a la hora de seguir siendo profesional durante el tratamiento y no dejar que el hecho de que tengo cáncer me defina. Decidí tratar de mantenerme el pelo (a través de la técnica del cold cap) porque estoy soltera y quería seguir sintiéndome como siempre. Estuve saliendo con alguien durante unas semanas cuando me diagnosticaron y no quería que me viera como alguien que está enfermo. Cuando sientes que todo tu control y tus opciones se han esfumado, la belleza es algo que puedes conservar".

Tenemos un determinado tipo de imagen de una persona con cáncer. Esperamos que sea lampiño y ceniciento y solemne y triste y delgado, aferrándose a la vida. Esperamos este tipo de martirio sombrío porque es lo que nos han dicho que esperemos, en cada película o programa de televisión sobre el cáncer que hemos visto. Esperamos que las personas, y especialmente las mujeres, con cáncer sean valientes, mártires pasivos, preocupadas solo por cuidar mejor a sus maridos o sus hijos, y sacrificar valientemente su identidad y su apariencia en pos de eso.

Ese estereotipo no es que solo sea reductivo y francamente sexista, sino que tampoco refleja la realidad. Estudios recientes sugieren que uno de cada dos hombres y una de cada tres mujeres en España puede tener cáncer en su vida; un hecho aterrador, pero que debería demostrar que, en cantidades tan masivas, no hay dos experiencias de la enfermedad iguales. Y hay muchas personas que quieren permanecer activos, tener algún control durante su tratamiento. Para muchas personas, especialmente las mujeres, ese control viene de cómo las ve el mundo. Para ellas, la belleza se convierte en algo más que cuidarse: se vuelve algo feminista y político.

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La sociedad dictamina que se espera que las mujeres sean bellas, excepto cuando están enfermas. Las normas sexistas fuerzan a las mujeres a vivir dentro de una dicotomía donde son o sexy o están tristes, bellas o valientes, duras o blandas, pero nunca ambas. Cuando una mujer está enferma, y especialmente cuando tiene cáncer, automáticamente se espera que se convierta en nada más que una luchadora fuerte pero vulnerable, y nos cuenta hacer frente a la posibilidad de ver a las mujeres fuera de esos límites. Negarse a aceptarlos no es solo una forma de recuperar y mantener tu identidad; es un acto político.

Yo no quiero que me vean como alguien que tiene cáncer; esa parte de mi vida es solo eso, una parte de una identidad más amplia. Buscar formas de minimizar la transformación física del cáncer es una buena forma de enfrentarlo.

El aspecto desafiante y político de las personas que viven con cáncer es algo en lo que Jennifer Young cree apasionadamente. Su gama de productos para el cuidado de la piel y su colección de belleza, Defiant Beauty, se creó debido a su lema: "Las mujeres no dejan de ser mujeres cuando se les diagnostica cáncer".

Jennifer, que trabajó como científica antes de convertirse en terapeuta de belleza, se sorprendió al descubrir que durante su entrenamiento se le aconsejó no tocar a pacientes con cáncer. "Estaba trabajando con mujeres en tratamiento que querían y necesitaban la aceptación del tacto y del cuidado personal. Fue una doble injusticia: las personas afectadas por el cáncer fueron ignoradas por la industria de la belleza convencional. A los terapeutas se les enseñaba a no tocar a nadie diagnosticado con cáncer y las aseguradoras se negaban a asegurar a nadie que lo hiciera".

Imagen vía Pexels

Horrorizada, Jennifer creó su empresa, Beauty Despite Cancer, para ayudar a las personas en tratamiento a enfrentar una pérdida potencial de su identidad. Está especialmente formulado para pacientes con cáncer, por lo que no contiene fragancias y evita los estrógenos de plantas como el aloe vera, el aguacate y la soja debido a la evidencia de que algunos cánceres (incluido el mío) son alimentados por estrógenos. "La investigación ha demostrado que el punto más crítico del tratamiento siempre es cuando uno se mira en el espejo y ya no se reconoce", dice Jennifer. "Esas palabras se han quedado conmigo. Quiero ayudar a las personas a reconocerse a sí mismas y mantener la normalidad. Las mujeres no dejan de ser mujeres cuando se les diagnostica cáncer, pero se las destierra del mundo de la belleza justo cuando más lo necesitan".

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Antes de descubrir que tenía cáncer, la belleza era algo que no influía enormemente en mi vida. Nunca me habría imaginado gastando grandes cantidades de tiempo o dinero en ello, pero en los últimos seis meses se ha convertido en una gran parte de mi rutina diaria. Paso horas revisando foros para obtener consejos sobre cómo evitar que mi piel se pele, cómo evitar que mi boca se llene de úlceras, cómo tratar de evitar que mis uñas se caigan de la quimioterapia. Gasto dinero en champús especiales, vitaminas y suplementos, humectantes, en tatuarme las cejas, y cada tres semanas paso horas congelándome la cabeza mientras recibo quimioterapia para que no se me caiga el pelo. Es caro, tedioso y doloroso, pero vale la pena. Si me vieras en la calle, probablemente no sabrías que estoy enferma. Y aunque eso significa que probablemente no me ofrecerás un asiento en el metro, significa que puedo llevar una vida razonablemente normal mientras recibo el tratamiento.

Ese es el nivel de importancia que la belleza puede tener para alguien que se enfrenta al cáncer. No es vanidad; es autocuidado, desafiarse, una forma de aferrarse a tu identidad aunque el cáncer trate de arrebatártela.

Este artículo apareció originalmente en i-D UK.

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