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la década de 2000 fue el 'summum' de la fealdad, por eso deberíamos celebrarla

Es momento de rendir homenaje a las faldas más feas que hemos visto jamás.

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ago. 3 2017, 7:59am

Este artículo fue publicado originalmente por i-D UK.La semana pasada se anunció que se erigiría por fin un museo en honor a esa era tan a menudo despreciada. Tras años rechazando la década y sus influencias posteriores, los guardianes de la cultura por fin serían derrocados. Finalmente, la década de 2000 sería honrada de una forma que llevamos tiempo negándole.

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En una exposición inaugurada en Nueva York, los artistas de Brooklyn Matt Harkins y Viviana Olen (los genios tras la exposición sobre Mary Kate y Ashley Olsen) han unido fuerzas tras @PopCultureDiedIn2009 para lanzar "Welcome to Nicole Richie's Memorial BBQ", una exposición presentada a través de la lente de la fiesta que ofreció una vez Richie y que terminó con la hospitalización de Mischa Barton. Puede visitarse desde el 29 de julio hasta el 11 de agosto y es obviamente una de las cosas más importantes que jamás nos sucederán en la vida.

Porque, mira: entre el reciente regreso de Juicy Couture, la colaboración de Fila con Urban Outfitters y la resurrección de Paris Hilton, no cabe duda de que estamos ansiosos por revivir la década de 2000. Como debe ser. De modo que aquí te explicamos por qué deberíamos celebrar la atrocidad de esta década sin ninguna vergüenza y lo antes posible.

Los chándales de terciopelo son como tirarse sobre una nube
Parece como si no hubiéramos aprendido nada de Al Pacino en Donnie Brasco, como si achacáramos el resurgimiento de Adidas a una redescubierta afinidad por Oasis. Pero no: los chándales son cómodos y los de terciopelo ―un tejido tan suave cuando lo acaricias en una dirección y, como la pana, terrible si lo tocas en la otra― todavía más cómodos, si cabe.

Cuando la versión ofrecida por Juicy Couture de la ropa de descanso empezó a definir la primera parte de la década de 2000, sentó las bases del athleisure tal y como lo conocemos ahora. Mientras que los 90 se definieron por un exceso de tejido y una completa falta de forma, JC lo reinventó ofreciendo cinturillas ultra bajas, chaquetas entalladas y tonalidades de color que incluían desde los neutros tradicionales (blanco y negro) hasta el espectro de los colores primarios (azul, rojo y amarillo).

¿Y quién fue la mayor embajadora de Juicy? Paris Hilton. ¿Y quién preparó a Kim Kardashian para su incursión en los realities? Paris Hilton. ¿Y quién ha irrumpido en el mercado del athelisure mediante colaboraciones de la familia con Puma y Adidas? Las Kardashian-Jenner. Lo cual me lleva al siguiente punto.

Sin la década de 2000, no existiría el imperio K-J
La década de 2000 estuvo repleta de entretenimiento del mismo modo que estuvo dominada por lo contrario a la sutileza. Paris y Nicole nos dieron The Simple Life, Lauren Conrad nos dio The Hills. Y como hemos sabido gracias a años de profunda investigación, Kim Kardashian West apareció en ambas series (aunque brevemente, cuando sus escenas no se eliminaban completamente), compitiendo para crear su propio reality show antes de que Kris Jenner se convirtiera en manager y transformara a su familia en la dinastía que hoy conocemos.

Y aunque las Kardashian-Jenner han hecho todo tipo de cosas mal, Kim sigue siendo la única persona que ha logrado criticar con éxito a Taylor Swift, así que no todo es tan malo

Imagen vía @styleclubhairdressing

Mantuvimos la industria de la moda a flote gracias a nuestros bronceados falsos
Entre 2004 y 2007, todos tuvimos que volver a comprar el mismo polo 14 veces porque olvidábamos no vestir de blanco con el autobronceador que habíamos esparcido irregularmente por nuestros brazos. Fred Perry sería una mierda sin nosotros.

Imagen vía @popculturediedin2009

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Durante un brillante momento, nuestros cuellos estuvieron innecesariamente calentitos
Entre 2002 y 2006, nos dedicamos a buscar refugio en el tejido. Envolvíamos nuestros cuellos en piezas de tejido estrechas, totalmente inútiles y cada vez más largas con la esperanza de que nuestra camiseta de poliéster con un solo tirante pareciera un poco más apropiada para el lugar de trabajo. Comparábamos nuestro afán por llevar accesorios de punto con personajes de Skins, de Laguna Beach y con Marissa Cooper y nos recordábamos a nosotras mismas que, aunque el hecho de que el pañuelo se nos quedara atrapado en la puerta del autobús era un riesgo absoluto para nuestra salud, al menos cuando sucediera alguien nos confundiría con Lindsay Lohan.

Escapismo, tu nombre es 2004.

Imagen vía @popculturediedin2009

Hay un exceso de belleza
La década de 2000 fue totalmente irracional. Britney y Christina besaron a Madonna sobre el escenario en los VMA (por ninguna razón aparte de parecer mayores y/o "controvertidas"). Paris y Nicole protagonizaron una serie de televisión construida completamente en torno a sus privilegios. Lindsay Lohan y Mischa Barton empezaron a salir a trompicones de su antigua madriguera infantil mientras nosotros sustituíamos la empatía por los posts del blog de Perez Hilton. La década fue el equivalente histórico de una gorra de Von Dutch: demasiado excesiva en todo momento y sin consciencia de sí misma.

Pero las épocas como esta también son necesarias. Aunque los dos últimos años de los 90 se vieron definidos por una estética a lo Aqua en "Barbie Girl", la mayoría de la década estuvo repleta de tonos apagados, prendas excesivamente grandes y un regreso de los estampados de los 70. De modo que la década de 2000 fue una reacción a todo eso y las cosas se hacían con un propósito. Las cejas se depilaban en exceso, las joyas eran demasiado grandes, las tendencias se transformaban en pesadillas estéticas (por ejemplo, el par de pantalones vaqueros con decoraciones de ante y abiertos por el lateral que yo llevaba) y las toreritas ultra-cortas se empleaban para "clavar" un look.

Todo era terrible. Y por lo tanto, proporcionó de forma eficaz a la década de 2010 espacio suficiente para limpiar la pizarra y empezar de cero.

Imagen vía @kaylennmcgavin

Las gorras de camionero se llevaban realmente
Y se volverán a llevar, pero solo como modo de recordarnos por qué las gorras de camionero son siempre una idea horrible. Un hecho que todos parecemos olvidar cada seis años.

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Por eso, en un futuro, insisto en que llamemos a nuestros hijos Von Dutch. Lo que sea para contrarrestar el posible regreso de Ed Hardy.

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Texto Anne T. Donahue
Traducción Eva Cañada

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