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acabemos con la obsesión por la 'chica francesa'

Reflexionamos sobre este ya mítico fenómeno cultural, que no es más que otra forma de castigarnos por no ser tan guapas, no estar tan delgadas, no seguir tanto la moda o no ser tan "guay" como otras chicas.

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may. 25 2017, 9:10am

Image via YouTube

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De todos los modelos de mujer a los que la cultura popular ha sugerido que deberíamos aspirar a parecernos, el fetiche de la chica francesa parece el más persistente. Si no has buscado en Google "peinado francés" al menos una vez en tu vida, formas parte de una minoría. La idea de que la chica francesa es el icono de la moda "definitivo" podría haber arrancado en cualquier parte: el baile de Anna Karina, el peinado de Brigitte Bardot, la mirada de Françoise Hardy o los vestidos impecables y las cestas de mimbre de la francesa honorífica Jane Birkin. Sea quien sea la que lo inició, el atractivo de la chica francesa es innegable. Hablamos de la que quizá sea la "inspiración de estilo" original, que lleva décadas buscándose en fotografías de street style y de Tumblr.

Todas queremos ser ella, y la considerable montaña de recursos online que nos enseñan cómo parecernos al modelo de mujer francesa lo atestigua. Con una rápida búsqueda puedes ver que hay determinadas formas de llevar perfume, determinadas formas de vestirse para ir al gimnasio y determinadas formas de comer. No debes usar pajita para beber y ni se te ocurra llevar boina. La cosa no se limita a la belleza. La popular web de moda Man Repeller tiene una serie recurrente llamada Ask a French Girl [Pregunta a una chica francesa] que va más allá del aspecto físico y pretende imitar un estilo de vida: ¿Qué hacen las chicas francesas en una cita? ¿Cómo piden el vino?

La chica francesa ha salido de París y ha saltado a Internet, pero sus características principales son inmutables. Lleva el pelo alborotado, los pantalones de cintura alta le quedan perfectamente y ―con un somero vistazo al archivo de Vogue sobre el estilo de la chica francesa―, rara vez es una mujer de color. La única persona de color en su lista de las 40 mujeres más influyentes es la bailarina Josephine Baker (y es del siglo pasado). Eso daría para todo un artículo en sí mismo.

La obsesión por la chica francesa es un poco más oscuro de lo que los tablones de Pinterest y los tutoriales de Youtube podrían insinuar.

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Puede que en cierto modo esto parezca inofensivo, pero la obsesión con la chica francesa es un poco más oscura de lo que los tablones de Pinterest y los tutoriales de Youtube podrían insinuar. La idea de esta mujer ficticia (obviamente, no todas las francesas adoran ir al gimnasio, odian las pajitas y son blancas) es sintomática de cierto control interiorizado que se basa en el género. Nuestra fijación por esta mujer mítica habla del modo en que se nos enseña a comportarnos a las mujeres. La chica francesa siempre está dispuesta a que la miren, pero nunca deja que se note que desea atención. Tal y como lo expresó Angela Chase, "Con los chicos... Tienes que fingir que no te das cuenta de que te están mirando".

Se nos dice que intentarlo es la antítesis de ser francesa, porque hacer un esfuerzo obvio y desear alabanzas es vano y poco deseable. Eres objeto de las miradas, pero no deberías invitarlas.

La chica francesa es el epítome de la vieja expectativa de que las mujeres deben ser bellas, pero también naturales. Aunque existen miles de guías sobre cómo imitar los "peinados franceses", siempre se nos dice que la chica francesa posee una autenticidad que nunca podremos reproducir. Tan pronto como intentas ser ella, ya has fracasado. En las entrevistas, la chica francesa famosa hace hincapié en lo sencilla que es su rutina de belleza ―no hace demasiadas cosas en términos de maquillaje y pelo― y normalmente lleva lo mismo todos los días. Cuando Refinery 29 le preguntó cómo ser parisina, Caroline de Maigret respondió "no preocupándote por ello".

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Esa es la trampa en bucle de la chica francesa: todo en ella es una contradicción. Se supone que tiene que estar delgada, pero adora la comida (al parecer, fumar puede servir de ayuda para eso). Las mujeres que pasan demasiado tiempo pensando en sus dietas se consideran banales, tontas y aburridas. Para ser esa chica francesa, tenemos que tener un aspecto perfecto y adecuado en todo momento, pero no podemos dejar que nadie vea el trabajo que nos cuesta. Es la representación definitiva de la feminidad porque tiene como fin ser invisible. ¿Es entonces la chica francesa una simple la "chica guay" pero con el pelo despeinado?

Esto no es culpa de las chicas francesas glamurosas. Ellas no son el enemigo.

¿Es esto lo que se supone que debemos ser? ¿Una belleza de bajo mantenimiento que tiene estilo sin que le importe una mierda el estilo? ¿Hay alguien así? Tras observar todos esos consejos y trucos, resulta difícil no verlos como un sinsentido arbitrario. Es como dar por hecho que todas las chicas australianas se parecen a Miranda Kerr, utilizan aceite de coco y sales marinas a modo de cosméticos y nadan en el mar para mantenerse en forma. Resulta ridículo aceptar que toda una nación encarna un solo estereotipo. La chica francesa no es más que otra forma de castigarnos por no ser tan bellas, no estar tan delgadas, no seguir tanto la moda o no ser tan guay como otras chicas.

Y eso no es culpa de estas chicas francesas glamurosas. Ellas no son el enemigo. Vale, es cierto que las mujeres francesas escriben la mayoría de guías para adoptar el estilo parisino, pero las mujeres no francesas son las responsables de la demanda. Nosotras creamos esta necesidad. En realidad, este mito no beneficia a nadie, ni siquiera a las francesas.

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Eso no significa que tengamos que autoflagelarnos por desear tener un aspecto perfecto que parezca haber sido conseguido sin esfuerzo. Que las mujeres admiren a otras mujeres por su ingenio, su inteligencia o su ropa no es algo inherentemente malo, pero no deberíamos sentirnos desmoralizadas si no lo conseguimos. Tener un aspecto perfecto "sin esfuerzo" requiere trabajo, algo que las mujeres conocen bien pero que pueden olvidar fácilmente cuando ven fotos de Vanessa Paradis en los años 90. Fingir lo contrario nos mantiene prisioneras en una representación del género en la que constantemente ocultamos los hilos. Imitar estilos que te gustan está muy bien, pero no nos rijamos por la idea que tiene otra persona de lo que es una mujer perfecta.

Ce'st la vie, ya sabes.

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Texto Sinead Stubbins
Imagen vía YouTube

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