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      fotografía Alice Newell-Hanson 4 abril 2017

      nadie captura la incomodidad de la juventud como rineke dijkstra

      Estando en las playas en trajes de baño postsoviéticos o bailando al ritmo de la música gabber en tracksuits de nylon, los modelos de Rineke Dijkstra le ofrecen excepcionales destellos de vulnerabilidad a su lente. La fotógrafa holandesa, que acaba de ganar el Premio Hasselblad 2017, habla con i-D acerca de su interminable búsqueda de autenticidad.

      Kolobrzeg Poland, julio 26,1992

      Rineke Dijkstra tiene una manera de hablar de su carrera como si todo hubiese sido un feliz accidente, como si simplemente estuviera siguiendo una guía -ella lo llama su "intuición"- para tener una gran abundancia de temas de estudio año tras año desde 1990. Como la vez que trató de entrar al club Cream en Liverpool, pero la fila era tan larga que le pidió a un taxista que la llevara a otro club que él eligiera. Resultó ser The Buzz Club, una discoteca llena de chicas adolescentes que inspiraron sus retratos en video de quienes iban a bailar ahí a mediados de los noventa, The Buzz Club, Liverpool, UK/Mystery World, Zaandam, NL.

      Incluso la transición de Dijkstra cuando se alejó de la fotografía comercial, haciendo retratos para revistas y reportes para las compañías en los años ochenta, se suscitó por accidente. Ha contado esta historias muchas veces: cómo mientras hacía fisioterapia para recuperarse de un accidente en bicicleta en 1990, decidió fotografiarse a sí misma después de haber completado treinta vueltas nadando, "cuando estaba demasiado cansada para poder posar". El ver la forma natural de su propio cuerpo, acabado de salir del agua, la llevó a comenzar su serie más famosa hasta la fecha, sus Beach Portraits. Tomadas entre 1992 y 2002, estas épicas imágenes casi de tamaño natural captan a niños y adolescentes -estando de pie con orgullo o juntando las rodillas como formando una X, pero todos con una apariencia inocente- en las playas de Holanda, los Estados Unidos y Polonia.

      Marianna The Fairy Doll, 2014

      "Lo que siempre me ha resultado difícil de trabajar bajo comisión -dice Dijkstra-, es que la gente está muy consciente de lo que quiere mostrar de sí misma en una foto, y cuando están tan conscientes, ya no son ellos mismos. Quería captar algo que fuera real. Siempre sentí que tenía que atravesar una pared".

      A lo largo de los años, la intuición de Dijkstra la ha llevado a fotografiar a madres con sus bebés después del parto, a toreros saliendo de la arena, a un refugiado bosnio adaptándose a una nueva vida a lo largo de veintitrés años, y a una joven bailarina ensayando para una audición. Capta a sus modelos en momentos de cambio, donde pequeñas grietas de la compostura dejan pasar la luz. En el mes de marzo, la Fundación Hasselblad reconoció a Dijkstra con su prestigioso premio anual, y exhibirá una selección de su trabajo en el otoño. A continuación, la fotógrafa nos habla sobre lo que ha sido captar a la juventud por más de treinta años.

      ¿Cómo fue que tu accidente de 1990 te condujo a Beach Portraits?
      Crecí en un pequeño poblado a tres kilómetros de la playa. Siempre me intrigó el hecho de que el mar tuviera tantas variaciones de luz y color, lo que lo hacía verse diferente cada vez que lo visitaba. Después del autorretrato en la piscina, todo se amalgamó. Me fascinó encontrar una postura natural y mi interés previo me llevó de vuelta a la playa; comencé a hacer retratos de las personas en sus trajes de baño. Primero, tomé muchas fotos en los Países Bajos. No sólo quería fotografiar a los jóvenes. Pero una de mis primeras fotos fue de una niña de trece años, justo la edad en que la infancia queda atrás y llega la edad adulta, y eso fue muy bello. Más tarde, un amigo me invitó a Hilton Head Island en Carolina del Sur y llevé mi cámara conmigo. Me di cuenta de cómo la cultura estadounidense difiere de la de los Países Bajos. Mientras que los holandeses eran muy centrados, y no muy glamorosos, Hilton Head era un resort familiar acaudalado y todo se trataba sobre la cultura del cuerpo y el glamour. Pensé que seguro leían todas las revistas de moda y querían verse así.

      Después de eso, decidí que quería ir a Rusia, porque sería lo contrario de Estados Unidos. Al final, terminé yendo a Polonia, y fue como retroceder en el tiempo. Se sentía como si fueran los años sesenta, por lo que recordaba de mi juventud. De hecho, en Polonia me di cuenta de que algo más tenía que suceder en mis fotos; el hecho de que no estuviera dirigiendo mucho a la gente no necesariamente resultaba en una buena imagen. Necesitaba otra clase de tensión, algo en su pose o su mirada, que los diferenciara de los demás. Aprendí que eso podía estar oculto en los detalles más pequeños.

      Comencé a fotografiar a todo tipo de personas, pero los niños y los adolescentes representaban una especie de incertidumbre, sus emociones se encontraban mucho más a flor de piel. Había una apertura. Las personas mayores ya tienen una especie de personalidad fija. En el caso de los jóvenes es más flexible, todo se encuentra aún en potencia. Ese espacio del ser todavía no está fijo, eso es lo que me interesó.

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      Hilton Head Island, junio 24, 1992

      ¿Hubo diferencias claras entre los jóvenes que fotografiaste en Estados Unidos y los que fotografiaste en Polonia?
      Tal vez los polacos era menos conscientes de sí mismos y más tímidos. Era 1992, habían pasado como tres años desde que el muro cayó en Berlín, así que aún había una sensación muy comunista. Aún había una faltaba de moda. Todavía no tenían MTV.

      ¿Cómo reaccionaron los jóvenes a los que te acercaste para fotografiarlos?
      Debido a que trabajo con una cámara de 4 x 5 pulgadas en un tripié, que parece como de cien años de antigüedad, la gente estaba fascinada en cierto modo. A veces en Polonia, la gente estaba muy emocionada y había una multitud a mi alrededor. Trabajar con esta cámara de gran formato me ayudó a lograr una cierta concentración; la gente entendía que no se trataba de una simple fotografía.

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      ¿Qué tanto diriges a tus modelos?
      Siempre estoy en busca de una pose natural, así que siempre les hablo y los observo al mismo tiempo. Trato de hacer que se relajen y que se sientan cómodos. Debe haber un momento en que haya una falta de inhibición.

      Desde el tiempo en que comenzaste Beach Portraits, las cosas han cambiado y los adolescentes han empezado a tomarse muchas más fotos, debido a los teléfonos con cámara. ¿Has sentido algún cambio en la manera en que tus modelos interactúan contigo?
      Tal vez los jóvenes son más seguros de sí mismos ahora, y le tienen menos miedo a las cámaras. Pero es difícil decirlo porque no pertenezco a esa generación. Sí, la gente toma muchas selfies ahora, pero realmente nunca puedes controlar tu propia imagen. Tal vez ahora la gente sabe mejor cómo es.

      Vondelpark, Amsterdam, junio 10, 2005

      Me encantan tus video de los asistentes de los clubes bailando. Son como cápsulas de mediados de los noventa, pero también captan esa sensación universal de perderte en el baile. ¿Cómo hiciste la transición al trabajo en video?
      Había estado tomando fotografías en las escuelas para un proyecto en Liverpool. Mi asistente y yo estábamos a principios de nuestros treintas y realmente nos gusta mucho asistir a los clubes. Habíamos oído hablar del Cream en Liverpool y queríamos ir pero había una fila enorme. Así que le pedimos a un taxista que nos llevara a otro sitio. Nos dejó en el Buzz Club. ¡Realmente era un club para chicas de quince años! Nunca antes había visto algo así. Hacían fila durante media hora llevando sólo unos pequeños vestidos, sin abrigos. Yo estaba totalmente intrigada por ello. Pensé que simplemente debía preguntarle al gerente si podía tomar fotos. Él dijo: "¡Claro!". Es decir, fue hace mucho tiempo, hace más de veinte años. Comencé a fotografiar a las personas con un fondo blanco en una habitación en la parte posterior del club. En la pista de baile se escuchaba la música, había gente fumando, el DJ anunciaba algunos cumpleaños -no podía captar eso en una foto. Un amigo me sugirió que probara trabajar con video. No sabía nada de filmación, pero compré una pequeña videocámara Sony, que me dio nuevas posibilidades.

      Me gusta trabajar de esa manera. Tienes que empezar en alguna parte. Si lo piensas demasiado, nunca harás nada. Me gusta cuando las ideas surgen simplemente de estar trabajando en un determinado proyecto, siempre hay mucha improvisación involucrada. Una vez que tuve todas las imágenes, pensé que debía ir a otro club, en los Países Bajos, y finalmente trabajé con los llamados "gabbers" [los fans del techno hardcore de los Países Bajos]. En el Buzz Club todo se trataba sobre las chicas que estaban a cargo, pero los gabbers eran principalmente chicos. Eran realmente rudos, y el club no era lo mío para nada, pero era un buen contraste. La pieza terminó siendo una proyección a doble pantalla, que describía el transcurso de una noche.

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      Amy, The Krazy House, Liverpool, diciembre 23, 2008

      ¿Qué tan cooperativos eran los gabbers?
      Se veían bastante atemorizantes pero eran muy agradables. Sin embargo, después de las tres de la madrugada ya no se podía trabajar con ellos, porque estaban aletargados por las drogas y el alcohol. Siempre tuve que irme a casa muy temprano.

      Cuando estás eligiendo a tus modelos, en una playa o en un club, ¿qué es lo que te atrae a una persona en particular?
      Su autenticidad. Me gusta cuando tienen algo que es original. Es algo muy intuitivo. Es curioso, cuando hice mi segundo filme, The Krazyhouse, ya era un poco mayor y estaba muy cansada de trabajar por la noche, así que hice el casting de noche y filmé durante el día. Entonces, una noche estaba tan cansada que le pedí a mi asistente que seleccionara a la gente por mí, y realmente no funcionó. Había estado trabajando conmigo por meses y sabía lo que yo buscaba; pero no es una cuestión de gustos, se trata de una especie de sensación. Tiene que haber un clic con alguien, algún tipo de entendimiento.

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      A menudo se dice que tu trabajo se centra en personas que están en momentos de transición. ¿Las transiciones de mayor envergadura, como las políticas, te interesan de igual manera que las personales?
      En primer lugar, soy retratista. Un retrato es un portador de emociones, ideas y circunstancias. Puede tratarse de una joven pareja en el parque, una chica bailando en un club, pero también de una chica bosnia refugiada en un centro de solicitantes de asilo. Quiero captar a estas personas en un estado específico de su ser. Siempre estoy en busca de retratos que muestren una compleja gama de emociones.

      Almerisa, Leidschendam, diciembre 9, 2000

      ¿Estás trabajando en alguna serie nueva?
      Acabo de terminar una serie sobre tres hermanas. Entre cada una hay una diferencia de edad de siete años y yo las seguí y fotografié durante siete años. Cubre las edades de los cuatro a los veintitrés años, por lo que abarca la infancia, la adolescencia y la edad adulta joven. También estoy trabajando en retratos de hermanos y hermanas juntos y cómo se relacionan entre sí, y cómo se relacionan también con su entorno.

      ¿Cuánto quieres saber de tus modelos y cuánto quieres que quede como un misterio incluso para ti?
      Hacer el retrato de alguien es algo íntimo. Puedes acercarte a una persona, puedes ver sus emociones, y sientes que puedes verlo todo. Pero no necesitas saber todo sobre alguien. Con algunos de mis modelos, como Almerisa, la refugiada bosnia que seguí durante veintitrés años, he desarrollado una buena amistad. A veces, los modelos van a mis inauguraciones, y es agradable que estos retratos también signifiquen algo para ellos. Pero la fotografía, la imagen en sí, se convierte en algo por sí misma. Aún es esa persona pero al mismo tiempo es abstracta. Lo que permanece es la imagen, que habla por sí misma. Y si es una foto honesta, te causa curiosidad; quieres creer en ella.

      El Louisiana Museum of Modern Art en Dinamarca también albergará una exposición de la obra de Dijkstra en el otoño.

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      Credits

      Texto Alice Newell-Hanson

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      Temas:fotografía, fotografia, rineke dijkstra, beach portraits, cultura, rusia

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