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      cultura Patrick Thévenin 15 junio 2017

      la escandalosa vida de jacques de bascher, el que fuera novio de karl lagerfeld

      Una nueva biografía arroja luz sobre el hombre que sedujo a Saint Laurent y a Lagerfeld, entre muchos otros sofisticados hombres parisinos.

      Jacques de Bascher posando para su hermano Xavier de Bascher. Foto cortesía de Xavier de Bascher

      Este artículo fue originalmente publicado en i-D France.

      En 2008, con motivo de la publicación del libro Beautiful People de Alicia Drake —una saga formidable que cubre cuatro décadas de moda parisina y realiza una crónica del ascenso a la fama de Karl Lagerfeld e Yves Saint Laurent— un personaje ya olvidado, con cara de ángel, surgió de las cenizas. Su nombre era Jacques de Bascher. Este sublime e irresistible dandy fue pareja de Karl Lagerfeld durante 18 años y su estilo de vida decadente fue su mayor logro en la vida. Era un perverso y oscuro ángel que sedujo a Yves Saint Laurent, desatando la ira de Pierre Bergé, y provocó una rivalidad entre los clanes de Lagerfeld y Saint Laurent. Con él, se enterró la era de excesos impensables que supuso el final de los 70 y el inicio de los 80, una era que ya quedó atrás y que, sin embargo, forma parte de la historia de la moda. Y la sombra de Jacques de Bascher, fabuloso gigoló, planea sobre ella como una mala profecía.

      Este es el personaje sobre el que la periodista Marie Ottavi decidió investigar para su nuevo libro, publicado en Francia. Biopics como la película de Jalil Lespert Yves Saint Laurent o la de Bertrand Bonello, Saint Laurent, pintaban una caricatura de de Bascher, pero Ottavi decidió arrojar una nueva luz sobre él. Entrevistó a quienes le conocieron e interactuaron con él en algún momento de su vida, retirando el velo que cubría el secreto mejor guardado de la moda de París. De ese modo encajó las piezas para crear la biografía de un personaje detestable pero magnético, cuya vida estuvo marcada por el hedonismo y por la falta de ambición. En palabras del propio de Bascher: "La decadencia no es una caída, es un desplome".

      Un fantasma omnipresente
      ¿Qué pasaría si Jacques de Bascher nunca hubiera existido? ¿Qué pasaría si, al final, no hubiera sido sino un héroe de ficción, una mezcla entre un dandy proustiano, un depredador sexual, un socialite del mundo de la moda y un testigo de una época que ha quedado atrás; en resumen, un fantasma? Esa es la teoría que considera la escritora Marie Ottavi: "¿Cómo narrar la historia de alguien que no dejó rastro, que no hizo nada con su vida y que no construyó nada? Era un reto interesante, en primer lugar porque todo el mundo me dijo que nadie me hablaría sobre él por miedo a la reacción de Karl Lagerfeld o Pierre Bergé, y en segundo lugar porque implicaba dotar de sustancia a un personaje del que algunos opinan que no tenía ninguna. Recuerdo que alguien me dijo, '¿Por qué molestarte en escribir un libro que solo leerán [aproximadamente] 200 gays en París?'. Aquel comentario me persiguió durante todo el proceso de escritura. Me dije a mí misma que necesitaba escribir este libro no para vender miles de copias, sino para contar la historia de este hombre. Y para demostrar que su historia suscita más interés del que podría pensarse".

      Jacques de Bascher fotografiado para 'Vogue Magazine' por Alex Chatelain. Foto cortesía de Alex Chatelain

      Un irresistible sex symbol
      "Era el francés con más clase que había conocido jamás", recuerda Karl Lagerfeld en el libro. Por primera vez, Lagerfeld accedió a hablar largo y tendido sobre el hombre que fue su pareja y el único amor de su vida. "Jacques de Bascher, cuando era joven, era un diablo con el rostro de la Garbo [...]. Nadie se vestía igual que él, iba por delante de todos los demás. Me hacía reír más que cualquier otra persona. Era todo lo opuesto a mí. También era una persona imposible y despreciable. Era perfecto. Desataba escenas increíbles de celos". Mucho antes, durante su adolescencia, después de seducir a uno de sus profesores del instituto, de Bascher se dio cuenta de que su irresistible belleza y su porte, que embelesaban a hombres y mujeres por igual, eran un arma de valor incalculable en un mundo que celebra la perfección. Esas cualidades le abrirían todas las puertas que de otro modo habrían permanecido cerradas para él. 'Cuando se dio cuenta que tenía ventaja sobre los demás', explica Ottavi, 'vio una oportunidad y supo que las cosas siempre le irían bien gracias a su personalidad y su belleza'".

      Un depredador universal
      El bello, joven, culto, inteligente, educado y bien vestido de Bascher —que en algún momento cambió su aspecto de niño bien por un guardarropa altamente sofisticado— no tardó en forjarse un nombre entre la frívola, adinerada y vanguardista élite de la época. En la década de 1970, se dejaba ver por el Café de Flore, que era punto de encuentro de la intelectualidad de esos tiempos además de ser un hormiguero de gigolós. Y también por el 7, un club gay situado en la Rue Sainte-Anne que fue abierto por Fabrice Emaer (quien años más tarde se haría famoso por crear el club Palace) y donde se entremezclaban diferentes clases sociales: ricos o pobres, gays o hetero, viejos y ricos o jóvenes y sin blanca. En el 7, de Bascher no tardó en formar parte de la vida nocturna y de la 'jet set' de la moda. Se hizo amigo del séquito de Warhol, que pasaba temporadas en París, y después empezó a acercarse a Karl Lagerfeld y a Yves Saint Laurent y a su comitiva de criaturas: hombres y mujeres impresionantes cuyas vidas consistían en ser bellos, bailar, reír, vestir bien y, por supuesto, drogarse y follar, follar y luego follar un poco más.

      Un dandy proustiano
      "Jacques de Bascher era el arquetipo de dandy, casi rozando la caricatura. Su indiferencia hacia el mundo tenía proporciones espectaculares. Aunque operaba dentro de la sociedad, se aseguraba de no sucumbir a ninguna de sus obligaciones. El dinero, el trabajo y las realidades cotidianas no se encontraban entre sus preocupaciones", escribe Ottavi. El encuentro de de Bascher con Lagerfeld —quien por aquel entonces no era todavía el káiser de la moda en que se convertiría más tarde— selló su destino y se convirtió en un trampolín para su ociosidad y su marcado hedonismo. Con gran rapidez, Lagerfeld se volvió loco por él y le convirtió en su musa. Durante 18 años, de Bascher y Lagerfeld fueron una extraña y ultramoderna pareja, un dúo indestructible que dejó el sexo fuera de la ecuación (Lagerfeld asegura que nunca se acostaron), que no dejaba sitio a los celos o la posesividad y que operaba bajo el lema "el que tiene el dinero es quien paga", para emplear las elegantes palabras del propio Lagerfeld. "¿Quién sigue diciendo cosas así hoy en día?", pregunta Ottavi. "Karl no es socialista y así lo ha dicho innumerables veces, pero conozco a muy pocas personas de izquierdas que muestren tantísima generosidad".

      Jacques de Bascher y Karl Lagerfeld en 1979 en París. Foto cortesía de Guy Marineau

      Un insaciable hombre de placer
      El sexo desempeñó un papel fundamental en la vida de Bascher. Le gustaba follar tanto con hombres como con mujeres y no se frenaba. De todas formas, aquella época giraba en torno a la liberación sexual, con la llegada de la píldora anticonceptiva, el feminismo y la liberación gay. Nunca fue un activista, pero en una época en que muchos se ocultaban tras una barba, él no dejaba lugar a dudas en lo referente a su homosexualidad. Ponía todas las cartas sobre la mesa y se divertía escandalizando a los demás durante las sofisticadas cenas a las que asistía alabando a sus conquistas. "Necesitaba que todos estuvieran atrapados en sus redes", explica. "El policía, el sacerdote sin sotana, el jugador de tenis, el actor con bigote, el propietario del club ecuestre y la estación de bomberos al completo". Flirteaba abiertamente con otros en la calle y organizaba orgías en su casa, donde giraba los retrovisores de su nueva y flamante Harley Davidson hacia arriba de modo que sirvieran como superficie para esnifar coca. A menudo podía vérsele en los cuartos oscuros que surgieron en París durante aquella época. Subió a bordo de un Concorde para ir a follar al Mineshaft de Nueva York, el club gay donde se rodó A la caza y donde conoció a Michel Foucault. Le gustaban los burgueses tanto como los maleantes, era tan probable que fuera a por Tom Selleck, con su espeso bigote, como a por el policía casado que acababa de ponerle una multa.

      Pero, ¿quién puede culpar a de Bascher por abrazar sin pudor la permisividad sexual de la época? Lo que él no sabía, sin embargo, es que aquello le conduciría a su propia muerte en forma de virus del VIH, que empezó a aparecer entre la comunidad gay a principios de los 80. Falleció en 1989, con 48 años de edad. Su nombre se añadió a una cada vez más larga lista de víctimas. Hacia el final, cortó todo lazo con el mundo, incapaz de soportar su declive físico. Pero Lagerfeld jamás se alejó de su lado y en realidad nunca llegó a recuperarse de su desaparición.

      Un pervertido narcisista
      Antes de eso, el sexo no solo se convirtió en una cuestión de placer para de Bascher, sino también en un modo de afianzar el poder que ejercía sobre los demás. Era un juego perverso que adoptó muchas formas, derribando los límites de la provocación. Su noche Black Moratorium es un ejemplo de ello: el 24 de octubre de 1977, 1.500 personas, a cuál más esnob que la anterior, se enfundaron su requerida y "absolutamente obligatoria y trágica ropa negra" para ser testigos del primer fist-fucking sofisticado de la historia. "Era un pervertido", comenta uno de los testigos en el libro. "Y también tenía un físico pervertido que lo decía todo".

      A de Bascher le gustaba la decadencia en todo su esplendor, ya fuera en forma de drogas, de sexo o de alcohol, que consumía inconmensurablemente todos los días. Se sentía fascinado por la escena sadomasoquista gay, por las relaciones de sumisión, por el sexo como herramienta para obtener poder. "Jacques tenía muchos amantes", dice Philippe Heurtault, un fotógrafo muy cercano a de Bascher. "Pero me pregunto si el sexo era más importante que eso. La auténtica finalidad era la conquista. Cuanto más lejos de su alcance estaba algo, más le excitaba". Probablemente fue esta afición a la transgresión la que le llevó a seducir a Yves Saint Laurent y a convertirse en su amante, provocando unos celos entre Bergé y Lagerfeld que llevaban años gestándose, hasta que finalmente salieron a la superficie. 

      El mundo de la moda, que en su día se abrazaba, follaba y bailaba alegremente como si fuera uno, se vio obligado a separarse en dos bandos que ahora se odiaban entre sí. De Bascher puso el broche final, con el dedo corazón en alto, justo cuando esta desinhibida y desvergonzada burbuja estaba a punto de estallar y cuando aquella pasada, que estaba bailando en lo alto de un volcán, se vio obligada a enfrentarse a la erupción del SIDA. En palabras de un testigo: "Nuestro universo se volvió oscuro, negro, negativo. Nuestras vidas quedaron ocultas entre las sombras. Había habido demasiado sexo, demasiada libertad, demasiadas drogas y demasiadas fiestas". Y la fiesta tuvo que llegar a su fin.

      Marie Ottavi, Jacques de Bascher, dandy de l'ombre (Editions Séguier)

      En los Bains Douches en 1978. Foto cortesía de Philippe Morillon

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      Texto Patrick Thévenin
      Traducción Noémie Bonnet

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      Temas:cultura, moda, literatura, jacques de bascher, karl lagerfeld, yves saint laurent

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