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      opinión Popy Blasco 10 abril 2017

      una mirada íntima a 'ghost in the shell' con maría forqué

      Tras el reciente estreno de la última propuesta de Rupert Sanders basada en el emblemático manga de Masamune Shirow, hablamos con la artista española —cuya obra se vincula con el verdadero trasfondo de la historia— y reflexionamos sobre identidad y tecnología.

      una mirada íntima a 'ghost in the shell' con maría forqué una mirada íntima a 'ghost in the shell' con maría forqué una mirada íntima a 'ghost in the shell' con maría forqué

      Pocas compañías más adecuadas para disfrutar de esta película que toda una amazona biónica como María Forqué, la artista que realmente debería haber puesto rostro y cuerpo a este bello cyborg en pleno conflicto existencialista. María está en Nueva York, iniciando proyectos que muy pronto verán la luz y compartiendo piso con el fotógrafo Filip Custic. "Somos el guardaespaldas el uno del otro", asegura. Es como Ghost In The Shell en Manhattan.

      Ghost In The Shell es la esperada adaptación del visionario manga de Masamune Shirow, convertido en anime de culto de los 90 por Mamoru Oshii en el film animado de mismo título, así como en sus dos secuelas posteriores. Una fábula distópica acerca de las consecuencias tecnológicas y la alienación social. Todo un fenómeno fan cuya conversión a imagen real con Scarlett Johansson despertó cierto desasosiego entre los más acérrimos admiradores de la historia; no solo debido a que estos imaginaban una actriz de rostro menos célebre, sino porque el personaje original es oriental. Polémica superada con nota gracias al compromiso y empaque visual ejercido por Rupert Sanders, director de Blancanieves y la leyenda del cazador y realizador curtido en el mundo de la publicidad (suyo es el célebre spot del videojuego Halo 3).

      María sale del cine fascinada. "Es que esta película está hecha para mí, no podía no gustarme. Soy muy fan del anime original y lo cierto es que pensé que iba a ser complicado llevar todo esto a imagen real, pero lo que ha hecho este director es increíble, con tanta atención por el detalle. Cada elemento que se ve en pantalla tiene una historia propia", nos cuenta.

      Hay varios momentos que se ve a la gente por la calle con una burbuja en la cabeza con sus redes sociales y demás cosas; un poco como ocurre ahora.
      Sí, eso me ha encantado y quiero tenerlo. Vivimos cada uno en nuestra burbuja y, a la vez, todos conectados entre sí. Tengo muchas ganas de ver la película en mi ordenador para poder parar la imagen todo el rato. Me ha encantado un momento que aparece una puta con el precio encima de su cabeza escrito en holograma, y hay miles de detalles así.

      Cada secuencia de la película va a por todas. No hay escenas de transición; todo suma. El universo sigue siendo el mismo del original, pero el enfoque cambia ligeramente…
      Esta versión se centra más en el plano emocional de la protagonista, en su conflicto y en su descubrimiento, cuando la original habla más de la conciencia: una conciencia generada de un Dios que se ha creado a sí mismo a través de la tecnología y que conecta a todos los cyborgs. Lo de estar todos conectados nos hace omnipresentes y es como Internet. En todo eso, la original es diferente, pero esta me ha encantado también. Podríamos decir que la primera es más conceptual y esta es más humana.

      Imagen cortesía de María Forqué

      ¿Y Scarlett? Ella es increíble, pero a mi me resultó más creíble en Under The Skin y en Lucy.
      Scarlett —con peinado de skinhead— me encanta. Además, cuando va vestida de calle, la visten de 'skingirl' también, con la bomber. Tiene cuerpo de skineta y todo, que ellas son así, como bajitas y con culo. Scarlett es una 'skineta'.

      Esto es cine social cyberpunk, como si Ken Loach hiciese Matrix.
      Me ha parecido muy interesante ese punto social que le han dado a la película. Es muy política y combativa acerca de lo que la sociedad nos hace creer y de lo que somos en realidad, de buscar nuestro lugar en el mundo, de no permitir que nos engañen.

      El casting tiene un punto muy chocante, con actores muy inesperados y que funcionan increíble.
      Sí. Otro de los puntos fuertes de la película, sin duda, es el reparto que le han buscado. Me encanta que mezclen actores de escuelas tan dispares como a Juliette Binoche, que está maravillosa, y a un actor japonés de películas ultra-violentas como Takeshi Kitano. También me encanta el actor que hace de compañero de la protagonista [Pilou Asbæk] y que no hayan cogido al típico "guapo". Además, es igual al de la versión original.

      Ella no es precisamente una actriz, pero la aparición de la geisha robótica es otro de los 'momentazos' de la peli.
      La geisha robot es inolvidable. Directamente es una pieza de arte dentro de la película. Esa geisha podría estar en un museo de arte contemporáneo, desde luego. Además, tiene todo el sentido que la geisha sea robot porque las geishas son robots. Esta me ha recordado mucho a lo que hacía Chris Cunningham para Björk.

      Todo lo que se ve en la pantalla te deja con ganas de más.
      Ojalá que, después de Ghost In The Shell, hagan muchas más películas provenientes del manga. Que hagan en imagen real Animatrix, Tetsuo… Películas en las que fusionen lo orgánico y lo tecnológico todo el rato.

      ¿Qué te ocurre a ti con lo orgánico y lo tecnológico que tanta fascinación te suscita? Eso es muy Cronenberg, muy Videodrome, muy Existenz
      Yo creo que ese tema de la fusión entre el cuerpo y la máquina me interesa tanto porque evidencia que la tecnología es algo que está ahí para que seamos capaces de alcanzar estados a los que deberíamos ser capaces de llegar por nosotros mismos, con la naturaleza. Sin embargo, nosotros tenemos tan poca capacidad para usar nuestro poder que tenemos que recurrir a la tecnología; tenemos que inventarnos cosas que nos acerquen a esas ideas.

      La tecnología también es un desafío a la naturaleza.
      Y al mismo tiempo no lo es, porque si en nuestra naturaleza está el ser capaces de crear tecnología, quizá es lo que debamos hacer… O no. A mí me interesa mucho todo eso. De hecho, presenté un par de proyectos a Cyborg Futures, que es un certamen en el que participan artistas, científicos y matemáticos. Los artistas diseñan nuevos sentidos y los científicos los desarrollan para hacerlos realidad. Son proyectos artísticos que se implantan. Ahí estuvo Neil Harbisson, que es un chico que tiene una antena. Cuando vino a Madrid, vino a casa y se hizo amigo nuestro. Resulta que no lo sabíamos y es de Mataró, como Daniela Blume. Neil ve en blanco y negro y tiene una antena conectada al cerebro con la puede escuchar los colores. En casa nos hizo un retrato sonoro de nuestra cara.

      Ya no nos basta con la realidad; podemos hacer lo que queramos.

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      Texto Popy Blasco

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      Temas:opinión, cine, cultura, ghost in the shell, maria forque, popy blasco

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